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Iri

La mañana había comenzado con el sol parisino iluminando el hotel, pero para Iri y Pablo, ese día significaba algo más que un simple amanecer en la ciudad del amor. Era su primera sesión oficial como embajadores de los Juegos Olímpicos. Juntos. La propuesta había sido aprobada días antes, y desde entonces ambos se habían convertido en el centro de atención mediática, algo que, para ser honestos, a Pablo le encantaba, e Iri aún intentaba manejar.

El set estaba instalado en un elegante estudio cercano al Sena, con banderas olímpicas, fondos temáticos y la Torre Eiffel asomándose por una de las ventanas. El equipo creativo había preparado todo para resaltar no solo la química entre ellos, sino también la pasión y compromiso de ambos con sus deportes.

Iri llegó vistiendo el conjunto oficial de la selección Argentina de vóley: camiseta ajustada con el número 5 y shorts cortos en tonos celestes y blancos. Pablo, por su parte, llevaba el uniforme de España, con el número 9 bordado en la camiseta. Desde el momento en que entraron al set, las cámaras no dejaron de capturar cada interacción, cada mirada y sonrisa que compartían.

—No sé cómo esperaban que posáramos como si no estuviéramos juntos. —dijo Pablo, acercándose mientras un estilista retocaba el cabello de Iri.

—Qué querés decir? —preguntó ella, fingiendo indiferencia mientras el maquillador ajustaba los últimos detalles de su rostro.

—Míranos. Si esto no es química, no sé qué lo es. —respondió él con una sonrisa traviesa, inclinándose ligeramente para susurrar en su oído. —Aunque, para ser honesto, preferiría que estos shorts no fueran parte del set.

Iri lo miró de reojo, tratando de ocultar la risa. Sabía que él no podía evitar soltar uno de sus comentarios provocadores, especialmente cuando estaban rodeados de personas que intentaban mantener el profesionalismo.

—Si no me mató mi entrenadora por ser embajadora, tus comentarios no me van a distraer, Gavira. —replicó ella, dándole un leve empujón en el pecho.

La primera parte de la sesión fue algo formal. Cada uno posaba individualmente, mostrando la fortaleza y determinación que los caracterizaba como deportistas. Iri, con un balón de vóley en las manos, su expresión de capitana indomable; Pablo, con un balón de fútbol, su postura firme y la mirada intensa que lo hacía destacar en cualquier imagen.

Sin embargo, el ambiente cambió cuando comenzaron las tomas en pareja. Les pidieron que se relajaran, que fueran ellos mismos, y el resultado fue simplemente mágico. Las primeras tomas los mostraban uno junto al otro, sosteniendo una bandera olímpica. Luego, las cosas se volvieron más personales.

—Ahora queremos capturar algo más romántico, algo que represente su historia. —dijo el fotógrafo principal, ajustando su cámara. —Pablo, ponte detrás de Iri y abrázala desde la cintura.

Sin pensarlo dos veces, Pablo obedeció, rodeando a Iri con sus brazos. Ella, acostumbrada a su cercanía, se relajó al instante, apoyando la espalda contra su pecho.

—Perfecto. Ahora, mírense como si el mundo no existiera. —indicó el fotógrafo.

Iri levantó la mirada, y ahí estaba él, con esos ojos que siempre lograban desarmarla. Pablo le sonrió, una de esas sonrisas suaves que ella sabía que eran solo para ella.

—Estás hermosa. —murmuró él, apenas audible para los demás.

—Sos tan chamuyero. —respondió Iri, aunque no pudo evitar sonrojarse.

El fotógrafo capturó la interacción, y luego pidió que cambiaran de posición. Esta vez, Pablo se arrodilló frente a ella, sosteniendo su mano como si estuviera proponiéndole matrimonio. La risa de ambos llenó el estudio, haciendo que todos los presentes sonrieran también.

—Siguiente paso, boda olímpica? —bromeó Fermín, que había llegado al set junto a Lamine y Pau, trayendo aún más caos al ambiente.

—No des ideas. —respondió Iri, rodando los ojos mientras Pablo simplemente se reía.

Cuando terminaron las tomas principales, los llevaron al backstage para un pequeño descanso antes de las entrevistas. Allí, sentados en un sillón, finalmente pudieron relajarse.

—Te das cuenta de lo surrealista que es todo esto? —preguntó Iri, mirando las luces y cámaras alrededor, con sus piernas encima del regazo de Pablo.

—Totalmente. Pero también es increíble. —respondió Pablo, acariciándole el muslo—Estamos haciendo historia juntos.

Ella lo miró, sintiendo cómo su corazón se llenaba de orgullo y amor. A pesar de las críticas, las miradas y los comentarios, estaban ahí, representando no solo sus deportes, sino también lo que significaba ser auténticos y valientes en un mundo lleno de expectativas.

—Gracias por estar conmigo en todo esto. —dijo Iri en voz baja, apoyando su cabeza en el hombro de Pablo.

—Siempre, capitana. —respondió él, besando su frente.

El momento se vio interrumpido cuando el equipo de producción regresó para llevarlos a la siguiente etapa del día: las entrevistas. Ambos se levantaron, listos para enfrentar lo que viniera, sabiendo que mientras estuvieran juntos, podían con todo.

Ese día, las redes sociales se llenaron de imágenes y videos de la pareja olímpica del momento. Iri y Pablo, en el centro de todo, se convirtieron no solo en los embajadores oficiales de los Juegos, sino también en un símbolo de amor, perseverancia y autenticidad. Y aunque sabían que aún quedaban desafíos por delante, estaban listos para enfrentarlos juntos, con una sonrisa y, por supuesto, con el apoyo incondicional del otro.

Desde Siempre - Pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora