Amsterdam.
Era sábado por la mañana y Alba ya llevaba varias horas trabajando en el estudio sobre uno de sus cuadros. Mientras retocaba los sutiles matices de color carmesí, las insinuaciones de Natalia volvieron a su mente. Al principio simplemente no había entendido lo que quería decirle, luego el tono de su novia había sido mucho más tenso y Alba comprendió que eran celos. Le resultó curioso. ¿Cómo una palabra con connotaciones tan negativas como violencia, maltrato o nulidad, podía a la vez despertar en una persona ese sentimiento satisfactorio de pertenencia, esa sensación de importarle tanto a alguien que provocaba miedo a la perdida? Sí, Alba se había sentido feliz por ver el reflejo de lucha en Natalia cuando había sentido celos hacia Julia y le había advertido de que aunque no lo viera, sospechaba que siempre había estado interesada en ella. Se había sentido importante para alguien y su autoestima había dado un salto apenas sin contención, pero ahora que reflexionaba sobre los celos en su cabeza también vio nítido el fuego y lo devastador de ese sentimiento de impotencia que ella misma había experimentado no hacía mucho hacia la morena sólo de pensar en que estuviera en otros brazos. "Que extraño y complejo el ser humano", pensó. Era tan nueva para ella esa explosión tan física de sentimientos, que apenas llegaba a entenderla muy bien del todo. Por supuesto sabía que jamás sería capaz de usar la violencia si alguna vez alguien le robaba el amor de Natalia o simplemente se cansaba de ella, sabía que la dejaría marchar, y aún así el dolor sólo de aquel pensamiento hizo que dejara el pincel por un momento y se limpiara las manos con un trapo nerviosa. La quería tanto que incluso el temor a lo posible la devastaba y aquello sin duda, aún le aterraba más, ser tan consciente de su dependencia hacia ella le hacía replantearse muchas cosas.
"Es ridículo, aunque la perdiera jamás me dejaría morir de amor", pensó para tranquilizarse, pero lo cierto era que pensamientos como aquellos jamás hubieran cruzado por su cabeza si no fuera por Natalia. Si plantearse todas esas dudas, si tener esos miedos y tener que afrontarlos para no convertirse en otra persona a la que apenas conocía, era estar creciendo como le había dicho Laura, tenía que reconocer que era una mierda, pues su vida era sin duda mucho más alegre y despreocupada antes de enamorarse.
- ¡Hola! –la saludó Julia desde el quicio de la puerta-.
Alba volvió a la realidad un poco aturdida. Durante un minuto eterno se quedó clavada mirando a la andaluza sin acabar de situarla. Desde hacía unas tres semanas Laura le había propuesto dejar la residencia donde le había ubicado la facultad y compartir piso con ellas para que no se sintiera sola. A fin de cuentas, pasaban casi todo el día las tres juntas cuando no estaban trabajando o estudiando.
- ¿Qué haces despierta tan temprano? –pronunció la rubia-.
Julia la miró extrañada, la había sorprendido seria mirando al vacío y tenía la impresión de haber interrumpido algún pensamiento importante.
- ¿Y tú? Son sólo las ocho de la mañana... ¿cuánto llevas despierta? –le contestó con otra pregunta-.
- No podía dormir, así que me puse a trabajar un poco, me queda por terminar este cuadro para la exposición en Florencia. El de París lo envié la semana pasada, pero con éste voy con retraso –volvió a centrarse Alba dejando aparcadas aquellas absurdas divagaciones del ser que no le llevarían a ninguna parte. "Lo importante es el presente", se dijo-.
Volvió a coger el pincel en su mano y puso su concentración en el cuadro. Julia la observó un momento, y luego se acercó un poco a mirar lo que estaba terminando. Los trazos eran exquisitos. Una amalgama de líneas finas y de colores en espiral trepaban por la silueta de unas piernas de mujer de tez blanquecina, luego el tronco de la mujer se contorsionaba no dejando visible el rostro y una capa de sombras azules la envolvía como en un abrazo... "¿Cómo ha conseguido que los azules parezcan cálidos?", estaba muy impresionada. La figura central de su cuadro recordaba a los desnudos femeninos realistas de segunda mitad del siglo XIX, y en concreto aquella palidez de piel tan conseguida en su textura le trajo a la memoria las mujeres del pintor norteamericano Jeremy Lipking. Era simplemente increíble que alguien de apenas 20 años fuera capaz de alcanzar tanta perfección en técnicas como aquella, y además darle ese aire contemporáneo con colores vivos sin romper la armonía o composición de la obra. Sin darse apenas cuenta Julia se quedó sin aliento atraída por la sensualidad que iba descubriendo a medida que trepaba por las femeninas piernas de la mujer sin rostro que había pintado su amiga. Alba se detuvo cuando notó que la otra se acercaba extasiada hacia el cuadro. Sonrió.
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That was then... // Albalia
Fiksi PenggemarNuevo Fanfic Albalia, espero que os guste, nos leemos!! Alba quedó inmediatamente hipnotizada por la belleza de la silueta... sus piernas largas y delgadas, descansaban una en semiflexión sobre el taburete y la otra apoyada en vertical en el suelo...
