72- Malentendidos

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Pese a las primeras reticencias, Natalia se sintió bastante cómoda con la compañía. El local donde habían hecho la reserva, era una tasca modesta y pequeña, prácticamente vacía a aquellas horas de la noche. La galería había cerrado cerca de las once y media, y aunque Rafi y Víctor habían picoteado bastante en la inauguración, se unieron a ellas en la mesa conduciendo sin darse apenas cuenta, las conversaciones.

-       Si lo llego a saber no picoteo tanto –se quejó Rafi a su hija por lo bajo-.

Ella sonrió.

-       ¿Quieres? Ya te dije que después cenaríamos –le contestó su hija-.
-       Ya, ya lo sé, pero no pensaba que ibas a servir todos esos canapés, tan bien presentados y bonitos. Me ha sido imposible no probarlos todos, parecían sacados de una revista gourmet –reconoció-. Aunque esos huevos rotos tienen una pinta...
-       Jajajaja... Te lo vuelvo a repetir, ¿quieres? –conocía a su madre, sobretodo cuando ponía esos ojitos de cordero degollado. Desde que salía con Víctor, había adelgazado, y se cuidaba muy mucho de abusar de alimentos poco cardiosaludables a pesar de que Víctor nunca le había dicho nada-.
-       No, no, déjalo. Cómetelos tú que te hacen más falta –terminó desistiendo su madre-. Mírate, cada día estás más flaca, aunque con ese ajetreo de vida que llevas y esas deshoras en la alimentación, no me extraña nada.
-       Ya vamos a empezar, monotema al canto –se quejó Alba poniendo los ojos en blanco. Ni los huevos se iba a poder comer tranquila-.

Laura se rió tras aquello, porque era cierto que la alimentación de la chica era el tema preferido de su madre cuando se veían.

-       Entre las dos me vais a volver loca. Sabéis que os digo... -Alba mojó sus huevos con pan y se llenó de pleno la boca con ellos, ante la mirada de la profesora y su madre-. ¡Ala... ya... está!

Laura y Rafi se miraron, y las dos se pusieron a reír. La escena atrajo la atención del resto de la mesa, que vieron como a la rubia le costaba hablar con la boca llena y una sonrisa en los ojos.

-       Esta niña, es una bruta –comentó su madre aún riendo-.
-       Ya lo creo que lo es. A ver si ahora te atragantas –le advirtió la otra mujer-.
-       Me tenéis hasta las "pelotas", y eso que no tengo... así que ya lo tenéis bien –les soltó sacando carácter, aunque sonreía mientras se limpiaba con la servilleta-.
-       ¡Ay, pobrecita ella! –le dijo Laura burlona, y sin previo aviso atrapó la cara De Alba con una mano y la besó en la boca-.

A Natalia se le escurrió el tenedor de la mano ante aquello, y el ruido sobre el plato interrumpió el íntimo gesto.

-       ¡Oh! ¡lo tengo! Se me ha escurrido, lo siento –se apresuró a hablar, viendo que todas las miradas se habían concentrado en ella-.

Natalia estaba segura de que se había puesto roja, pero se negó cualquier posibilidad a sí misma, de mostrarse afectada o perpleja. Bea deslizó una mano sigilosa por su muslo bajo la mesa.

-       Cariño, quizá deberías hacer como Alba y pasar de los cubiertos –le sugirió Bea mirándola con ternura, luego se dirigió al resto de la mesa-. Seis años en aldeas africanas no se olvidan de la noche a la mañana. La practicidad de sus costumbres os sorprenderían.

"Cariño... seis años....", el corazón de Alba empezó a sufrir pura taquicardia al escuchar tales palabras. Sus ojos buscaron sin disimulo los de la morena , llenos de preguntas mudas. Por suerte para ella, Laura estaba de su lado.

-       ¿Seis años? ¡Buah!  Yo no sé si podría, pero me parece apasionante el conocer otras formas de vida, otras culturas. Y dime Bea, ¿os conocisteis allí? ¿lleváis mucho tiempo juntas, Natalia y tú? –entró a bocajarro Kate, con toda la naturalidad del mundo-.

Bea miró directamente a aquellos ojos marrones, a pesar de ser inmensamente claros, escondían demasiadas cosas, y la comisura de sus labios se alzaron con picardía antes de contestar.

-       En realidad ella y yo nos conocimos en su último año de carrera. Tuve un caso de una niña representada que participaba en uno de los concursos de talentos de Noemí en el Bar Galera y Natalia colaboró a modo de oyente y con la parte de documentación, ...

Rafi miró a su hija cuando sintió la inquietud de sus piernas por debajo de la mesa. Su rostro estaba inexpresivo, pero la ferocidad de su mirada taladraba a Natalia. Bea siguió hablando.

-       Un año después volvimos a coincidir en Sudáfrica. Me hicieron coordinadora de su proyecto, y pasamos dos años intensos recorriendo los poblados. La amistad se tornó en confianza, y bueno, luego vino lo demás –explicó con sencillez Bea. La morena y ella se miraron en aquel punto, y Alba vio como ella asentía regalándole una sonrisa tímida a aquella desconocida que parecía tener en sus manos el corazón de su "ex".
-       ¡Vaya! O sea que lleváis de novias, ¿siete, ocho años? –Laura no pudo evitar hacer la pregunta, la cual le salió tan espontánea como un estornudo-.

Bea se rió, Laura podría tener ¿qué?, ¿cuarenta? ¿cuarenta y tantos? Sin embargo la expresión de su rostro cuando interactuaba y su naturalidad al hacerlo recordaban a la celeridad y ansias de una adolescente.

-       Sí, bueno, en realidad yo no catalogaría lo nuestro como "noviazgo"... -empezó a explicarse Bea, pero la voz de Natalia la cortó en seco-.
-       En realidad estamos prometidas. ¡Vamos a casarnos!

La voz de la morena sonó tan rotunda, como la patada en las entrañas que sintió Alba al escucharlas. El silencio se hizo palpable, y durante unos segundos, ninguna de las dos apartó la mirada de la otra en una especie de pulso que no pasó desapercibido para ninguno de la mesa, ni siquiera para Víctor que era el menos puesto en el tema.

-       ¡Oh, enhorabuena! –las felicitó éste último, entendiendo que era lo correcto dado el caso-.
-       Muchas gracias –le contestó la morena-.
-       ¿Y para cuándo la boda? Si puede preguntarse –añadió Víctor-. ¿No me digáis que por eso estáis en España? Si no me equivoco Holanda también reconoce los matrimonios entre parejas del mismo sexo, ¿no? –preguntó Víctor, que buscó el asesoramiento de las tres mujeres que estaban a su otro lado-.
-       Sí, fue uno de los países pioneros –le contestó Laura, más retraída tras la noticia-.
-       Bueno, en realidad estamos en España por Noemi–añadió Bea, en un intento de cambiar la conversación-.
-       ¿Por  Noe ? –preguntó esta vez Rafi-.
-       Sí, insistió para que viniéramos –contestó Bea, y a pesar de no tener muy claro si su chica querría o no que lo dijera, continuó hablando-. La verdad es que acaban de proponerle a Natalia que dirija el bar Galera, por eso estamos aquí –añadió-.

Rafi se llevó las manos a la boca de la sorpresa y también de la alegría. Dejando a un lado su papel como madre, como profesional, tenía que admitir que se merecía un ascenso como aquel.

-       ¡Oh, Dios mío! ¿La dirección general? ¿En serio? –no pudo evitar que se le notara la emoción-

Natalia le sonrió agradecida, aunque aún no había decidido qué hacer, y así lo expuso.

-       Aún no he aceptado. Ha sido todo muy reciente y muy inesperado. La situación es... -miró a Bea que asintió a su lado-, complicada, pero vamos a pensarlo.

En cuestión de segundos, la conversación en la mesa giró entorno a la posibilidad de que Natalia volviera a ser plantilla del local. Todos la felicitaron a pesar de que la decisión no estaba tomada, incluida Alba, que poco a poco se fue alejando a un silencioso segundo plano, mientras Rafi, Víctor, Bea y Nat conversaban sobre la propuesta y las intenciones de Noemi al apostar por traerla de nuevo a sus orígenes.

-       Voy a encargarme de la cuenta, ahora vuelvo  -le dijo a Kate Laura al oído, para no interrumpir al resto-.

Ella atrapó la mano de la chica sobre su hombro, y Alba se sintió obligada a mirarla a los ojos. Sonrió sin mucha confianza en sí misma, y luego apretó con suavidad el hombro de la mujer que finalmente la liberó. Natalia no pudo evitar estar atenta a la escena que ambas protagonizaron, y vio como la mujer miraba a Alba alejarse, para después volver a integrarse en el grupo. En aquel momento los ojos de ambas se anclaron por encima de cualquier conversación. Había algo tenso en los ojos de Laura, y ella terminó apartando la mirada dejando pasar el momento. Laura cogió su copa de vino y se limitó a beber pequeños sorbos mientras escuchaba al resto de la mesa.

That was then... // AlbaliaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora