64

278 20 0
                                        

Iri

Iri despertó lentamente, sus ojos se entreabrieron. No fue el sonido de la alarma ni el suave murmullo de la ciudad lo que la despertó, sino una sensación de calidez y confort que se aferraba a su piel. El primer pensamiento que cruzó por su mente fue que algo no estaba bien. Algo no estaba en su lugar.

Intentó moverse, pero su cuerpo se tensó al darse cuenta de que no estaba en su cama, ni en su habitación. Estaba recostada en el pecho descubierto de alguien, cubierto parcialmente por las sábanas. Los latidos de su corazón resonaban en sus oídos, pero era un sonido calmante, familiar. Fue entonces cuando levantó la cabeza y vio la decoración a su alrededor.

Colores rojos y amarillos predominaban en las paredes, y en la esquina, algunas banderas españolas decoraban la habitación. "No... no puede ser", pensó, con el corazón acelerado. Miró a su alrededor y vio las paredes decoradas con símbolos que claramente no correspondían a la selección argentina. El nudo en su estómago se apretó aún más. Iba a hacer una broma sobre el extraño lugar, pero no pudo, porque la persona que la tenía abrazada era Pablo, su exnovio, su mejor amigo.

Y ahí estaba él, profundamente dormido, con su respiración regular. La sensación de estar en su pecho la tranquilizaba, pero también le provocaba un cosquilleo en el estómago. El roce de su piel contra la de él le daba un calor que no podía ignorar. No se arrepentía de nada, pero lo que había pasado... Era solo el resultado de un momento de debilidad, o algo mucho más profundo que estaba creciendo entre ellos? Eso ya no lo sabía.

Pablo estaba desnudo, lo cual hizo que Iri se sintiera aún más confundida, como si todo hubiera sucedido demasiado rápido para procesarlo. Pero lo que más la sorprendía era que, después de todo lo vivido, después de haberse separado, ninguno de los dos parecía arrepentido. Las caricias que se habían compartido a lo largo de la noche no fueron solo un escape, sino una reafirmación de todo lo que habían compartido en el pasado.

Aquel beso, aquellas manos recorriendo su piel... Todo había sido tan natural, tan lleno de deseo. Pero ahora, el miedo comenzaba a apoderarse de ella. ¿Qué pasaría si la entrenadora de la selección argentina descubría que Iri no había pasado la noche en la habitación que se le había asignado? ¿Qué pensaría la entrenadora, si descubría que su jugadora más importante había dormido en la habitación de su exnovio, un jugador de la selección española?

El pensamiento de ser descubierta la sacudió. Recordó las reglas, las estrictas reglas del equipo, las miradas desaprobadoras que recibiría si alguien se enteraba de lo sucedido. No importaba que estuviera al borde de la histeria por no saber qué significaba todo esto, no importaba que el pasado y el presente se mezclaran en una amalgama tan intensa como el fuego. Todo eso podía desmoronarse en un segundo si alguien descubría lo que había pasado.

Pero, entonces, miró a Pablo, quien seguía abrazándola mientras dormía. No había arrepentimiento en su rostro. Iri tampoco sentía que hubiera hecho algo mal. La situación estaba fuera de su control, pero no podía negar que, al estar cerca de él, todo el peso de la presión y la distancia que había existido entre ellos se evaporaba como agua en el sol.

Antes de que pudiera pensar más sobre las posibles repercusiones de esa noche, una mano se posó suavemente en su espalda, apretándola contra el torso de Pablo. Él despertó lentamente, notando cómo se tensaba en su abrazo. La miró con una sonrisa pícara, esa que solo él podía tener, y la atrajo un poco más hacia él, sin dejarla levantarse.

—A dónde vas? —preguntó en un susurro, su aliento cálido sobre su oído. La pregunta lo decía todo: él no estaba dispuesto a dejarla ir tan fácilmente, no después de lo que había pasado entre ellos.

Iri mordió su labio inferior, sintiendo la tensión entre ellos, la misma que había estado siempre. Algo no estaba bien, pero, al mismo tiempo, nada había cambiado. El deseo en su interior seguía allí, intacto, más fuerte que nunca.

—Tengo que irme —dijo, pero su voz tembló, porque no quería. No quería salir de esa cama, no quería dejar que la distancia regresara entre ellos. Pero en su mente, las reglas, la selección, todo eso le decían que debía ser responsable, que debía mantenerse lejos de Pablo. Sin embargo, no podía negar lo que sentía en ese momento.

Pablo la miró con una sonrisa en sus labios, pero sus ojos estaban llenos de algo más profundo, algo que no podía ignorar.

—Si te vas, te arrastro de nuevo a la cama —dijo, su tono grave y juguetón al mismo tiempo, haciendo que Iri sonriera.

Ambos compartieron un momento de complicidad, una risa que rompió la tensión en el aire. Pero las palabras que Pablo pronunció después hicieron que el corazón de Iri diera un vuelco.

—¿De verdad te vas a ir, o estás solo buscando una excusa para quedarte aquí conmigo? —preguntó, su tono bajo, pero lleno de significado.

Iri no respondió de inmediato. Sus pensamientos estaban enloquecidos, pero algo dentro de ella sabía que, si no lo decía, nunca sabría lo que habría podido ser. Sin embargo, al mirarlo allí, abrazándola con tanta naturalidad, algo cambió en su interior. Sin palabras, y sin pensarlo demasiado, Iri se acomodó más cerca de él, sintiendo cómo la respiración de Pablo se calmaba.

Desde Siempre - Pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora