Iri
El estadio seguía zumbando tras la inesperada salida de Fernanda. A pesar del caos, los organizadores de los Juegos Olímpicos actuaron con rapidez. Una entrenadora suplente, con experiencia pero desconocida para el equipo, fue enviada para dirigir a las argentinas en lo que quedaba del partido. Su llegada era un rayo de esperanza para quienes confiaban en que el equipo volviera a brillar.
El marcador no mentía: las argentinas habían perdido el primer set, y en el segundo, sus rivales llevaban una cómoda ventaja. Las caras de las jugadoras argentinas estaban pálidas, llenas de frustración y agotamiento. Pero todo cambió cuando la nueva entrenadora, una mujer enérgica y decidida llamada Claudia, llegó al área técnica con una expresión que no daba lugar a dudas: había venido a ganar.
-Chicas, acérquense. -Claudia no perdió tiempo, reuniendo al equipo en un círculo. Su voz era firme pero alentadora. -Sé que esto no es lo que esperaban, pero acá estamos. No importa lo que haya pasado antes. Ahora tenemos que luchar.
Las jugadoras asintieron, aunque algunas lo hicieron con cierta inseguridad. Claudia, sin embargo, no estaba dispuesta a permitir dudas.
-Y para empezar... -sus ojos buscaron a Iri, que estaba sentada en el banco, mirando el suelo. -D'Angelo, calentá. Ahora.
Iri levantó la mirada, sorprendida. No esperaba escuchar su nombre después de todo lo que había pasado.
-Yo? -preguntó, casi sin creerlo.
-Ves a otra capitana en este equipo? -respondió Claudia, con una pequeña sonrisa.
El estadio explotó en vítores cuando Iri se levantó del banco, con los ojos brillando y la mandíbula apretada. El público lo sabía, las cámaras lo sabían, y sus compañeras lo sabían: ella era la clave para darle vuelta al partido.
Para cuando Iri entró a la cancha, el segundo set estaba llegando a su punto crítico. Las argentinas estaban cinco puntos por debajo, y cada saque de las rivales parecía un golpe directo al ánimo del equipo. Pero la energía cambió en el momento en que la capitana puso un pie en la cancha.
-Vamos, chicas, esto no se termina hasta que nosotras digamos. -dijo Iri, su voz resonando con autoridad.
La jugadora de oro había vuelto.
Con el primer saque que le llegó, Iri no solo respondió, sino que lo hizo con tal potencia que dejó a las rivales paralizadas. El balón golpeó el suelo con un estruendo, y el público rugió de emoción.
-Así es, carajo! -gritó Iri, chocando manos con sus compañeras.
Lo que siguió fue una clase magistral de vóley. Iri estaba en todos lados: lanzándose al suelo, raspando sus codos, tirándose de abdomen para salvar pelotas imposibles. Cada vez que su equipo parecía perder el control, ella estaba ahí, levantándolas con su determinación y energía inagotable.
-Vamos, chicas! ¡Es nuestro! -gritaba constantemente, su voz cada vez más ronca por el esfuerzo.
Las rivales, que al principio parecían seguras de su victoria, comenzaron a dudar. Iri estaba por todas partes, liderando con una pasión que no podía ser ignorada.
En un momento crítico, con el set empatado 23-23, Iri se preparó para un remate. El estadio quedó en silencio mientras ella saltaba, su cuerpo extendido en el aire como si fuera a alcanzar las estrellas.
El golpe fue perfecto, directo al suelo del lado contrario. Las argentinas celebraron como si ya hubieran ganado el partido.
El segundo set terminó 26-24 a favor de Argentina, y todo gracias a Iri. Su camiseta estaba empapada de sudor, su rostro mostraba las marcas del esfuerzo, pero sus ojos brillaban con determinación.
La entrenadora Claudia se acercó mientras el equipo la rodeaba, aplaudiendo y vitoreando su nombre.
-Eso es lo que quiero ver, capitana. -dijo Claudia, entregándole la cinta que la declaraba oficialmente como líder del equipo nuevamente.
Iri la miró, conmovida, y se colocó la cinta en el brazo antes de girarse hacia sus compañeras.
-Vamos a ganar esto. Por nosotras, por el equipo y por nuestro país.
El estadio estalló en aplausos y gritos, con Pablo y sus amigos liderando el coro desde las gradas.
El tercer set estaba a punto de comenzar, y aunque el camino aún era difícil, todos sabían que con Iri en la cancha, todo era posible. Pero por ahora, el momento de justicia había llegado, y la capitana estaba lista para liderar a su equipo hacia la victoria.
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Desde Siempre - Pablo Gavi
FanfictionSlow Burn y algo más... Una voleybolista y un futbolista conocidos en La Masía, mejores amigos desde pequeños, se aman desde siempre pero por miedo a arruinar su amistad trataron de frenar sus sentimientos ¿Tomarán coraje o serán reprimidos por siem...
