Slow Burn y algo más...
Una voleybolista y un futbolista conocidos en La Masía, mejores amigos desde pequeños, se aman desde siempre pero por miedo a arruinar su amistad trataron de frenar sus sentimientos ¿Tomarán coraje o serán reprimidos por siem...
La tarde llegó acompañada del sol abrasador y el sonido constante del balón golpeando el piso en el gimnasio donde la selección argentina de vóley entrenaba. Iri, con su camiseta ajustada de la selección y esos infames shorts cortos que tanto habían dado de qué hablar, lideraba al equipo con su habitual energía y determinación.
—¡Vamos, chicas, no se queden quietas! ¡Quiero velocidad! —gritó, chocando las manos con una de sus compañeras tras un bloqueo perfecto.
El entrenamiento era intenso, como siempre lo exigía la entrenadora, quien observaba cada movimiento desde un costado con los brazos cruzados. Iri, por su parte, lo daba todo, pero una parte de su mente seguía en otro lugar. Bueno, más bien con otra persona.
En un momento de descanso, mientras se secaba el sudor con una toalla, su celular vibró en la banca. Miró rápidamente hacia la entrenadora, quien estaba ocupada dando instrucciones al resto del equipo, y aprovechó para revisar el mensaje.
Era de Pablo, obviamente.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Iri rodó los ojos, pero una sonrisa se le escapó. Apenas tuvo tiempo de responder antes de que otro mensaje llegara, esta vez acompañado de una foto.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Era él, en su habitación, con la camiseta de entrenamiento colgando del respaldo de una silla. El ángulo dejaba entrever sus abdominales marcados y ese aire de "sé lo que estoy haciendo" que tanto la sacaba de quicio… y le encantaba.
Iri respiró profundo, intentando mantener la compostura, pero sabía que su rostro ya estaba más rojo que las líneas de la pelota de vóley.
—Todo bien? —preguntó Guada, que había notado el cambio en su expresión mientras bebía agua.
—Sí, todo bien. —mintió Iri rápidamente, guardando el celular y volviendo al centro de la cancha.
El entrenamiento continuó, pero la mirada de la entrenadora seguía fija en Iri. Era como si pudiera oler la distracción desde kilómetros de distancia.
Al final de la práctica, cuando todas las jugadoras se retiraban al vestuario, la entrenadora detuvo a Iri con un gesto de su mano.
—Capitana, ¿podemos hablar un momento? —dijo, usando un tono que no admitía objeciones.
Iri asintió y siguió a la entrenadora hasta un rincón apartado del gimnasio. La mujer, con los brazos cruzados, la observó fijamente.
—Queres contarme algo, Irina? —preguntó, arqueando una ceja.
—Algo como qué? —respondió Iri, fingiendo inocencia.
—Por ejemplo, por qué siento que estás más distraída de lo normal? O por qué escuché que has estado bastante cerca de uno de los futbolistas españoles?
Iri suspiró. Sabía que esto llegaría tarde o temprano.
—No estoy distraída. Estoy aquí para dar lo mejor por el equipo, como siempre lo he hecho.
—Y lo de Pablo Gavi? —La entrenadora no titubeó en mencionar su nombre, lo que hizo que Iri se tensara.
—Él es… un amigo. —respondió, intentando sonar casual.
La entrenadora la miró durante unos segundos que parecieron eternos antes de asentir lentamente.
—Espero que recuerdes por qué estamos acá, capitana. No quiero que algo tan importante como este torneo se vea afectado por… distracciones personales.
—No lo hará. —Iri aseguró con firmeza, aunque sabía que su corazón no estaba completamente en línea con su cabeza.
La entrenadora asintió y la dejó ir, pero Iri sabía que esas palabras iban cargadas de advertencias.
Cuando finalmente salió del gimnasio y revisó su teléfono, encontró otro mensaje de Pablo. Esta vez, el texto era aún más descarado.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Iri no pudo evitar reírse. Le respondió rápido antes de que Guada la viera.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Iri negó con la cabeza, pero su sonrisa era evidente. A pesar de las advertencias, no podía evitar pensar en él. Y en cómo, de alguna manera, siempre lograba meterse en su cabeza… y en su corazón.