Iri
El viento de la tarde se colaba por las rendijas del hotel, anunciando que el día llegaba a su fin. Pero para Iri, el día apenas comenzaba a volverse complicado. Las redes sociales explotaban con el video del beso entre ella y Pablo, grabado por unos fanáticos que no perdían detalle de cada movimiento que hacían los jugadores y las jugadoras. El beso había sido rápido, casi fugaz, pero la imagen se había esparcido como fuego en un campo seco, y la controversia ya estaba en el aire.
"¿Iri y Pablo juntos?", "¡Vuelven las parejas más calientes del deporte!", "¿Lo que empezó con un beso en la mejilla terminó en más?", los titulares no paraban de crecer. Mientras tanto, la entrenadora argentina, Fernanda Quiroga, estaba furiosa. Había convocado a Iri para una charla que la capitana sabía que no sería nada amigable.
El ambiente de tensión era palpable en el entrenamiento de esa tarde. Iri trató de concentrarse en las jugadas, pero sentía que cada pase y cada saque la dejaban más ansiosa. La mirada de la entrenadora seguía penetrando, y Iri sentía que las preguntas eran demasiado obvias, aunque la entrenadora no dijera palabra alguna sobre lo que todos ya sabían.
Al final de la sesión, cuando el equipo se dispersó hacia los vestuarios, la entrenadora la llamó.
—Iri. Un momento. —dijo, con su tono autoritario y grave.
Iri se acercó, sabiendo que iba a ser un momento incómodo. La entrenadora, aunque parecía calmada, tenía un aire de desaprobación que era difícil de ignorar.
—Qué fue todo eso? —preguntó Fernanda, señalando su teléfono. —No me podés hacer esto, Iri. No podés permitirte que tu vida personal se convierta en un espectáculo, sobre todo cuando sos la capitana.
Iri bajó la cabeza, luchando con las palabras. Sabía que lo que había hecho, y lo que estaba pasando, no era lo más apropiado en ese momento, pero al mismo tiempo, sentía que no podía simplemente alejarse de Pablo. Sabía que eso complicaría todo aún más.
—Perdon, Fer. No era mi intención, pero las cosas no siempre son tan simples. —dijo Iri, aunque no sabía si Fernanda entendería lo que realmente quería decir.
—Las cosas no son simples, eh? Y justamente por eso, eres la capitana. —La entrenadora apretó los dientes, claramente frustrada. —Te has expuesto, y eso no es bueno para el equipo. Tenés que ser más madura con lo que haces.
Iri sintió una punzada de culpa en el pecho. Sabía que tenía que ser un ejemplo para las demás, pero lo que sentía por Pablo la hacía querer ignorar todo lo demás.
—Prometo que me voy a concentrar en el equipo. —respondió, intentando ser sincera, aunque su corazón no lo estaba.
—Espero que lo hagas. Este torneo es importante, Iri. Más allá de cualquier cosa personal. —La entrenadora dio por terminada la charla con un suspiro.
Iri salió del vestuario sintiendo la pesadez de la responsabilidad, pero también la sensación de estar atrapada en una telaraña de emociones que no podía evitar. Mientras caminaba hacia el hotel, no podía dejar de pensar en el beso con Pablo. Aunque todo el mundo lo había visto, no podía negar que cada vez que pensaba en él, sentía mariposas en el estómago.
Cuando llegó al hotel, algo dentro de ella le dijo que necesitaba ver a Pablo. Él, siempre tan irreverente y espontáneo, seguramente estaría buscando algún momento para distraerse de toda la tensión que también lo rodeaba. Caminó hasta el jardín cerrado, un pequeño rincón aislado que pocos conocían, y donde podían encontrarse sin ser vistos.
Allí lo encontró, con las manos en los bolsillos de su sudadera, mirando al frente con una expresión pensativa. Parecía que estaba esperando algo, y al verla llegar, no dudó en sonreír.
—Te vi hablar con la entrenadora. —dijo Pablo con una mirada comprensiva. —Te regañó mucho?
Iri soltó una risa nerviosa, acercándose a él. La presión que sentía durante todo el día se desvaneció un poco al verlo.
—Un poquito. —dijo, suspirando. —Está enojada, y tiene razón. No debería haber dejado que todo esto nos afectara.
Pablo dio un paso hacia ella y, con una mano, le levantó la barbilla para que lo mirara a los ojos.
—No te sientas mal. No has hecho nada malo. —dijo, y su voz se suavizó. —Solo querías estar conmigo.
Iri lo miró a los ojos, sin palabras. Sabía que él tenía razón. No podía evitar lo que sentía por él, y la conexión que ambos compartían era más fuerte que cualquier obstáculo o regla.
—Es que… —Iri comenzó, pero sus palabras se desvanecieron cuando Pablo la tomó por la cintura y la atrajo hacia él.
No hubo más palabras. El beso llegó como una avalancha, suave pero profunda, lleno de toda la tensión acumulada en el aire desde su primer encuentro. Iri cerró los ojos, perdiéndose en él, olvidándose de todo lo demás. La situación, los rumores, el equipo, todo lo que se interponía en su camino desapareció por un instante.
—Esto… esto va a ser un problema. —dijo Iri, separándose ligeramente, pero sin dejar de mirarlo.
—Te importa? —preguntó Pablo con una sonrisa traviesa, deslizando sus dedos por su mejilla.
—No. —respondió ella, sin dudarlo, antes de besarlo nuevamente.
En ese momento, el mundo parecía detenerse. No importaba lo que dijeran los demás ni las consecuencias. Lo único que quedaba era lo que ambos sentían. Y por un momento, todo lo que importaba era eso: ellos dos.
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Desde Siempre - Pablo Gavi
Fiksi PenggemarSlow Burn y algo más... Una voleybolista y un futbolista conocidos en La Masía, mejores amigos desde pequeños, se aman desde siempre pero por miedo a arruinar su amistad trataron de frenar sus sentimientos ¿Tomarán coraje o serán reprimidos por siem...
