Iri
Los Juegos Olímpicos ya estaban en su punto más emocionante, con las competencias acercándose a las etapas finales. Iri había liderado a su equipo de vóley hasta las fechas decisivas con su acostumbrada pasión y entrega. Sin embargo, ese día, algo cambió. La tensión que llevaba semanas creciendo entre Iri y su entrenadora, Fernanda Quiroga, finalmente estalló de la manera más injusta.
Cuando el equipo argentino salió a la cancha, los murmullos comenzaron. Todos esperaban ver a Iri al frente, con el brazalete de capitana y su camiseta número 5 lista para brillar. Pero no fue así. En lugar de ella, otra compañera llevaba el brazalete, e Iri estaba sentada en el banco, luciendo visiblemente tensa.
Pablo estaba en las gradas junto a Fermín, Lamine y Pau, quienes habían venido para apoyar a Iri. Todos notaron al instante que algo no estaba bien.
—Por qué no está jugando? —preguntó Fermín, confundido, mientras miraba a Pablo.
—Fernanda. —respondió Pablo, con la mandíbula apretada mientras observaba cómo el equipo argentino tomaba posiciones sin su capitana.
El partido comenzó, pero el equipo argentino parecía desorganizado. Sin Iri en la cancha, faltaba esa chispa, esa energía que ella siempre aportaba. Los errores se acumulaban, los pases eran imprecisos y los remates no lograban romper la defensa rival. La entrenadora Fernanda gritaba desde la línea, pero en lugar de corregir, parecía empeorar la situación con su actitud autoritaria.
Iri, sentada en el banco, miraba todo con los ojos llenos de frustración. Sus manos apretaban las rodillas, y cada vez que el equipo fallaba, su corazón se hundía un poco más.
—Esto es ridículo. —murmuró Pau desde las gradas. —Por qué no la mete? Es obvio que la necesitan.
—Porque es una idiota. —respondió Lamine, cruzado de brazos. —Mira la cara de Iri. Está destrozada.
Pablo no dijo nada. Sus ojos estaban fijos en ella, viendo cómo su chica luchaba por contener las lágrimas mientras su equipo se hundía. Al final del segundo set, Argentina ya había perdido por un margen vergonzoso, y el público comenzaba a murmurar con descontento.
La derrota final llegó rápido, y fue una de las peores en la historia del equipo argentino en unos Juegos Olímpicos. Cuando el silbato sonó, confirmando la victoria del equipo contrario, Iri se levantó del banco con una mezcla de rabia y tristeza en el rostro. No había jugado ni un solo minuto, y el equipo lo había pagado caro.
Pablo bajó de las gradas tan rápido como pudo, dejando a sus amigos atrás. La encontró en uno de los pasillos del estadio, con los ojos rojos y las manos temblando. Iri estaba llorando en silencio, apoyada contra la pared.
—Amor… —dijo él suavemente, acercándose.
Ella levantó la mirada, y al verlo, las lágrimas comenzaron a caer con más fuerza. Sin decir una palabra, Pablo la envolvió en un abrazo, sosteniéndola con firmeza mientras ella escondía el rostro en su pecho.
—No puedo más con esto. —susurró Iri entre sollozos. —Me quitó todo. La capitanía, la titularidad… Ni siquiera me dejó entrar al partido!
—Lo sé, lo sé… —respondió él, acariciando su cabello. —Es una injusticia, Iri. Todos lo vimos. Pero esto no es culpa tuya, me oyes? Es ella. Está actuando por pura bronca.
—Y qué hago ahora? —preguntó ella, levantando la mirada hacia él. —El equipo está destruido, y yo… me siento inútil.
—No eres inútil. Eres la mejor jugadora de ese equipo, y todos lo saben. —Pablo tomó su rostro entre sus manos, mirándola con seriedad. —No dejes que una persona amargada te haga dudar de quién eres, entendido?
Iri asintió lentamente, aunque las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas. Pablo la besó en la frente, sosteniéndola como si el mundo entero dependiera de ello.
—Vamos. Te llevo de vuelta al hotel. —dijo él, rodeándola con un brazo mientras comenzaban a caminar. —Y si hace falta, me quedaré todo el día contigo para recordarte lo increíble que eres.
Mientras tanto, las redes sociales estallaban con críticas hacia la entrenadora Fernanda Quiroga. Los fanáticos, tanto de Iri como del vóley en general, no tardaron en señalar que la decisión de dejarla en el banco había sido un grave error. Las imágenes de Iri sentada, visiblemente afectada, se hicieron virales, y los comentarios no se hicieron esperar.
Pero Iri no estaba pensando en eso. En la tranquilidad de la habitación de Pablo, lejos de las luces y las cámaras, encontró un poco de consuelo en sus brazos.
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Desde Siempre - Pablo Gavi
Fiksi PenggemarSlow Burn y algo más... Una voleybolista y un futbolista conocidos en La Masía, mejores amigos desde pequeños, se aman desde siempre pero por miedo a arruinar su amistad trataron de frenar sus sentimientos ¿Tomarán coraje o serán reprimidos por siem...
