Slow Burn y algo más...
Una voleybolista y un futbolista conocidos en La Masía, mejores amigos desde pequeños, se aman desde siempre pero por miedo a arruinar su amistad trataron de frenar sus sentimientos ¿Tomarán coraje o serán reprimidos por siem...
La relación entre Irina D'Angelo y Pablo Gavi no solo era tendencia en las redes sociales, sino también en las mismas esferas oficiales de los Juegos Olímpicos. Ambos habían captado tanta atención que el Comité Olímpico decidió que querían convertirlos en las caras de esta edición. Una jugadora de vóley argentina y un futbolista español, unidos por el amor en medio de la competición. Era el relato perfecto.
Esa misma mañana, mientras Iri terminaba su desayuno en el comedor del hotel, su teléfono sonó con un mensaje inesperado.
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Iri casi se atraganta con su café. Embajadora oficial de los Juegos? Con menos de 20 años? Claro, sonaba como un honor, pero también sabía que esto complicaría mucho las cosas con su equipo. Sobre todo con la mirada crítica de su entrenadora, Fernanda Quiroga.
-Qué pasó? -preguntó Guada, que estaba sentada frente a ella.
-Quieren que Pablo y yo seamos las caras de los Juegos. -respondió Iri, mostrándole el mensaje.
Guada abrió los ojos de par en par y luego se echó a reír.
-Eso no le va a caer nada bien a Fernanda.
Iri suspiró, sabiendo que tenía razón. Su entrenadora ya estaba molesta con todo el revuelo mediático que su relación con Pablo había causado. Esto solo echaría más leña al fuego.
Un par de horas más tarde, Iri decidió encarar el tema con la entrenadora antes de que llegara por otros medios. La encontró en la sala de reuniones del equipo, revisando tácticas y estadísticas en una computadora portátil.
-Entrenadora, puedo hablar con usted un momento? -preguntó, entrando con cautela.
Fernanda levantó la vista, sus ojos ya llenos de sospecha.
-Qué pasa ahora, D'Angelo?
Iri se armó de valor y le explicó lo que había sucedido: el Comité Olímpico quería que ella y Pablo fueran las caras oficiales de los Juegos. Lo dijo con calma, intentando sonar profesional y razonable. Pero la reacción de su entrenadora fue todo lo contrario.
-De ninguna manera! -exclamó Fernanda, cerrando la computadora de golpe. -Esto ya es demasiado. Primero, el beso en público. Después, las fotos y las publicaciones. Y ahora querés que te preste para una propaganda romántica? Estamos acá para competir, no para hacer novelas!
Iri sintió que algo dentro de ella se rompía. Había aguantado semanas de comentarios pasivo-agresivos, miradas de desaprobación y críticas indirectas. Pero esto ya era el colmo.
-Con todo respeto, Fernanda, no creo que tenga derecho a decirme qué puedo o no hacer fuera de la cancha. -respondió, manteniendo la voz firme.
Fernanda la miró con incredulidad.
-Sos la capitana del equipo, D'Angelo. Se supone que tenés ser un ejemplo. Qué mensaje estás mandando al resto de las chicas con todo este espectáculo?
-El mensaje de que puedo ser una gran jugadora y, al mismo tiempo, tener una vida personal. -respondió Iri, dando un paso hacia adelante. -No estoy dejando de entrenar, no estoy bajando mi nivel de juego, y no estoy faltando a mis responsabilidades. Lo único que he hecho es vivir mi vida, y eso no afecta en nada mi rendimiento ni mi compromiso con el equipo.
Fernanda cruzó los brazos, claramente molesta.
-Y qué pasa cuando toda esta atención mediática se convierte en una distracción para las demás? O cuando los periodistas empiezan a hacer preguntas incómodas en las conferencias de prensa? Esto no se trata solo de vos, D'Angelo.
-Sé que no se trata solo de mí, pero tampoco voy a disculparme por algo que no está mal. Estoy en una relación, y eso no debería ser un problema. Si usted cree que esto me hace menos profesional, entonces creo que tenemos un problema más grande del que pensé. -Iri sabía que estaba pisando terreno peligroso, pero no podía seguir soportando los ataques de su entrenadora.
El silencio que siguió fue tenso. Fernanda parecía debatirse entre seguir discutiendo o simplemente terminar la conversación. Finalmente, suspiró con frustración.
-Hace lo que querás, D'Angelo. Pero que quede claro: Esto cambia todo entre vos y yo. Entendiste?
-Entendí. -respondió Iri, la relación entre ambas acababa de sufrir un golpe irreparable.
Más tarde ese día, Iri le contó todo a Pablo mientras estaban sentados en su habitación de hotel. Él la escuchó atentamente, con el ceño fruncido.
-No entiendo por qué tu entrenadora se toma esto tan personal. No estás haciendo nada malo. -dijo él, acariciándole la cintura.
-Porque para ella todo es una cuestión de control. -respondió Iri, suspirando. -Pero ya no puedo seguir preocupándome por eso. Vamos a hacer las fotos y punto. Que diga lo que quiera.
Pablo sonrió, admirando la determinación en los ojos de su chica.
-Eso es lo que me gusta de ti, capitana. -dijo, acercándose para besarla.
Iri dejó escapar una pequeña risa antes de corresponder el beso. En ese momento, no le importaba lo que pensara su entrenadora, los medios o el mundo entero. Todo lo que importaba era que, por primera vez en semanas, sentía que estaba tomando el control de su vida.