EPILOGUE

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Soñó con Fred, o quizás no. Sería un recuerdo, o una pesadilla. Seguramente no soñó con nada, y solo era el dolor de la pérdida y del despertar sola en una camilla hecha de tela. Había muchas voces a su alrededor, pero todas tranquilas. Nadie gritaba, ni corría, ni nada estallaba por los aires. Sonreían, lloraban, pero estaban en paz.

— Buenos días — saludó Pomfrey—. Te has dado un buen golpe en la cabeza, pero estás bien.

— ¿Qué ha pasado?

Poppy sonrió, con los ojos centelleantes como dos estrellas.

— Todo ha acabado, Eden — anunció. En su uniforme blanco y rostro amable, Eden sintió que se trataba de un ángel—. Descansa, hemos pasado por demasiado hoy.

A lo largo de la mañana, medimagos de San Mungo llegaron para trasladar a los heridos más graves. Hicieron revisiones exprés, y como había caído inconsciente tras un fuerte golpe en la cabeza, fue trasladada de igual modo por el protocolo. Nadie fue con ella al hospital.

— Ha tenido suerte — explicó la medimaga, leyendo unos archivos—. La contusión fue leve, y hemos logrado curar el daño de su oído — leyó más archivos—. ¿Sabía que estaba embarazada?

— ¿Lo he perdido? — la mujer negó.

— Como le digo, es muy afortunada — sonrió—. Podrá irse mañana sin problema, queremos hacer antes un par de pruebas por el embarazo.

Esa tarde de visitas, mientras el hospital se llenaba, Eden salió al jardín y se sentó sola en un banco alejado. Afortunada. La medimaga había considerado que había sido afortunada de no haber muerto por una contusión. Sola, en el hospital, tras perder a su marido, su prima y Remus. Sin saber nada de su padre. Para ella, era afortunada por no haber muerto esa noche. Eden sentía que, al contrario, era una desgracia haber sobrevivido.

— ¿Señorita Prince? — un enfermero se acercó—. Tiene visita. En su habitación.

No se apresuró en volver. Podría ser un Weasley, o Azriel. No, Azriel no volvería ni a mirarle a la cara después de lo que había hecho. Después de envenenar de esa manera a decenas de personas. No cuando ya muchos de ellos estaban aceptando la derrota.

— Harry — murmuró, sorprendida. El Potter sonrió, mucho más limpio y arreglado que el día de la batalla. Entró a la habitación, y se sentó en la camilla—. ¿Qué haces aquí?

Extendió un frasco. Era el mismo pequeño vial que había visto en sus manos el día anterior. Eden lo tomó entre sus dedos, con curiosidad. Creyó que sería una poción, pero en el interior bailaban las hebras de un recuerdo.

— Es un recuerdo — explicó—. De tu padre. Quería que te lo diera, para que pudieras entenderle.

— ¿Mi padre? — Harry asintió—. ¿Cuándo te dio esto? ¿Entender qué? ¿Dónde está?

Entonces, Harry habló durante un largo rato. Explicó lo que eran los Horrocrux, la lealtad que siempre mantuvo su padre en Dumbledore, las tres reliquias y el verdadero motivo tras el asesinato del director. Fue difícil creerle, pero todo cobraba sentido. Eran las piezas que le faltaban para entender al fin el puzzle completo. Voldemort no solo ansiaba poder sobre el Ministerio y la sociedad, inmortal e indiscutible. Lo quería todo.

— Le mató — concluyó Eden, con voz temerosa—. El Señor Tenebroso le mató... No — se detuvo—. Él mismo se sacrificó. 

— Voldemort creyó que la varita le debía lealtad a él. Snape jamás le corrigió.

No quería volver a llorar delante de Harry. No delante de más pacientes, en ese hospital, pero el dolor que había permanecido en su pecho durante dos largos días estalló una vez más. Harry le dio espacio, y aseguró que con un mensaje, él iría a ayudarla. No estaba segura de si necesitaba la ayuda de Harry, solo que todo ese dolor acabara de una vez por todas.

𝗣𝗢𝗧𝗜𝗢𝗡 ━ 𝐹𝑟𝑒𝑑 𝑊𝑒𝑎𝑠𝑙𝑒𝑦Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora