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Iri

El entrenamiento de esa mañana comenzó con una intensidad que a Iri le costó disimular. Después de todo, no era fácil concentrarse en voley cuando todavía sentía las caricias de Pablo en su piel y podía escuchar su voz grave resonando en su cabeza.

El gimnasio estaba lleno de energía; los golpes de las pelotas, los gritos de las compañeras y las órdenes de la entrenadora marcaban el ritmo de la práctica. Iri llevaba puesta su camiseta ajustada con el número 5 en la espalda y unos shorts cortos que apenas llegaban a la mitad de sus muslos. No era la primera vez que usaba esa ropa, pero hoy, después de todo lo que había pasado, era imposible no sentirse más consciente de la forma en que le quedaba.

Mientras terminaban de hacer ejercicios de calentamiento, el sonido de su celular vibrando en su bolso la distrajo. Aprovechó el momento en el que todas estaban ocupadas para acercarse y revisar. Pablo. La selección española estaba entrenando en la cancha justo afuera, podíamos vernos a la distancia.

 La selección española estaba entrenando en la cancha justo afuera, podíamos vernos a la distancia

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Iri se mordió el labio para evitar reírse en voz alta. El descaro de Pablo era inigualable, y lo peor era que lograba que le temblaran las piernas aunque estuviera a kilómetros de distancia.

Disimuladamente, le respondió mientras las demás terminaban un ejercicio

Iri dejó el móvil en el bolso rápidamente antes de que alguien la viera sonrojada

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Iri dejó el móvil en el bolso rápidamente antes de que alguien la viera sonrojada. Aunque quería mantenerse seria, no podía evitar sonreír como una tonta. Por qué era tan bueno en esto?

—D’Angelo! —La voz de la entrenadora resonó desde el otro lado del gimnasio, sacándola de su pequeño momento privado—. Concéntrate! Quiero ver a la mejor jugadora de este equipo dando todo hoy!

—Sí, entrenadora! —respondió rápidamente, volviendo a la cancha para los ejercicios de ataque.

Sin embargo, las palabras de Pablo seguían rondando en su cabeza. Cada vez que saltaba o corría, podía sentir su mirada recorriéndola.

Al final del entrenamiento, mientras se secaba el sudor de la frente y guardaba sus cosas, su móvil vibró de nuevo. Más mensajes de Pablo.

El corazón de Iri dio un brinco

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El corazón de Iri dio un brinco. Lo odiaba por hacerla sentir así, por ser tan malditamente irresistible. Pero también lo odiaba por hacer que no quisiera que se contuviera en absoluto.

 Pero también lo odiaba por hacer que no quisiera que se contuviera en absoluto

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Iri guardó el móvil y respiró hondo. Estaba jugando con fuego, y ambos lo sabían. Pero, honestamente, no había nada que deseara más que quemarse con él.

Con una sonrisa en los labios, salió del gimnasio, sabiendo que esta historia con Pablo estaba lejos de acabar. Muy lejos.

Desde Siempre - Pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora