Iri
La mañana era fresca, pero con un sol que prometía calentar el día. Iri se despertó sabiendo que tenía la mañana libre, algo raro considerando el intenso itinerario de los Juegos Olímpicos. Estaba de buen humor, algo que incluso Guada notó mientras ambas bajaban al desayuno.
—Qué es esa sonrisa? —le preguntó Guada, arqueando una ceja mientras servía café.
—Qué sonrisa? —Iri fingió inocencia, mirando su teléfono.
—La de "tengo un secreto que no voy a contarte, pero claramente tiene que ver con un tal Gavi". —Guada rió, dándole un codazo.
Iri rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír más ampliamente.
—Bueno, venís o no? —preguntó de repente, cambiando el tema.
—A dónde?
—A ver el entrenamiento de los chicos. —Iri se levantó, dejando su taza vacía y agarrando su campera de la selección argentina, esa que tenía un corte ajustado que resaltaba su figura. Combinaba con los shorts de voley cortitos que apenas cubrían la parte superior de sus muslos.
Guada suspiró teatralmente. —Claro, porque no hay mejor plan que ver a once hombres sudados corriendo detrás de una pelota.
—Exacto. —Iri le guiñó un ojo.
Cuando salieron del hotel, Iri sintió una mirada que la seguía. No necesitaba voltear para saber que era su entrenadora, quien no dejaba de tenerla en la mira desde que habían llegado a Francia.
—Sentis esa presión, verdad? —murmuró Guada mientras caminaban hacia el campo de entrenamiento español.
—Como si estuviera cargando ladrillos en la espalda.
Guada soltó una risa baja, pero no dijo más.
Llegaron al campo de entrenamiento justo cuando los chicos estaban calentando. Iri se acomodó en una de las gradas al borde del campo, observando cómo Pablo lideraba el grupo en los ejercicios. Se notaba que estaba en su elemento: movimientos precisos, rápidos, con esa intensidad que siempre había admirado.
Pablo, por su parte, tardó exactamente diez segundos en darse cuenta de que Iri estaba allí. Sus ojos se encontraron, y aunque él intentó mantener la compostura, su sonrisa lo delató.
—Gavi! Concéntrate! —gritó uno de sus compañeros, riendo mientras le lanzaba un balón.
—Ya va, hombre. —Pablo respondió, pero su mirada seguía desviándose hacia Iri.
—Esto va a ser divertido. —Guada se acomodó junto a Iri, cruzando los brazos.
—Por qué lo decís?
—Porque ese chico está un paso de olvidarse de que está en un entrenamiento olímpico.
Iri negó con la cabeza, aunque no pudo evitar reír.
El entrenamiento continuó, pero cada vez que Pablo se acercaba al borde del campo, encontraba una excusa para mirar a Iri. Finalmente, durante un breve descanso, se acercó a las gradas con una botella de agua en mano.
—Qué haces aquí tan temprano? —preguntó, apoyándose en la baranda frente a ella.
—Tenía la mañana libre, y pensé que sería entretenido ver cómo corrés atrás de una pelota. —Iri lo miró con una sonrisa sarcástica.
—Entretenido o excitante? —Pablo arqueó una ceja, inclinándose un poco más cerca.
—Entretenido. —Ella sostuvo su mirada, aunque su tono burlón no pasó desapercibido.
—Ya veo. —Pablo se tomó un segundo para mirarla de pies a cabeza, deteniéndose un momento en sus piernas antes de añadir—: Por cierto, esos shorts… no están ayudando a que me concentre.
—Eso suena como un problema tuyo, Gavira. —respondió, cruzando una pierna sobre la otra.
Guada, que había estado disfrutando silenciosamente del espectáculo, decidió intervenir.
—Si necesitan un árbitro para esta pelea, avísenme. —dijo, haciéndolos reír a ambos.
Pablo suspiró, pero se apartó con una sonrisa.
—Tengo que volver antes de que me echen del equipo por tu culpa. —Le guiñó un ojo antes de regresar al campo.
El entrenamiento terminó una hora después, y cuando los jugadores comenzaron a dispersarse, varios de ellos notaron a Iri. Algunos se acercaron a saludar, otros simplemente intercambiaron miradas y sonrisas con Pablo, claramente conscientes de lo que estaba pasando.
—Tenes fans en todos lados, eh? —comentó Guada mientras volvían al hotel.
—No son fans, son... conocidos. —Iri respondió, aunque sabía que los rumores no harían más que crecer después de esa visita.
Al entrar al hotel, no pudo evitar notar a su entrenadora en el vestíbulo, lanzándole una mirada que hablaba más que mil palabras. Iri decidió ignorarla, pero sabía que esa conversación pendiente no tardaría en llegar.
—Esto va a ser interesante. —murmuró para sí misma, sabiendo que entre los rumores, las miradas y el constante tira y afloja con Pablo, las Olimpiadas apenas estaban comenzando.
ESTÁS LEYENDO
Desde Siempre - Pablo Gavi
Fiksi PenggemarSlow Burn y algo más... Una voleybolista y un futbolista conocidos en La Masía, mejores amigos desde pequeños, se aman desde siempre pero por miedo a arruinar su amistad trataron de frenar sus sentimientos ¿Tomarán coraje o serán reprimidos por siem...
