¡Soy muy feliz!
Hoy cuando desperté, me descubrí abrazando a Tom, quien dormía silenciosamente sobre mi pecho.
Podía recordarlo todo sobre anoche. Él me había quitado los pantalones, y luego se quitó la camiseta. Ya lo había visto sin camiseta en el lago, pero ahora estaba muy cerca de mí y podía tocarlo. Él se deshizo de mi camiseta, y me acarició la cintura mientras me besaba el cuello. Después se bajó los pantalones, y me recostó sobre su cama.
—Espera... —lo detuve cuando estaba a punto de quitarme la ropa interior.
—¿Quieres que me detenga?
—No, no quiero. Pero tengo miedo.
Él me miró fijamente a los ojos sin sonreír.
—Yo ni siquiera había besado a nadie antes de tí —continué —y... esto... bueno...
—Oye —dijo él tomándome de la mejilla —. Está bien. No debes tener miedo. Te amo, Landa. Y quiero cuidar de ti. No voy a hacerte daño. Pero está bien si quieres parar.
—No, no quiero parar. Estoy... muy nerviosa.
—Yo también —sonrió por fin —. Hagamos esto juntos.
Asentí, y yo misma me quité el brasier. Él me miró de la misma manera en que me había mirado en el lago. Como si de verdad me estuviera observando con detenimiento. Por un segundo me sentí incómoda, pero él volvió a besarme y a abrazarme. Nos quitamos lo que nos quedaba y nos recostamos sobre la cama. Podía sentir sus manos acariciando mis piernas y mi torso. Podía escucharlo suspirar y decir que me amaba. Fue todo lo que nunca imaginé.
Después de eso, nos quedamos en silencio, escuchando la respiración del otro en medio de la oscuridad.
—Hola —Tom me había sacado de mis pensamientos y ahora me miraba con una sonrisa —¿En qué piensas?
—En tí.
Él me dió un beso cariñoso en el cuello.
—Quisiera estar contigo todo el día —dijo —. Ojalá no tuvieras que irte.
Irme.
—¡Dios mío! ¡¿Qué hora es?! —dije tratando de quitarlo de encima y levantarme, pero solo conseguí tirarlo de la cama, y él tratando de evitarlo, se aferró a mí tirándome con él.
—Dios mío, jovencita. Tan temprano y ya quieres empezar otra vez.
—Tonto —dije apartándome de él para buscar por el piso —, ayúdame a encontrar mi ropa.
—¿No quieres desayunar? —dijo cruzándose de brazos sin intenciones de levantarse del piso.
—¿Eh?
—Ya estás aquí. Pasaste toda la noche aquí. Podrías quedarte a desayunar. A Sam le encantaría desayunar contigo.
—¡Sam! ¡Él...!
—Tranquila —dijo Tom acariciando mi mejilla —. En realidad aún es muy temprano. Si se hubiera despertado habría corrido hasta aquí a saludar. Es lo primero que hace en las mañanas.
¡Qué vergüenza! Anoche olvidé totalmente que Tom y yo no estábamos solos. Sam dormía al otro lado del pasillo. Quizá no pensaría nada si me veía en la cocina cuando despertara. Aún era muy pequeño para entender lo que pasaba. Ni siquiera yo lograba entender lo que había pasado.
—Ten —dijo Tom alcanzándome mi camiseta —. ¿Te gustan los panqueques?
—¿A quién no le gustan? —sonreí.
ESTÁS LEYENDO
Holanda.
Chick-LitLanda es una chica tímida e insegura que nunca tuvo mucha suerte para destacar. En su intento por empezar de nuevo en pueblo diferente, descubrirá que tiene el don de arreglar la vida de las personas, convirtiéndose así en una heroína secreta. Lo q...
