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Iri

El desfile había terminado, pero la energía de la inauguración seguía vibrando en el aire. Iri caminaba junto a su equipo, con una bandera Argentina colgando del cuello, tratando de concentrarse en las conversaciones de sus compañeras, pero su mente seguía volviendo a Pablo. Había algo en la forma en que la miraba esa noche, algo que la hacía sentir como si nada más importara.

De regreso en el hotel, cada delegación fue dirigida a sus respectivos pisos. Iri entró en su habitación, se quitó las zapatillas y se dejó caer en la cama, mirando el techo mientras su corazón aún latía rápido. Había algo inquietante en cómo cada encuentro con Pablo la dejaba con una sensación de vértigo.

Un mensaje de texto rompió el silencio:

Iri no pudo evitar sonreír, aunque intentaba mantenerse seria

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Iri no pudo evitar sonreír, aunque intentaba mantenerse seria.

Suspiró, dejando el celular a un lado, pero no pasaron ni dos minutos antes de que alguien llamara a su puerta

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Suspiró, dejando el celular a un lado, pero no pasaron ni dos minutos antes de que alguien llamara a su puerta.

Con el corazón acelerado, se levantó y abrió solo una rendija. Allí estaba él, con una sonrisa traviesa y todavía en el uniforme de la selección española.

—Qué haces acá? —susurró, abriendo la puerta un poco más para mirarlo con incredulidad.

—Vine a desearte buenas noches en persona —respondió con esa confianza característica.

—Pablo, si alguien te llega a ver acá… —empezó, pero él ya había entrado en la habitación, cerrando la puerta detrás de él.

—Nadie me vio. Relájate.

Se apoyó en el borde de la cama, cruzándose de brazos mientras la miraba con esa intensidad que siempre la desarmaba. Iri no podía decidir si quería abrazarlo o empujarlo fuera de su habitación.

—Y ahora qué? —preguntó, alzando una ceja.

—Ahora hablamos, como hacíamos antes. Extraño eso. —Pablo se dejó caer en la cama, apoyándose en los codos mientras la observaba.

—Hablar? —repitió ella, incrédula.

—Bueno, también puedo quedarme en silencio si prefieres admirar mi uniforme.

—Sos insoportable.

Iri intentó mantener su distancia, pero él le hizo un gesto para que se sentara a su lado. Dudó por un momento antes de ceder, acariciando la nuca de él.

—Qué querés, Pablo? —preguntó, girándose para mirarlo directamente.

—Nada, solo estar contigo. Como antes, recuerdas? Antes de que todo se complicara.

Su tono fue más suave esta vez, y algo en su mirada la hizo querer olvidar todo lo que había pasado entre ellos. Pero no podía ignorarlo.

—Eso es difícil ahora. Ya no somos los mismos.

—No, no lo somos. Pero eso no significa que no podamos intentarlo. —Pablo la miró con una seriedad que rara vez mostraba.

Iri sintió un nudo en la garganta. No sabía si era el cansancio de la noche, la intensidad de las emociones, o simplemente él, pero algo dentro de ella quería ceder.

—Pablo, esto es complicado — dijo ella mientras movía sus manos a su mandíbula.

—La vida siempre es complicada, D'Angelo. Pero yo estoy aquí. Siempre lo estaré.

Antes de que pudiera responder, alguien llamó a la puerta. Ambos se congelaron, intercambiando miradas de pánico.

—Iri, estás bien? —se escuchó la voz de Guada del otro lado.

Iri se levantó rápidamente, hizo una señal a Pablo para que se escondiera en el baño. Con el corazón a mil por hora, fue a abrir la puerta, solo para encontrar a Guada con una sonrisa pícaramente cómplice.

—Guada, qué haces acá? —dijo Iri, forzando una sonrisa.

Guada la miró con una ceja levantada, y antes de que Iri pudiera reaccionar, entró sin preguntar.

—Tan tarde y vos sola en tu habitación? Estás actuando rara, D'Angelo. Te perdiste de algo divertido esta noche? —dijo, mirando alrededor con una sonrisa maliciosa.

Iri no sabía cómo esconderse más, pero Guada se acercó rápidamente, haciendo una pausa para mirar el cabello desordenado de Iri y luego la ropa de cama desordenada.

—Aaah bueno... no te has estado perdiendo de nada, eh? —Guada sonrió con picardía.

Iri se sintió atrapada. No era como si fuera a ocultarlo más tiempo, pero de todas maneras...

—Qué pasa? Acaso no podemos tener un poco de diversión? —dijo Guada, dejando escapar una risa nerviosa.

Justo en ese momento, Pablo salió del baño, evidentemente apurado por la situación. Guada levantó una ceja al verlo.

—No me digas que… —empezó, pero se detuvo al ver la expresión entre Iri y Pablo. Ambos, a pesar de lo evidente, intentaban mantenerse serios.

—No hagas preguntas, Guada —dijo Iri, dándose la vuelta para no mirar a Pablo.

Guada soltó una risa y se sentó en el borde de la cama.

—Lo bueno es que no hace falta que se escondan. Yo lo sabía todo desde que llegué, no soy boluda —dijo Guada mientras sonreía y le tiraba una mirada a Iri que estaba claramente avergonzada.

Pablo, incómodo pero relajado, finalmente se acercó a la puerta.

—Voy a dejar que pasen sus “momentos” —dijo, con una sonrisa juguetona.

Guada se rió y miró a Iri.

—Querés compartir la cama con él o qué? —bromeó Guada, mientras Iri intentaba ignorarla.

—Vos y tus chistes de mierda... —respondió Iri, rogando porque la situación se calmara.

Pablo, sin poder contener una sonrisa, le lanzó un guiño a Iri.

—Mejor me voy, antes de que Guada decida hacer un show completo. —Se acercó a Iri y le dio un beso corto en los labios. —Nos vemos luego, D'Angelo.

Antes de que Iri pudiera responder, Pablo ya había salido de la habitación, dejando a Guada observando.

—Si necesitas algo, decime, pero ya veo que no hace falta... —dijo Guada, riendo mientras se recostaba en la cama.

Iri se dejó caer a su lado, suspirando.

—No puedo con vos, Guada.

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Buen díaaaa❤️

by: vene💋

Desde Siempre - Pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora