Iri
El estadio estaba repleto. Los gritos y cánticos de los hinchas argentinos retumbaban en las gradas, pero había algo diferente en el aire esa tarde. A pesar de la emoción de estar en una semifinal olímpica, el ambiente se sentía tenso, cargado de rabia y frustración.
Entre el bullicio, los carteles y las pancartas eran claros: "Justicia para Iri", "Dejen jugar a la capitana", y algunos incluso llevaban mensajes más directos como "Fuera Fernanda".
Pablo estaba sentado junto a Fermín, Pau y Lamine, que no paraban de bromear entre ellos, aunque su atención estaba claramente en Iri, quien estaba en el banco, cabizbaja. Su rostro mostraba una mezcla de resignación y tristeza que Pablo podía reconocer desde la distancia. No importaba cuánto intentara ocultarlo; estaba destrozada.
-No entiendo cómo la dejan fuera en un partido tan importante. -dijo Fermín, cruzando los brazos.
-Es obvio que no quieren ganar. -respondió Pau.
Pablo no dijo nada. Estaba concentrado en Iri, que apenas levantaba la mirada. Sabía cuánto significaba este torneo para ella, cuánto había luchado por estar ahí. Y ahora estaba en el banco, viendo cómo su equipo se preparaba para enfrentarse a uno de los rivales más fuertes del torneo.
El silbato sonó, anunciando que los equipos debían entrar a la cancha para calentar. Las chicas argentinas caminaron hacia el centro de la cancha, mientras Fernanda permanecía de pie en el área técnica, ignorando por completo a Iri. La entrenadora no había intercambiado ni una palabra con ella desde la pelea, ni siquiera una mirada. Era como si Iri no existiera.
-Esto es un chiste. -murmuró Lamine, negando con la cabeza.
Mientras las chicas del equipo argentino comenzaban a calentar, los cánticos de los fans se intensificaron.
-Que juegue Iri! Que juegue Iri! -coreaban cientos de voces al unísono.
Pablo no pudo evitar sonreír con orgullo. Era evidente que el público sabía quién era la verdadera estrella del equipo. Pero Fernanda ni siquiera parpadeó. Mantuvo la vista fija en la cancha, como si los gritos de los fans no existieran.
-Qué más tiene que pasar para que esa mujer abra los ojos? -dijo Fermín, indignado.
Pablo no respondió. Su mandíbula estaba apretada y sus manos cerradas en puños. No podía soportar ver a Iri de esa manera, pero sabía que, al menos por ahora, no podía hacer nada.
El partido comenzó, y desde el primer saque quedó claro que algo no estaba bien. El equipo argentino estaba desorganizado, sin confianza, y cometía errores que no solía cometer. Las miradas se cruzaban entre las jugadoras, pero nadie decía nada.
Fernanda gritaba instrucciones desde la línea, pero no era suficiente. El primer set terminó rápidamente con una derrota humillante para las argentinas.
En el banco, Iri observaba en silencio. Sus manos jugaban nerviosamente con la toalla que tenía en las piernas. Sabía que podía cambiar el rumbo del partido si la dejaban entrar, pero Fernanda ni siquiera la miraba.
Los cánticos del público no cesaban. De hecho, se hacían más fuertes con cada minuto que pasaba.
-Que juegue Iri! Que juegue Iri!
Pablo, que hasta ahora había permanecido relativamente tranquilo, se unió al coro, gritando con todas sus fuerzas.
-Vamos, Iri! -gritó, poniéndose de pie junto a sus amigos.
Fernanda lanzó una mirada molesta hacia las gradas, pero no dijo nada. Sin embargo, algo estaba a punto de cambiar.
De repente, el juego se detuvo. Un grupo de organizadores de los Juegos Olímpicos entró al estadio, caminando con rapidez hacia el área técnica del equipo argentino. El público quedó en silencio, y las cámaras apuntaron hacia ellos, transmitiendo en vivo cada segundo.
Fernanda, al verlos acercarse, frunció el ceño.
-Qué pasa acá? -preguntó, visiblemente irritada.
Uno de los organizadores, un hombre alto con un traje impecable y una expresión seria, se detuvo frente a ella.
-Fernanda Quiroga, hemos recibido una denuncia formal en su contra por maltrato físico y psicológico hacia una jugadora de su equipo. -dijo, con voz firme. -Necesitamos que nos acompañe de inmediato.
El estadio quedó en completo silencio. Incluso las jugadoras en la cancha dejaron de moverse, mirando con asombro lo que estaba ocurriendo.
-Qué? De qué están hablando? -Fernanda parecía desconcertada, pero su tono era más defensivo que sorprendido.
-Los incidentes han sido confirmados por varios testigos y están siendo investigados. No puede seguir en este partido ni en su posición como entrenadora hasta que se resuelva esta situación.
Fernanda dio un paso hacia atrás, mirando alrededor como si buscara apoyo, pero no encontró ninguno. Las jugadoras la miraban con expresiones que iban desde la confusión hasta el alivio.
-Es un error... -murmuró, pero no opuso resistencia cuando dos oficiales de seguridad se acercaron para escoltarla fuera del estadio.
El público, que había estado en silencio hasta ese momento, estalló en aplausos y vítores.
-Que juegue Iri! Que juegue Iri!
En el banco, Iri observaba la escena con el corazón acelerado. No podía creer lo que estaba viendo. Fernanda, la mujer que había hecho su vida imposible, finalmente estaba siendo confrontada por sus acciones.
Pablo, desde las gradas, la miraba con orgullo. Sabía que este era solo el comienzo de un nuevo capítulo para ella.
El estadio seguía celebrando mientras Fernanda desaparecía entre los pasillos, y aunque el partido aún no se había reanudado, todos sabían que algo grande estaba a punto de suceder.
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Desde Siempre - Pablo Gavi
FanfictionSlow Burn y algo más... Una voleybolista y un futbolista conocidos en La Masía, mejores amigos desde pequeños, se aman desde siempre pero por miedo a arruinar su amistad trataron de frenar sus sentimientos ¿Tomarán coraje o serán reprimidos por siem...
