63

251 15 0
                                        

Iri

La cena fue tan formal como cualquiera de esas reuniones donde todos intentan parecer serios y maduros, aunque en realidad todos sabemos que estamos esperando el momento en que podamos irnos a dormir y olvidarnos de las presiones del día. Cada uno estaba con su respectiva selección, separados como si fuera una cuestión de vida o muerte, pero en realidad, todos estábamos esperando ese pequeño descanso en medio de la locura de los Juegos Olímpicos.

Me levanté de la mesa con la excusa de ir a revisar algo en mi habitación, pero en realidad tenía la mente puesta en una cosa: las maletas. No podía creer que por pura casualidad, o tal vez por destino (o tal vez solo por mi absoluta estupidez), había terminado con la maleta equivocada. Así que después de la cena, decidí que lo mejor era ir a la habitación de Pablo, intercambiar las maletas y volver a mi cama. Fácil, verdad? Pues claro, como si las cosas fueran tan simples.

Subí a la habitación de Pablo con la esperanza de que las maletas estuvieran en su lugar y el caos no fuera mucho más grande de lo que ya estaba. Llamé a la puerta, sin pensar que podría ser una mala idea ir a su habitación por la noche. Pero qué otra opción tenía?

Pablo abrió la puerta, algo sorprendido, y enseguida me miró de arriba a abajo, como si estuviera evaluando si era una buena idea dejarme pasar.

—Iri, qué haces aquí? —preguntó, su tono de sorpresa mezclado con una pequeña sonrisa.

—Necesito mi maleta —respondí, casi sin pensarlo. Estaba tan concentrada en el tema de las maletas que ni siquiera me di cuenta de lo raro que sonaba todo esto.

Pablo me dejó pasar y cerró la puerta detrás de mí. Cuando me giré para enfrentarme a él, sentí que algo estaba cambiando, algo palpable en el aire entre nosotros. Algo que no había estado ahí antes. O tal vez sí, pero lo habíamos estado ignorando. El espacio entre nosotros se redujo rápidamente, y antes de que pudiera darme cuenta, nos encontramos demasiado cerca.

Nos miramos en silencio durante un par de segundos que parecieron una eternidad. La tensión era tan fuerte que ni siquiera podía pensar con claridad. Mis manos se movieron nerviosamente hacia las maletas, mientras él se mantenía parado allí, observándome con una mezcla de curiosidad y algo más.

De alguna forma, lo que sucedió a continuación fue un accidente, pero a la vez no lo fue. Sin decir una palabra más, Pablo acercó su rostro al mío, y en un parpadeo, todo se descontroló.

Su beso fue suave al principio, casi como si estuviéramos probando si las palabras que no habíamos dicho se encontraban en ese gesto. Pero luego, como si se nos hubiera roto algo dentro, el beso se intensificó. Fue como si todo el tiempo que habíamos pasado distantes, jugando a ser amigos después de lo que habíamos sido, explotara en ese instante.

Mi cuerpo reaccionó sin pensar, mis manos se levantaron para tocar su rostro, para sentirlo más cerca. Sus dedos recorrieron mi espalda, acercándome aún más. Sentí cómo se disparaban todas mis emociones, como si estuviera cayendo en un remolino que no sabía cómo controlar.

En ese momento, el mundo exterior ya no existía. No había más selecciones, no había más Juegos Olímpicos, no había más reglas. Solo estábamos él y yo, en una habitación que ya no parecía tan grande, una habitación donde todo lo que habíamos guardado se desbordaba.

No sé cuánto tiempo pasamos allí, atrapados en esa burbuja que habíamos creado, pero cuando finalmente nos separaron, ambos estábamos respirando con dificultad. Ninguno de los dos dijo nada al principio. Nadie tenía palabras. Porque las palabras parecían insuficientes.

Y entonces, como si de repente todo el mundo volviera a tomar forma, todo empezó a desmoronarse a su alrededor. Ninguno de los dos sabía cómo manejar la situación, pero en ese momento, no nos importaba. No pensábamos en el futuro, no pensábamos en las consecuencias. Solo estábamos ahí, juntos, como si nunca hubiéramos dejado de serlo.

Pasamos el resto de la noche hablando en susurros, entre risas silenciosas y besos intensos, como si intentáramos recomponer las piezas de un rompecabezas roto. Las maletas quedaron olvidadas en un rincón, y yo supe que a partir de ese momento, nada iba a ser igual. La magia que habíamos dejado escapar estaba de vuelta, y esta vez, era más fuerte que nunca.

----------
Dónde están mis hermanas que me comentaban todos los capítulos? las extraño.

by: vene💋

Desde Siempre - Pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora