La Mirada

112 14 2
                                        

—...A la vida que ahora sé que quiero compartir con usted—. Exclamó con tanta convicción que dolía para quien lo escuchara.

Beatriz se sentía confundida.

Hasta hace 24 horas atrás pensó que Armando nunca más intentaría convencerla de ese amor que decía sentir por ella.

Sus razones eran varias y válidas.

No podía creerle al hombre que la enamoró, según él solo al principio, por un plan de protección hacia la empresa.

No podía creerle a quien le bastó que ella estuviera unos días en Cartagena para volver con Marcela.

Y menos podía creerle a quien actuó de manera tan coqueta con una cliente de las franquicias, Alejandra Zinc, y con quien pasó un tiempo a SOLAS en Caracas, sin darle garantía de que no hizo nada.

Pero, por alguna extraña razón que no era conocida por ella, él enloqueció al verla a ella con Michel, su amigo de Cartagena, como si él no hubiera hecho nada en su vida y ella fuera la culpable de un crímen que no había cometido.

Pero eso no era lo peor.

Lo peor era verlo ahora con su diario en su mano. No podía creer que hubiera llegado tan lejos.

—¿Sabe qué, Don Armando? —empezó calmada—. Yo no le puedo creer —sonrió con tristeza—. Usted ahora viene con sentimientos de amor, cuando usted no me ha demostrado más que un sentimiento de nada hacia mí. Volver con doña Marcela y sus actitudes con doña Alejandra no demuestran más que olvido hacia mí, que no sintió nada por mí...— es interrumpida.

—¡Beatriz yo no tuve nada con Alejandra! ¡Se lo puedo jurar!— exclamó con lágrimas en los ojos, dejando el diario en la mesa.

—Usted nunca ha dicho la verdad, siempre ha mentido. Usted me engañó. Nunca me dijo la verdad, yo lo descubrí con una carta, no vino nunca de usted la verdad acerca del engaño. ¿Y ahora pretende que le crea? Cuando lo único que ha hecho conmigo es engañarme, utilizarme, dañarme y ahora hasta violar mi intimidad... —se desahoga—. Usted si cree que luego de todo eso, yo volveré con usted, está muy equivocado.

—Beatriz, no tengo nada a favor mío, lo sé. Mis actitudes dejan mucho que desear. Mientras que yo pensé que le estaba dando tiempo, lo único que hice fue dañarla y seguir enterrando el cuchillo que tiene clavado en su corazón. ¡Carajo, si he hecho todo mal toda mi vida! —exclamó desesperado—. Pero yo le puedo jurar y demostrar que, después de la primer noche, nunca más estuve con alguien más, ni con Marcela. La misma Marcela se lo puede decir. Y Alejandra lo mismo, todas saben mis sentimientos hacia usted ¡menos usted!

—¿Usted me pide que confíe en las mujeres que sienten algo por usted y que harían lo que sea para alejarme de usted? ¿Me pide que le crea a la mujer que me hizo jurarle que nunca más me acercaría a usted? —preguntó incrédula.

Armando al escuchar lo último sintió como si algo encajara.

—Espere... ¿Me está diciendo que Marcela le hizo jurarle que no se acercaría a mí? Beatriz, puede desde ya desechar ese juramento, yo ya corté definitivamente con Marcela. Alejandra ya está en Venezuela. Quise arreglar todo para demostrarle que de verdad siento amor por usted. Y tal vez no haga falta en que tenga que creerles a ellas, sino a mí, Beatriz, míreme a los ojos —le pidió.

—Si usted me está pidiendo que crea en su mirada, yo no sé... Porque esa mirada fue la misma en la que yo creí cuando usted solo me estaba enamorando por su empresa. —empezó a aflojar un poco su escudo.

—Mi mirada siempre le dijo la verdad. En ese plan, mi mirada habló antes que yo me confesara a mí mismo los sentimientos que tenía hacia usted. Yo me enamoré mucho antes de lo que usted cree —suspiró—. Míreme y dígame si no ve en mi mirada todo el amor que siento por usted. Míreme y dígame que no me cree.

Se atreve un poco y con el dedo índice y pulgar le levanta el mentón, haciendo que ella lo mire a los ojos.

La resistencia de Betty duró hasta ese momento, en el segundo donde vió en sus ojos el ruego y el amor, ella tiró todas sus defensas al piso, y se echó a llorar. Sin pensarlo, se acerca a él y lo abraza llorando.

—Le creo...— susurró entre sollozos.

Armando sintió que el alma le volvía al cuerpo y, lo único de lo que fue capaz, la abrazó tan fuerte para que no se vaya.

—La amo, mi amor, la amo con todas las fuerzas de mi alma. Le juro por lo más sagrado, que es usted, que cuidaré y amaré durante toda mi vida, la que ahora me ha devuelto...—ella solo es capaz de sollozar— Pero no me llores, mi amor... Ya está, estamos juntos, tranquila, estaremos bien... —y le empezó a besar la cabeza.

Luego de un momento, Betty logra tranquilizarse y logra decirle lo que tanto tiempo quiso volver a decirle.

—Lo amo, don Armando...—

Armando siente que volvió a respirar, le levanta el rostro y mirándola a los ojos se acercó a ella y la besó.

El primer roce supo como si a alguien del desierto, luego de tanto tiempo, le dieran de beber. Supo a gloria bendita.

Pero ese roce no fue el único, porque el beso se transformó en apasionado, olvidando el tiempo-espacio en el que estaban.

Tenían un camino largo que recorrer, pero como había dicho Armando: tenían toda una vida juntos por delante, para poder aclarar lo oscuro y poder reencontrarse en cuerpo y alma.

FIN

Me hubiera encantado alargarlo, peeero hay veces que prefiero que queden cosas "flotando"...

Todo este fanfic nació a partir de una charla con mi amiga iloveanitaa por enojarnos con Armando por su actitud coqueta con Alejandra... Es que CONCHETUMARE ESTÁS CON MARCELA Y HACÉS COSAS QUE DAN DE QUÉ HABLAR CON ALEJANDRA Y ESPERA QUE BETTY CREA QUE LA AMA????? AAAAAAAA

PERO IGUAL LO AMAMOS JAJA

BYEEEEEE

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: 2 days ago ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora