Iri
Habían pasado un par de semanas desde que Pablo volvió oficialmente al Barça, y con ello, la dinámica en el departamento había cambiado. Guada, mi fiel compañera y cómplice, decidió mudarse al piso de abajo con la excusa de que “necesitaba su propio espacio”. Yo sabía la verdad: quería que Pablo y yo arregláramos lo que nunca habíamos terminado de romper.
Así que, ahí estábamos, de nuevo compartiendo el departamento que una vez fue nuestro. Ahora con un aire extraño, como si los recuerdos de nuestra relación pasada hubieran cobrado vida y se pasearan libremente por cada rincón.
Esa mañana, el sol se filtraba por las ventanas del salón mientras yo intentaba concentrarme en un libro que llevaba semanas queriendo terminar. Pero el sonido de Pablo revolviendo la cocina me lo impedía.
—Sabias que no necesitas usar todos los utensilios de la cocina para hacer un desayuno, no? —dije sin apartar la vista de la página.
—Es que estoy innovando, D’Angelo. —Su tono tenía ese toque de diversión que siempre lograba desarmarme.
—Innovando o intentando envenenarme?
—Tú sabrás cuando pruebes esto. —Pablo apareció con un plato en la mano y una sonrisa que lo hacía parecer orgulloso de su creación culinaria.
Miré el plato con escepticismo.
—Qué es eso?
—Tortilla.
—Eso no parece una tortilla. —Lo señalé, frunciendo el ceño.
—Porque no es la típica tortilla. Es mi versión especial.
—Tu “versión especial” parece un intento de sabotaje.
—Ya, pruébala. —Dejó el plato frente a mí y se sentó en el sofá, mirándome con esa mirada retadora que nunca podía ignorar.
—Si me muero, que quede claro que Guada tiene la culpa por dejarnos solos.
Le di un bocado y, para mi sorpresa, estaba delicioso.
—Y? —preguntó, inclinándose hacia mí con una sonrisa triunfante.
—No está mal…
—“No está mal” significa “espectacular” en tu idioma, ¿verdad?
—No te emociones.
Pero él ya estaba riéndose, y ese sonido, tan familiar, hizo que algo en mi pecho se sintiera diferente. Más cálido. Más intenso.
Por la tarde, decidí bajar a visitar a Guada. Necesitaba hablar con alguien que no fuera Pablo, alguien que pudiera darme algo de perspectiva. Pero cuando llegué a su departamento, me recibió con una sonrisa demasiado satisfecha.
—Cómo va la convivencia? —preguntó, dejando su taza de café en la mesa.
—No sé, Guada. Es raro. Todo está bien, pero al mismo tiempo… no sé qué estamos haciendo.
—Te has planteado que tal vez no necesiten saberlo todo ahora mismo?
La miré, confundida.
—Que querés decir?
—Que a veces las cosas se dan solas. No necesitas forzarlas ni analizarlas tanto. Tal vez deberías dejarte llevar un poco, Iri.
Su consejo me dejó pensando mientras volvía al departamento. Pero cuando abrí la puerta, me encontré con algo que no esperaba.
Pablo estaba en el salón, hablando por teléfono, y su tono de voz era bajo, casi un susurro. Me quedé en la entrada, sin saber si debía interrumpir, hasta que escuché mi nombre.
—No, es complicado, tío. No quiero presionar a Iri… pero estar aquí con ella, en este departamento, es como volver a sentir todo otra vez.
Mi corazón se detuvo por un segundo.
—Sí, claro que la quiero, pero… —Pablo se giró y me vio. Su expresión cambió de inmediato, y colgó el teléfono apresuradamente.
—Todo bien? —pregunté, intentando sonar casual.
—Sí, solo hablaba con Fermín.
—Sobre mí? —No pude evitar preguntar, cruzándome de brazos.
Él sonrió, pero no respondió directamente.
—Estás muy curiosa últimamente, D’Angelo.
—Y vos muy esquivo, Gavira.
Nos quedamos mirándonos, y el aire entre nosotros se cargó de una forma que ya no me sorprendía, pero que seguía siendo difícil de manejar. Pablo dio un paso hacia mí, y por un momento pensé que iba a decir algo importante. Pero en lugar de eso, sonrió y pasó de largo.
—Vamos a entrenar un poco. Necesitas despejar esa mente hiperactiva.
—Entrenar? Qué entrenamiento?
—Uno especial, hecho por el gran Gavi.
No pude evitar reír mientras lo seguía. Pablo siempre sabía cómo aligerar las cosas, incluso cuando la tensión entre nosotros era más densa que el aire mismo. Y aunque intentábamos actuar como si nada hubiera cambiado, ambos sabíamos que estábamos jugando un juego peligroso. Porque en el fondo, las líneas entre la amistad y lo que una vez tuvimos eran cada vez más borrosas.
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Desde Siempre - Pablo Gavi
FanfictionSlow Burn y algo más... Una voleybolista y un futbolista conocidos en La Masía, mejores amigos desde pequeños, se aman desde siempre pero por miedo a arruinar su amistad trataron de frenar sus sentimientos ¿Tomarán coraje o serán reprimidos por siem...
