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Iri

Al día siguiente me encontraba fuera del departamento, finalmente respirando el aire fresco de las calles cercanas al Camp Nou. Pablo insistió en acompañarme, a pesar de que yo argumenté que no era necesario. Aparentemente, en su mente, ahora era mi sombra, y aunque parte de mí encontraba molesto ese nivel de sobreprotección, otra parte, la más traicionera, disfrutaba su compañía más de lo que debería.

Caminábamos juntos hacia una cafetería cercana que solíamos frecuentar cuando Pablo vivía aquí. Él llevaba las manos en los bolsillos, pero su mirada escaneaba constantemente el entorno, como si esperara que algo saltara desde las sombras. Yo intentaba mantener una conversación casual, pero podía sentir la tensión en sus hombros, la misma que había sentido desde que apareció en mi puerta.

 Yo intentaba mantener una conversación casual, pero podía sentir la tensión en sus hombros, la misma que había sentido desde que apareció en mi puerta

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—Extrañaba estos paseos —dije, intentando aliviar un poco el ambiente—. Bueno, no exactamente como este, con un guardaespaldas autoproclamado a mi lado, pero entendés a qué me refiero.

Pablo dejó escapar una risa seca, pero su mirada permaneció fija al frente.

—Lo siento si soy un poco intenso —dijo después de un momento—. Solo quiero asegurarme de que estés bien, Iri.

—Ya sé —respondí, suavizando mi tono. Sus intenciones siempre habían sido buenas, incluso cuando su sobreprotección me sacaba de quicio.

Entramos a la cafetería, y el aroma del café recién hecho llenó el aire, trayendo consigo una oleada de nostalgia. Era como si el tiempo no hubiera pasado desde la última vez que estuvimos aquí juntos, riéndonos y burlándonos de los malos cafés que intentábamos preparar en La Masía.

 Era como si el tiempo no hubiera pasado desde la última vez que estuvimos aquí juntos, riéndonos y burlándonos de los malos cafés que intentábamos preparar en La Masía

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Nos sentamos en una mesa cerca de la ventana, y por un rato, las cosas se sintieron casi normales. Hablamos de su vida en Inglaterra, de mis entrenamientos, de cosas triviales que no tenían peso real, pero que servían para llenar el espacio entre nosotros.

Entonces, mientras tomaba un sorbo de mi café, mi teléfono vibró sobre la mesa. Al principio pensé que sería Guada o Fermín, pero cuando vi el nombre en la pantalla, el mundo pareció detenerse.

Marcos.

El aire se volvió más denso, como si de repente me faltara oxígeno. Pablo notó mi reacción de inmediato, inclinándose hacia adelante para mirar la pantalla antes de que pudiera bloquearla.

—Es él? —preguntó, su tono cargado de una furia contenida.

Asentí lentamente, sintiendo que mis manos temblaban mientras tomaba el teléfono. La notificación era un mensaje.

“Te vi salir del departamento. Espero que hayas disfrutado tu café. Nos vemos pronto.”

El contenido del mensaje hizo que un escalofrío recorriera mi espalda. Pablo, que había leído el mensaje cuando le pase mi celular, maldijo en voz baja y se levantó de golpe, su silla raspando contra el suelo.

—Qué mierda significa esto? Te está siguiendo? —exigió saber, su voz lo suficientemente alta como para atraer algunas miradas curiosas.

—No sé —susurré, todavía procesando lo que acababa de leer.

Pablo pasó una mano por su cabello, claramente intentando calmarse, pero sus ojos estaban llenos de rabia.

—Vamos. Nos vamos ahora mismo —dijo, tomando su abrigo y esperando a que hiciera lo mismo.

—Pablo, no podemos simplemente huir cada vez que…

—No es huir, Iri. Es ser inteligentes. Si él está por aquí, no voy a arriesgarme a que algo pase.

Aunque quería discutir, sabía que tenía razón. El mensaje de Marcos era demasiado inquietante como para ignorarlo. Así que salimos de la cafetería, con Pablo manteniéndose cerca de mí, su cuerpo prácticamente bloqueándome de cualquier cosa que pudiera acercarse.

No había caminado mucho cuando sentí que alguien nos seguía. Era una sensación inquietante, como si tuviera ojos clavados en la nuca. Intenté no entrar en pánico, pero Pablo lo notó de inmediato.

—Qué pasa? —preguntó en voz baja, su mirada moviéndose rápidamente entre las personas que pasaban.

—Creo que alguien nos persigue… —murmuré, apurando el paso.

Pablo se detuvo de repente, agarrándome del brazo para obligarme a hacer lo mismo.

—Quédate aquí —ordenó, su tono dejando claro que no iba a aceptar objeciones.

Antes de que pudiera detenerlo, se giró y comenzó a caminar en dirección contraria, sus ojos buscando al posible perseguidor. Lo vi moverse con una determinación que me hizo sentir un nudo en el estómago. Este no era el Pablo que solía bromear conmigo en los pasillos de La Masía; este era alguien completamente diferente, alguien dispuesto a todo por protegerme.

Unos segundos después, volvió, su mandíbula apretada y su mirada aún alerta.

—No vi a nadie, pero eso no significa que no esté ahí. Vamos a tu departamento. Ahora.

El camino de vuelta estuvo lleno de tensión, y aunque no vi a nadie, no podía sacudirme la sensación de que Marcos estaba cerca, observándonos. Cuando finalmente llegamos al edificio, Pablo insistió en revisar cada rincón antes de dejarme entrar al departamento.

—Esto no puede seguir así, Iri. Tenemos que hacer algo —dijo mientras cerraba la puerta con llave detrás de nosotros.

—Y qué querés que haga? Ir a la policía? Ya lo intenté, Pablo. No tienen pruebas suficientes para hacer algo.

Él se quedó en silencio por un momento, su expresión llena de frustración. Finalmente, se acercó a mí, colocando sus manos en mis hombros.

—Entonces yo me encargaré. No voy a dejar que te siga aterrorizando.

—Pablo…

—No estoy preguntando, Iri. No voy a quedarme de brazos cruzados mientras él intenta arruinarte la vida.

Su tono, su postura, todo en él me decía que estaba completamente decidido. Y aunque una parte de mí quería decirle que no era su responsabilidad, no podía ignorar lo mucho que significaba para mí tenerlo aquí, a mi lado, dispuesto a todo por protegerme.

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by: vene💋

Desde Siempre - Pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora