Iri
La sensación de encierro, miedo y tensión tenía que terminar. No iba a permitir que Marcos siguiera controlando mi vida desde las sombras. Esa mañana, después de una noche en vela reflexionando y con Pablo durmiendo en el sillón del departamento, tomé una decisión.
Me miré al espejo del baño, con el rostro aún marcado por el cansancio, pero con una mirada firme y decidida. No más. Este era el punto final.
Cuando salí del baño, Pablo estaba en la cocina, preparando café y canturreando una canción. Su pelo estaba despeinado y llevaba una sudadera que claramente yo reconocía. A pesar del ambiente tenso que nos rodeaba, la escena me sacó una pequeña sonrisa.
—Qué miras, D’Angelo? —preguntó, arqueando una ceja y dándome esa sonrisa medio burlona que siempre hacía que quisiera lanzarle algo.
—A vos, haciéndote el amo de mi cocina. Vas a prepararme desayuno también, o eso es mucho pedir?
—No, porque no me has dado las gracias por salvarte la vida.
—Ya empezamos... —Suspiré, pero él soltó una carcajada y me sirvió una taza de café.
Nos sentamos en la mesa en silencio, pero esta vez fui yo quien rompió la calma.
—Pablo, quiero que esto termine. Hoy.
Dejó la taza en la mesa y me miró con seriedad.
—Estás segura?
—Más que nunca. Estoy cansada de sentirme así. De mirar por encima del hombro. De temer que Marcos aparezca en cualquier momento. Quiero mi vida de vuelta, y si eso significa enfrentarlo, entonces lo haré.
—No lo harás sola. —Su tono fue firme, y la intensidad en su mirada dejó claro que no pensaba discutirlo.
No quise discutir tampoco. Por primera vez, sentí que Pablo no estaba siendo mi protector, sino mi compañero, como cuando éramos amigos inseparables.
Pasamos la mañana planeando. Revisamos todo: los mensajes, las amenazas, cada detalle que podía ser una prueba. Pablo sugirió que lo lleváramos a la policía otra vez, pero esta vez con algo más contundente.
—Tiene que haber un patrón en sus movimientos. Si ha estado rondando el edificio, entonces las cámaras de seguridad pueden captarlo —dijo él, mientras anotaba cosas en una libreta.
—Desde cuándo sos detective? —bromeé, tratando de aligerar el ambiente.
—Desde que tengo una mejor amiga que atrae a psicópatas. —Me lanzó una mirada burlona, y le tiré un almohadón que esquivó con facilidad.
Finalmente, con toda la información organizada, nos dirigimos a la comisaría. La sensación de caminar hacia allá con Pablo a mi lado, ambos decididos, me hizo sentir más fuerte. Sabía que esto no sería sencillo, pero al menos ahora tenía un plan.
La policía nos atendió con seriedad. Presentamos los mensajes, las notas, y cuando Pablo mencionó las cámaras de seguridad, comenzaron a tomar las cosas más en serio. Después de revisar las grabaciones, encontraron lo que esperábamos: Marcos había estado rondando el edificio varias veces en las últimas semanas.
—Con esto podemos emitir una orden de restricción inmediata y comenzar a investigarlo formalmente —dijo el oficial encargado.
Mi pecho se sintió más ligero. Por primera vez, parecía que algo se estaba moviendo en la dirección correcta.
—Eso significa que no podrá acercarse a mí? —pregunté, todavía con algo de temor.
—Exactamente. Y si intenta algo, será arrestado.
Cuando salimos de la comisaría, el sol estaba comenzando a ocultarse, pintando el cielo de tonos anaranjados y rosados. Me detuve en la acera y respiré hondo, sintiendo una calma que no había experimentado en semanas.
—Te sientes mejor? —preguntó Pablo, deteniéndose a mi lado.
—Mucho mejor. Gracias, Gavito. Por todo.
Él me miró por un momento, con esa sonrisa suave que siempre me desarmaba.
—Para eso estoy aquí, Iri. Siempre lo estaré.
Sin pensarlo, me lancé hacia él y lo abracé. Fue uno de esos abrazos que lo decían todo, que hablaban de agradecimiento, de alivio, de cariño, y quizás de algo más que no estaba lista para admitir.
Él correspondió el abrazo, envolviéndome con sus brazos y descansando su barbilla en mi cabeza.
—Qué pasa ahora? —preguntó, su voz baja y calmada.
—Ahora, vuelvo a vivir mi vida.
Y, por primera vez, lo dije con la certeza de que era verdad.
Esa noche, en lugar de encerrarme en el departamento, Pablo y yo caminamos por la ciudad, como solíamos hacerlo antes. Nos reímos, nos empujamos juguetonamente, recordamos anécdotas de cuando vivíamos juntos en La Masía. Era como si el peso que había estado cargando durante semanas se hubiera evaporado, dejándome libre para disfrutar del presente.
Aunque sabía que el proceso legal con Marcos aún no había terminado, ya no sentía que él tuviera el control. Ahora era yo quien tenía el poder, y eso era algo que nunca iba a soltar.
Por mucho que hubiéramos cambiado Pablo y yo, por mucho que la vida nos hubiera llevado por caminos distintos, él seguía siendo mi refugio. Mi mejor amigo.
Y quizás, solo quizás, algo más.
ESTÁS LEYENDO
Desde Siempre - Pablo Gavi
FanficSlow Burn y algo más... Una voleybolista y un futbolista conocidos en La Masía, mejores amigos desde pequeños, se aman desde siempre pero por miedo a arruinar su amistad trataron de frenar sus sentimientos ¿Tomarán coraje o serán reprimidos por siem...
