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Iri

Días después de la filtración del video en el que Iri y Fernanda discutían en el gimnasio, las redes sociales seguían incendiadas. El video había alcanzado miles de visualizaciones y, aunque la mayoría de los comentarios eran en defensa de Iri, la situación seguía siendo un caos. Exjugadoras de vóley de todo el mundo se unieron para apoyar a la capitana argentina, denunciando lo que consideraban un abuso por parte de la entrenadora. Las figuras más influyentes en el mundo del deporte, incluso algunas de las más destacadas en el vóley, expresaron su solidaridad con Iri. La presión mediática aumentaba día tras día, y el rostro de Irina D'Angelo se convirtió en el símbolo de la lucha por el respeto y la igualdad en el deporte.

Pero lo que nadie esperaba era lo que sucedió el día antes de la semifinal. La tensión estaba en su punto más alto, y las cosas se salieron de control de una manera inesperada.

Era una tarde soleada en el hotel donde se alojaba el equipo argentino. Iri había decidido ir a descansar un rato en su habitación antes de la cena del equipo, sin saber que esa tarde cambiaría su destino. Estaba en la ducha, recuperándose del entrenamiento, cuando escuchó unos golpes en la puerta.

—Iri, abrí! —era la voz de Guada, agitada.

Confusa, Iri salió rápidamente de la ducha y se envolvió en una toalla, abriendo la puerta. Guada entró apresuradamente, con los ojos algo abiertos de preocupación.

—Qué pasa? —preguntó Iri, sin entender.

—Fernanda! —dijo Guada, respirando hondo. —Viene a hablar con vos. No sé qué le pasa, pero está… está furiosa!

Iri frunció el ceño, confundida.

—Por qué? Qué pasa?

Antes de que Guada pudiera responder, la puerta se abrió de golpe. Fernanda estaba de pie en el umbral, con una mirada furiosa. Su actitud no dejaba lugar a dudas: venía a buscar una confrontación.

—Te dije que te mantuvieras alejada de las cámaras, pero parece que no sabés escuchar. —su voz era baja pero cargada de veneno. —Este escándalo lo has causado vos, Irina. Qué te creés, que todo te lo vamos a dar por ser la niña consentida?

Iri la miró sin hablar. A pesar de todo, mantenía la compostura, pero su paciencia comenzaba a agotarse.

—No entiendo por qué seguís insistiendo en este tema. —respondió Iri con calma. —Mi único enfoque es el equipo, y lo sabés. Mi lucha no es con vos.

—Tu lucha es lo que está destruyendo al equipo! —gritó Fernanda, acercándose con pasos firmes. —Por tu culpa estamos acá, arruinadas, y ahora tengo que cargar con tu estúpido comportamiento de estrella!

En ese instante, las palabras de Fernanda se volvieron agresivas. Ella levantó su mano y la estrelló contra la mejilla de Iri con una bofetada tan fuerte que resonó en la habitación. Iri retrocedió, sorprendida por la violencia de la acción, y tocó su rostro, atónita.

Guada, que estaba cerca, se lanzó hacia Fernanda al instante.

—Qué te pasa?! Te volviste loca?! —gritó, sujetando el brazo de Fernanda para evitar que pudiera hacer algo más.

Iri, aunque herida por la bofetada, se mantuvo estoica. No iba a dejar que la entrenadora ganara esta batalla.

—No vas a hacerme callar, Fernanda. —dijo con firmeza, limpiándose una lágrima que ya había comenzado a rodar por su rostro. —No importa lo que hagas, no voy a permitir que sigas destruyendo mi carrera, mi equipo, ni la de nadie más.

En ese momento, un organizador de los Juegos Olímpicos, que se encontraba por el pasillo, escuchó el gritar y se acercó rápidamente, dando con la escena justo después de la bofetada.

—Esto no puede quedarse así! —dijo el organizador, visiblemente alterado. —Cómo se atreve a agredir a una atleta en plena competición? Esto tiene que ser denunciado de inmediato.

El organizador, un hombre que ya había estado observando la relación tensa entre Iri y Fernanda, no dudó ni un segundo en tomar acción. En cuestión de minutos, estaba llamando a los responsables para formalizar una denuncia contra Fernanda Quiroga por abuso y agresión física.

Esa misma noche, después del incidente, Iri fue llamada a una reunión urgente con los organizadores de los Juegos Olímpicos. Los rumores de la agresión se habían esparcido rápidamente por todo el lugar, y la presión para que se tomaran medidas contra Fernanda era enorme. El organizador que había presenciado el incidente, junto con varios otros testigos, estaba dispuesto a asegurar que Fernanda fuera retirada de su puesto de entrenadora si la denuncia prosperaba.

Iri, mientras tanto, estaba atrapada en un mar de emociones encontradas. Sabía que si la denuncia era tomada en serio, podría significar su regreso al equipo como titular para la semifinal, y tal vez para la final. Pero a qué costo... había sido agredida por la persona en quien más confiaba en su carrera. Su entrenadora, la persona que debía apoyarla, había traspasado todos los límites.

La situación era crítica.

Esa misma noche, Iri recibió un mensaje de Pablo, quien estaba al tanto del incidente.

Iri respiró hondo y, aunque no tenía todas las respuestas, sabía que tenía que ser valiente

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Iri respiró hondo y, aunque no tenía todas las respuestas, sabía que tenía que ser valiente. Lo que estaba sucediendo ahora era más grande que cualquier partido. Era una batalla por su futuro, por su dignidad y por la justicia que tanto había esperado.

Y no iba a dejar que Fernanda la derribara, no sin luchar hasta el final.

Desde Siempre - Pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora