—Profesor William —digo parada junto a la puerta y dándole unos golpecitos para llamar su atención.
—Oh, Landa. Pasa por favor.
Sí, ahora el profesor y yo nos llamamos por nuestros nombres. Para ser sincera, ya era hora. Estaba cansada de que todos mis compañeros sean llamados por su primer nombre mientras yo era la "señorita Font".
—Aquí está... mi libro favorito —digo con una sonrisa mientras le extiendo el libro.
—Muchas gracias, Landa —dice devolviéndome la sonrisa.
Me giro para retirarme pero el profesor me habla.
—Eh, Landa. ¿Te importaría hacer otro ensayo? Quiero comprobar que tan buena eres.
—Seguro, profesor. Pero ¿podría darme algo de tiempo? Aún estoy leyendo un libro.
—Por supuesto, tráelo cuando estés lista.
—De acuerdo —digo y me retiro.
Realmente estoy contenta porque un profesor aprecie mi esfuerzo. En la ciudad, ni siquiera los maestros me tomaban en cuenta.
Al salir del colegio me doy cuenta de que mi hermano estaba deteniendo el autobús para que no vaya a irse sin mí.
—¡Landa! ¿Te importaría apresurarte?
Entonces yo corro hasta el autobús que arranca apenas pongo el pie en el escalón. Dane me da la mano para que no vaya a caerme y después me voy hasta atrás, donde las miradas de 'por tu culpa tuvimos que esperar un buen rato' no puedan alcanzarme.
El autobús nos deja enfrente de la granja y Dane y yo caminamos hasta la casa.
—Hola, mamá —saludamos.
—Creo que les gustara ver lo que su padre trajo —dice con el rostro sonriente.
Dane y yo nos miramos y salimos corriendo al patio. Si algo nos gustaba a ambos, definitivamente eran las sorpresas. Ambos nos quedamos con la boca abierta al ver lo que encontramos.
—¡Papá, es precioso!
—Si que lo es —dice mientras le acaricia el lomo.
Entonces papá monta al hermoso caballo café y lo hace caminar rodeándonos. Dane y yo reímos emocionados.
—¿Podemos montarlo? —dice Dane ansioso.
—Por supuesto —dice papá bajándose.
Dane se sube sobre él con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba muy contento porque de niños solíamos ir al parque donde había un pequeño establo y la gente podía montar a los caballos y cabalgar por el parque. Dane era muy bueno y le encantaba. Yo siempre tuve miedo de caerme y nunca me subí sola, siempre debía hacerlo con mi hermano.
—Sube, Landa —dice Dane después de haber dado algunas vueltas alrededor de la casa.
—Por supuesto —digo feliz.
Dane me ayuda a subir y me siento detrás de él. Entonces tira la las cuerdas y nuestro amigo empieza a correr. Yo abrazo a mi hermano para no caerme y grito divertida. Ambos empezamos a reír mucho. Todo fue muy emocionante.
Después de un largo paseo, Dane y yo nos bajamos porque caímos en cuenta de lo hambrientos que estábamos, y mientras llevábamos al caballo al establo empezamos a platicar.
—¿Qué nombre vamos a ponerle? —le pregunto.
—No lo sé. Lo pensaré... —dice mi hermano con una sonrisa.
Yo asiento y acarició las orejas del caballo.
—Oye, Landa ¿qué hacías en el teatro hoy? —pregunta con una mirada suspicaz.
—¿El teatro?
—Sí, te vi entrar hoy. Estabas con Lipe.
—¿Cómo sabes quién es Lipe?
—Está en mi clase. Pero no me cambies el tema...
Yo sonrío y miro mis zapatos mientras camino.
—Landa ¿estabas buscando al chico de la nariz?
Era gracioso llamarle así, ya que todos los chicos tienen nariz, pero mi hermano y yo sabíamos exactamente ese contexto de "nariz". Solté una risita tonta.
—Landa... —dice Dane casi como reprocho.
—No lo estaba buscando, Dane. Estaba acompañando a Lipe a buscar... algo...
Mi hermano me mira y sonríe.
—Mientes.
—No estoy mintiendo, Dane.
—Claro que sí. Cuando mientes o te pones nerviosa miras en otra dirección como tonta.
Qué bien me conocía mi hermano.
—De acuerdo, para serte sincera no sé por qué estaba en el teatro... Lo ví, pero estoy segura de que no lo buscaba a él. El tipo me asusta.
Dane se ríe.
—¿Qué?
—Nada.
Empezamos a caminar hacia casa y el sol empezaba a ocultarse.
—Landa, ¿alguna vez te habías enamorado?
—¿Qué insinúas? —digo casi molesta.
—Nada, nada. Era sólo una curiosidad.
Yo vuelvo a mirar a mis zapatos.
—Landa.
—¿Qué?
—¿Te habías enamorado?
Yo espero unos segundos.
—No —digo casi en un susurro.
Mi hermano me sonríe y me abraza de lado, y caminamos abrazados hasta llegar a casa.
Landa .
Martes, 11 pm
Víctor a empezado a enamorarse de Laura en "La manera más difícil de amar". Aunque el no lo quiere admitir, es más que obvio. La mira recoger flores en el campo desde su ventana, la invita a dar paseos largos por la orilla, la sueña por las noches, y la ha invitado a bailar. Víctor está preocupado, porque realmente no quiere enamorarse de ella, pero es casi inevitable.
El amor es muy extraño. Casi nunca sabes cómo empieza ni mucho menos cómo va a acabar, pero siempre sabes cuando ya ha acabado. Este es el sentimiento más difícil de entender y más complejo de definir. Pero sobretodo, es inevitable. Y aunque muchas veces "sentir amor" es maravilloso, casi siempre terminas lastimado. Es por eso que dicen que el corazón es la cosa más dolorosa para compartir.
Landa.
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Holanda.
ChickLitLanda es una chica tímida e insegura que nunca tuvo mucha suerte para destacar. En su intento por empezar de nuevo en pueblo diferente, descubrirá que tiene el don de arreglar la vida de las personas, convirtiéndose así en una heroína secreta. Lo q...
