Adeline tenía la mirada perdida en la bombilla de luz de su habitación. Habíamos conversado hasta que anocheció, pero desde nuestra plática en el pórtico ella se había mostrado más callada de lo usual. Yo la miraba recostada junto a ella. Admiraba que sea una mujer tan hermosa y tan buena, pero el vacío que sus ojos reflectaban me inquietaba y me ponía triste.
—¿En qué estás pensando? —pregunté.
Ella se tardó unos segundos en contestar, sin apartar la mirada de la bombilla.
—En Jon.
—Oh —es todo lo que pude contestar.
—Vaya, Landa. Pensé que después de tanto tiempo dejaría de extrañarlo. Al menos un poco. Pero no dejo de pensar en él... Lo extraño tanto.
—Está bien... tú lo amabas de verdad. No podemos impedirnos extrañar a quienes amamos, pero... tampoco podemos permitirnos detener nuestra vida.
—Haces que todo parezca tan fácil, cariño.
—Adeline... —dije con recelo acomodándome —¿No has pensado en volver a escribir? Estoy segura que eso te haría mucho bien...
—Landa, querida —dijo volviéndose para mirarme —, ya no puedo hacerlo más... La Adeline que escribía historias de amor se...
—Se fue con él —interrumpí —. Sí, ya sé. Pero no creo que eso es verdad. Tú don sigue en ti... sé que eres capaz. Sé que puedes hacerlo. Sé que no hay nada que no puedas resolver.
Adeline sonrió.
—¿Por qué tienes tanta fé en mí?
Sonreí al recordar lo que Tom me había dicho.
—Sé que nunca podrías decepcionarme.
Me fui del departamento de Adeline diciéndole muchas cosas bonitas y dándole ánimos, y ella sonrió auténticamente, pero sabía que en realidad seguía triste y que algo estaba mal. Casi no pude dormir por pensar en ella.
A la mañana siguiente, vi a Jenna al final del salón. No se había sentado en el pupitre de siempre, en medio de Eric y yo, sino que había escogido el último asiento apartado en el rincón... Aquel en el que me senté yo el primer día de clases. Lucía serena y desanimada mientras escribía en silencio en su cuaderno. Después levantó la vista y ambas nos miramos. Eric llegó en ese momento y pasó junto a mí. Me miró, luego miró a Jena y se sentó en silencio en su lugar. Ella volvió la vista hacia mí, se encogió de hombros y suspiró. Se veía triste, así que decidí acercarme y hablarle, pero en ese momento el profesor William entró y tuve que ocupar mi lugar.
Durante la clase miré a mis amigos. Eric y Jena lucían tristes, y no sé cómo habían sucedido las cosas, pero a pesar de lucir así, ambos decidieron ignorarse y mantenerse apartados. Incluso Niko, quien se mostraba indiferente para casi todo, me lanzó un par de miradas de compasión por ellos. Anna también lamentaba su ruptura, porque después de todo Jena y Eric habían sido sus amigos desde hace tanto, pero aquella mañana parecía no haberse percatado de la tensa situación. Llevaba una sonrisa en el rostro mientras tomaba apuntes sobre lo que el profesor decía. Lipe me había contado que Anna había estado saliendo con Simon Riggs y aún no entendía por qué alguien como ella querría salir con alguien como él. Lucía feliz, y sabía que debía alegrarme porque Anna se merecía estarlo, pero un mal presentimiento no me dejaba.
—Sí, podríamos decir que la felicidad es relativa —decía el profesor William —. Lo que unos les causa desdicha, para otros es una fuente de inmensa felicidad... Pero por supuesto, todos podemos encontrar cosas que nos hagan felices. Todos somos capaces. Hay cosas que tenemos, pero no valoramos. Sobre todo creo que es importante valorarnos a nosotros mismos. Somos capaces de hacer más de lo que sospechamos, e intentar superarnos nos vuelve afortunados. Si miramos a nuestro alrededor detenidamente, nos daremos cuenta de que hay tantas cosas que nos vuelven felices; y si bien no son la fuente de nuestra felicidad completa, son fragmentos esenciales que nos ayudan a completarla. Nuestra familia, un lugar, un amigo muy querido... Incluso nuestros anhelos y sueños forman parte de lo que nos hace felices. Tener un sueño nos hace muy felices, por más pequeño que pueda ser. Soñar no es malo... No se impidan soñar. Todos debemos confiar que somos capaces de hacer eso que nos hace felices.
Aquello me hizo pensar mucho. Había tanta gente que necesitaba creer en ella misma. Pensé en Dwayne, quién quería ser guitarrista. Pensé en Dottie, quién había nacido para pintar. Pensé en Libby, que tenía miedo de hacer amigos. Pensé en mí misma que no creía ser lo suficientemente buena para escribir un libro. Pensé incluso en el mismo William, que había dejado que su pasado lo ponga triste en el interior. Pero sobre todo, pensé en Adeline... que había decidido dejar de intentarlo.
La campana sonó y todos salieron, y una vez más me quedé mirando cómo el profesor guardaba sus cosas, mientras pensaba en todo lo que había dicho. Entonces sonreí.
—Profesor —dije acercándome.
—¿Cómo va todo, Landa?
—Supongo que va bien...
—Me alegra.
—Escuche, yo... —dije mirándolo —bueno yo... quería invitarlo a salir.
Él me miró con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
—¿A salir?
—No, no, no. No me entienda mal... En realidad espero que no se moleste, y no lo tome a mal... pero... hay alguien a quien me gustaría mucho presentarle.
El profesor levantó una ceja y sonrió.
Landa.
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Holanda.
ChickLitLanda es una chica tímida e insegura que nunca tuvo mucha suerte para destacar. En su intento por empezar de nuevo en pueblo diferente, descubrirá que tiene el don de arreglar la vida de las personas, convirtiéndose así en una heroína secreta. Lo q...
