17- No salgas corriendo

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Habían pasado tres semanas desde aquel reencuentro. Natalia y Alba coincidían en el bar cada día, y empezaron a entablar conversaciones sobre sus familias, sus intereses y sus proyectos. Fue así como Natalia descubrió que Alba no era la hija única de Rafi, si no que tenia una hermana estudiando en Londres, Marina; que se había preparado para entrar en la facultad de Bellas artes durante cuatro años intensos a pesar de que llevaba dibujando desde que era una cría, y que amaba lo que hacia por encima de todo. Descubrió que le gustaba leer, el cine subtitulado y que para nada era tan torpe o tan ingenua como los demás parecían creer a simple vista, por el contrario tenía un espíritu noble y con grandes ansias de libertad, su sueño era viajar y seguir aprendiendo, poder emocionar con lo que hacia y ser capaz de retratar el mundo con la emoción con que ella lo sentía. A la morena el mundo le parecía maravilloso visto a través de sus ojos, las cosas cotidianas las narraba como si fueran lo más especial del mundo y le costaba trabajo no sonreír cuando estaba a su lado. Todo era de color para ella, no había dobleces en su forma de ser ni malos pensamientos. Si se enfadaba alguna vez, no lo parecía, y cuando algo no le gustaba solía callar y desaprobarlo con rígida mirada en lugar de estallar como sin duda Natalia haría. El tiempo pasaba volando cuando estaba a su lado, y le era fácil muy fácil no tener las barreras levantadas cuando estaba con ella. Simplemente se sentía cómoda, un sentimiento que empezó a desvanecerse a medida que se alejaba de sus trece años y que con Alba volvía a retomar como por arte de magia.

-         Nat.... Échame una mano –le pidió Alba desde el pasillo-.

-         ¿Pero que traes ahí? ¿la biblioteca entera? –le preguntó cogiéndole una de las cajas que llevaba en los brazos-.

-         Jajaja... Casi. Les he mangado las revistas guarras a los del bar de enfrente –soltó Alba por lo bajo para ver simplemente que cara ponía-.

-         ¿lo dices en serio? –Nat se quedó de piedra en un segundo, pero en cuanto vio que Alba se empezaba a reír entendió que se estaba quedando con ella- ¡Serás mentirosa!

-         Jajajajaja... tendrías que haberte visto la cara –se descojonaba la rubia por su propia ocurrencia-. Vamos, como que no te hubiera gustado echarles un vistazo conmigo de haber sido cierto.

Aquello fue ya demasiado. Natalia aprovechó que soltaban las cajas para empezar a torturarla haciéndole cosquillas.

-         Serásssss....... –masculló echándole encima el guante -. Cuantas veces te tengo que decir que el que juega con fuego....

-         Jajajaja... Pues quiza ya me queme un poco.... Jajajaja... el dia de la pelirroja esa .... –Alba solía pincharle recordando aquella anécdota, pues había descubierto que se ruborizaba cuando se lo recordaba y le encantaba ver aquel sentimiento en su rostro. Le parecía muy tierno. Claro que eso sí que no se lo decía-.

-         ¿y tu qué hacías mirando?... ¿eh? –se defendió Natalia, con mirada provocativa.

- ¿Qué otra cosa iba a hacer?... No te escondías precisamente –le soltó Alba que ya no podía retroceder más para que dejara de hacerle cosquillas-.

-         Mira que eres mala conmigo –le dijo Natalia deteniéndose para por fin liberarla y recobrar el aliento-.

-         Eso supongo que depende de los ojos con que lo mires –le contestó con una dulce sonrisa -.

Sin darse cuenta ambas se habían quedado muy juntas. Alba ya estaba contra la pared, Natalia a dos escasos pasos de su cuerpo. En cuanto se dio cuenta de que se estaba quedando embobada mirando sus labios, Natalia recobró el control y se separó de ella.

That was then... // AlbaliaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora