Slow Burn y algo más...
Una voleybolista y un futbolista conocidos en La Masía, mejores amigos desde pequeños, se aman desde siempre pero por miedo a arruinar su amistad trataron de frenar sus sentimientos ¿Tomarán coraje o serán reprimidos por siem...
El gimnasio estaba lleno de energía desde temprano en la mañana. Las zapatillas de las jugadoras resonaban contra el suelo mientras el equipo argentino de vóley completaba los ejercicios finales del entrenamiento. Iri, con la camiseta número 5 ajustada y shorts cortos que marcaban cada movimiento ágil, lideraba a su equipo con su característico temperamento apasionado y voz firme.
—Dale equipo! Última ronda, no aflojemos ahora! —gritó, dando una palmada fuerte para animarlas mientras terminaban los últimos sprints.
Su entrenadora, parada al margen, observaba con atención, asintiendo ligeramente ante la actitud de Iri, aunque siempre mantenía su postura estricta.
Finalmente, el silbato marcó el fin del entrenamiento, y todas se reunieron alrededor de la capitana para escuchar las últimas indicaciones.
—Buen trabajo hoy, chicas. Vamos con todo en el próximo partido. Recuerden mantener la concentración, accionar con seguridad y… —Iri habló, pero sus ojos no dejaban de mirar el reloj que colgaba en la pared. Faltaba menos de una hora para el partido de España, y ella sabía que si no salía ya, no llegaría.
—Capitana, algo más que agregar? —preguntó la entrenadora, arqueando una ceja.
—No, nada más. Buen trabajo, equipo! —dijo rápidamente Iri, tomando su bolso y despidiéndose de las chicas con un gesto apresurado.
—A dónde vas, D’Angelo? —La voz de la entrenadora se alzó detrás de ella con tono de reproche.
Iri se detuvo, girando sobre sus talones con la sonrisa más convincente que pudo reunir. —Tengo que… hacer algo importante. Nada que afecte al equipo, lo prometo.
La entrenadora la miró con los ojos entrecerrados, claramente dudando. —Espero que "algo importante" no sea lo que creo, porque este equipo necesita tu total compromiso, entendido?
Iri asintió rápidamente, aunque sus pensamientos ya estaban en el partido de Pablo. —Totalmente entendido. Nos vemos luego.
Y sin esperar otra palabra, salió corriendo del gimnasio, con el bolso al hombro y las zapatillas aún puestas.
•
En el estadio donde jugaba España, los fanáticos ya estaban enloquecidos. Las gradas comenzaban a llenarse, y las cámaras buscaban a las figuras clave en el público.
Iri llegó corriendo, ajustándose una chaqueta para ocultar su ropa de entrenamiento, aunque no era difícil reconocerla. Apenas se sentó, algunos fanáticos la señalaron, y las cámaras no tardaron en enfocarla.
—Es Iri D’Angelo? La capitana de la selección argentina de vóley! —susurró una chica a su amiga mientras la grababan.
—Por qué está aquí? No está ella en otra competencia? —respondió la otra, claramente intrigada.
Pronto, las redes sociales estallaron.
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Desde el campo, Pablo terminó su calentamiento y, al mirar hacia las gradas, sus ojos se encontraron con los de ella. La sonrisa que le dedicó fue tan amplia y brillante que no dejó lugar a dudas. Estaba encantado de que estuviera allí.
Iri, consciente de las miradas y las cámaras, le devolvió la sonrisa, aunque trató de mantener un aire casual. Por dentro, sin embargo, su corazón latía más rápido de lo normal.
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El partido fue intenso, y Pablo, como siempre, dio todo en el campo. Iri no podía evitar sentir orgullo mientras lo observaba jugar con tanta pasión y habilidad. Cada pase, cada jugada lo hacía ver más imponente, y ella no podía quitarle los ojos de encima.
Cuando el árbitro pitó el final y España ganó, el estadio estalló en aplausos. Pablo, sudoroso y lleno de emoción, miró nuevamente hacia donde estaba Iri. Se señaló el corazón con una mano y luego le hizo un discreto gesto hacia ella.
—Estás loco —murmuró Iri para sí misma, sonriendo como una tonta.
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Al salir del estadio, Iri intentó mezclarse con la multitud para evitar más atención, pero las cámaras la seguían. Los rumores estaban fuera de control. Las redes estaban llenas de teorías sobre su relación con Pablo, y cada movimiento suyo era analizado.
De repente, sintió una mano en su cintura.
—Escapando? —La voz familiar de Pablo resonó cerca de su oído, haciéndola estremecer.
—No estaba escapando. Solo quería evitar que me siguieran. —Iri lo miró con una ceja levantada.
—Difícil hacerlo cuando eres la capitana más famosa de Argentina. —Él le guiñó un ojo antes de añadir—: Pero estoy feliz de que hayas venido.
—Sabés que nunca me perdería uno de tus partidos importantes. —Ella sonrió, pero luego su tono se volvió un poco más serio—. Aunque ahora tengo un ejército de fans persiguiéndome por esto.
—Déjalos hablar. —Pablo se encogió de hombros, su sonrisa despreocupada haciendo que Iri se relajara un poco—. Lo importante es que estás aquí conmigo.
Y, sin pensarlo dos veces, se inclinó para dejar un beso en su mejilla, justo cuando pasaban un par de cámaras.
—Pablo! —exclamó Iri, golpeándolo suavemente en el pecho.
—Qué? Ahora tienen algo real para hablar. —La risa de Pablo era contagiosa, y aunque Iri intentó mantenerse seria, no pudo evitar reír también.
Mientras caminaban juntos hacia la salida, Iri no podía evitar sentir que, aunque las cosas eran complicadas, estar con Pablo siempre hacía que todo valiera la pena.