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Iri

La habitación estaba en silencio, pero mi cabeza era un lío. Pablo estaba aquí, parado frente a mí, y aunque eso debería tranquilizarme, lo único que sentía era un quilombo de emociones que no podía descifrar.

Él hablaba con Fermín y Guada, viendo que hacer pero yo no podía concentrarme en lo que decían. Mis ojos se quedaban clavados en él: en la manera en que su ceño estaba fruncido, en cómo su mandíbula estaba apretada, en ese brillo en sus ojos.

Había pasado un tiempo desde que estuvo aquí. Este departamento era su hogar tanto como el mío, y verlo de nuevo en estas paredes me llenaba de una nostalgia que no sabía cómo manejar. Todo parecía como antes, pero también completamente diferente.

—Riri? —La voz de Pablo rompió mis pensamientos, y me di cuenta de que me estaba mirando, sus ojos llenos de preocupación—

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Riri? —La voz de Pablo rompió mis pensamientos, y me di cuenta de que me estaba mirando, sus ojos llenos de preocupación—. Estás bien?

Asentí rápidamente, tratando de no parecer demasiado afectada.

—Sí, solo… estoy procesando todo esto.

Pablo dejó escapar un suspiro y se acercó, su presencia llenando el pequeño espacio de la habitación. Se inclinó un poco, sus ojos clavados en los míos.

—Escucha, no voy a dejar que te pase nada. Entendido?

La intensidad en su voz me hizo sentir un nudo en la garganta. Todo lo que quería era tirarme a sus brazos y dejar que esa seguridad que irradiaba me envolviera, pero me quedé quieta, como si estuviera congelada.

Fermín, quien parecía entender perfectamente lo que estaba pasando, carraspeó desde su lugar junto a la ventana.

—Creo que debería ir a hablar con los de seguridad ahora que Pablo está aquí. No tiene sentido que todos estemos encerrados en esta habitación. Guada, ¿vienes conmigo?

Guada levantó una ceja, claramente divertida por la súbita urgencia de Fermín por salir.

—Sí, obvio —dijo, agarrando su campera—. Tómate tu tiempo, Gavito.

Le tiró una mirada burlona antes de salir, cerrando la puerta detrás de ellos.

El silencio que dejaron era casi ensordecedor. Pablo seguía ahí, demasiado cerca, demasiado Pablo.

—Te extrañé —dije antes de poder frenarme.

Él parpadeó, sorprendido por mi sinceridad, pero luego una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Yo también te extrañé, Iri. Mucho.

Sentí que algo dentro de mí se rompía un poco. Había pasado tanto tiempo reprimiendo todo lo que sentía por él, tratando de convencerme de que podía seguir adelante, pero ahora que estaba aquí, parecía imposible ignorarlo.

—No tenés que hacer esto, sabías? —dije en voz baja—. Volver de Inglaterra, enfrentarte a Marcos… No quiero que sientas que tenés que protegerme.

Pablo negó con la cabeza, acercándose aún más.

—No lo hago porque tenga que hacerlo, Iri. Lo hago porque quiero. Porque no soporto la idea de que alguien te haga daño.

Sus palabras fueron como un golpe directo al corazón. Lo miré, y por un momento, todo lo que sentí fue un torrente de emociones que no podía controlar: miedo, nostalgia, pero sobre todo, amor.

—Pablo… —comencé, pero me interrumpió.

—No tienes que decir nada —dijo suavemente, pero su voz aún tenía ese tono protector que me hacía sentir que todo estaría bien—. Solo prométeme que no te vas a culpar por nada de esto. No es tu culpa, vale?

Asentí, aunque no estaba segura de poder cumplir esa promesa.

—Deberías descansar un poco —dijo después de un momento, su tono más suave ahora—. Yo me quedaré aquí. No voy a dejar que pase nada.

—Te vas a quedar toda la noche? —pregunté en un susurro.

—Claro que sí. —Se sentó en la silla junto a mi cama, como si fuera lo más natural del mundo—. Ahora duerme.

Intenté hacerle caso, pero fue imposible. Me giré en la cama, observándolo desde mi almohada. Su postura era relajada, pero su mirada estaba fija en la puerta, atento a cualquier ruido. Su presencia llenaba la habitación de una manera que no podía ignorar.

—Te acordás cuando vivíamos en La Masía? —pregunté en voz baja.

Pablo giró la cabeza para mirarme, una pequeña sonrisa nostálgica en sus labios.

—Claro que me acuerdo. Eras insoportable —bromeó—. Siempre entrabas a mi habitación y robabas mis auriculares.

—Porque tenías unos mejores que los míos. —Sonreí levemente, recordando aquellos tiempos.

—Y siempre insistías en poner música a todo volumen en el pasillo, aunque sabías que la vici nos regañaría.

—Era divertido —admití, mi sonrisa creciendo un poco más.

Pablo se inclinó un poco hacia adelante, su expresión tornándose más seria.

—Es bueno estar de vuelta aquí. Pero no debería ser por esto.

Su tono era melancólico, y algo en su voz hizo que mi pecho doliera. Lo miré, y en ese momento supe que, sin importar cuánto tiempo pasara, siempre sería él. Siempre.

—Gracias por volver —dije finalmente, mi voz llena de emociones.

Pablo me miró, y por un momento, el mundo pareció detenerse.

Por ti siempre volvería, Iri. Siempre.

Y ahí, en la seguridad del que alguna vez fue nuestro departamento, me di cuenta de que estaba enamorada de él más que nunca.

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Recordatorio: Ignoren la fecha y horario de los tweets, no son relevantes‼️

Las leo (aunque no hay comentarios🤭)
by: vene💋

Desde Siempre - Pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora