Apartamento de Natalia.
A pesar del silencio que había mantenido durante todo el trayecto, Bea continuó pacientemente cediéndole espacio cuando al llegar a casa, Natalia le indicó que le apetecía darse un baño antes de acostarse.
- Aún me siento algo mareada por la bebida. ¿No te importa que tome un baño, verdad? –le había dicho-.
- No, ve... tranquila –le contestó Bea-.
Y tras un beso que nada tenía que ver con los de aquella mañana, la había dejado encerrarse en aquel habitáculo al que no estaba invitada. Bea encendió la luz de la cocina, y buscó en el armario alguna infusión que prepararse. Mientras esperaba a que el agua hirviera sus pensamientos volaron muchos años atrás.
"República del Congo. Likouala.
- Soy Bea, estoy buscando a la señorita... la maestra de música , ¿los niños? –trató de hacerse entender Bea a un grupo de mujeres que estaban trasvasando agua-. ¿Allí? Gracias.
Bea agradeció las indicaciones y siguió su camino en busca de Natalia. A pesar de que la central ya había comunicado a la chica que le habían cambiado de supervisor, Bea no había dejado que le anunciaran que sería ella misma su superiora a partir de ahora. Secretamente esperó que la sorpresa por el cambio, fuera bien recibida por la chica.
Anduvo unos cuantos metros, y luego giró a la derecha, de pronto se encontró con una de las tiendas de Músicos sin Fronteras, y vislumbró a Natalia ayudando a una mujer embarazada. Bea se detuvo para contemplarla en la distancia, se apoyó en uno de los árboles, y contempló a aquella joven de pelo negro sonreír a la mujer que había atendido, mientras se defendía en su dialecto para hacerle saber al menos que su bebé estaba bien. La nativa apretó las manos de la joven con afecto y gratitud, mientras sus otros tres hijos revoloteaban cogidos a sus piernas. La morena se sintió agradecida sólo con la sonrisa de la mujer, pero su rostro mutó de la serenidad al vacío, en cuanto se quedó a solas.
- Tan profesional y tan refugiada tras sus muros como siempre –pensó Bea en aquel momento-."
El silbido del agua hirviendo sacó a Bea de sus pensamientos. Se preparó la infusión y se sentó en el sofá a esperar a que saliera del baño. Tenían que hablar de lo ocurrido, y Natalia no se lo pondría fácil.
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Casa De Alba.
Laura dejó a Rafi y Víctor con el coche, y luego llevó a Alba hasta casa. Había detectado los síntomas mucho antes de que fueran visibles, pero aún así dejó que abriera la botella de champán, y soltara aquel discurso entusiasta sobre el éxito de la inauguración de aquella noche.
- Todo ha salido a pedir de boca, eh Lau. Los medios han estado súper receptivos... no... no... lo digo en serio. Las entrevistas que me han hecho han sido estupendas, había una pregunta... ¿cómo era?... Bueno, no me acuerdo, pero por un momento, estuve a punto de quedarme en blanco... jajaja.. Ya no recordaba como era la picaresca española, y me ha resultado muy refrescante. No como aquel... ¿cómo se llamaba? ¡Ah sí! Herry Cors... ese hijo de puta si que fue a saco con su vena más conservadora –masculló, mientras ella la observaba danzar por el salón vaciando la botella que llevaba empuñada en la mano, trago tras trago-.
La dejó desahogarse, mientras hablaba y hablaba sin llegar a ninguna parte, hasta que el cariz de su discurso empezó a enervarse, entonces supo que ya había bebido suficiente por aquella noche. Se levantó del sofá, y con cariño se hizo con la botella que Alba soltó algo aturdida, pero sin resistencia.
- Ha sido un día muy largo, será mejor que te acuestes y descanses –le sugirió mientras cerraba el champán y lo metía en la nevera-. Mañana vendré a ver como llevas esa resaca.
No la vio acercarse, pero supo antes de girarse que estaba a su espalda. Igual que supo antes de que la tocara, lo que buscaba de ella, y a lo que iban a enfrentarse. Se irguió, y cerró los ojos cuando las manos De Alba se deslizaron por su espalda.
- Alba, ¿qué crees que haces? –le preguntó girándose-.
- Quédate esta noche –le pidió agachando la cabeza. No quería mirarla a la cara, sabía que si lo hacía, sus ojos la frenarían. Rebuscarían en sus entrañas, le exigirían respuestas cuyas preguntas no deseaba hacerse. No aquella noche-.
Las manos de la rubia empezaron a desabrochar la camisa de la otra, un botón, luego el otro... cerró los ojos cuando la mano de Laura alzó su barbilla para que se miraran.
- Abre los ojos –le pidió-.
Alba negó con la cabeza, y se zafó de su mano. Desabotonó más rápido su camisa y buscó su piel desnuda con los labios. Laura acarició su pelo con cariño, en su memoria se reactivó el dolor y la angustia de una etapa en la que casi estuvieron a punto de perder a Alba. De pronto la calidez de aquellas manos que conocía, liberaron uno de sus pechos del sostén, y ella sintió el ansia de sus labios succionando un tipo de amor, que nunca podría darle. En aquel instante, supo lo mucho que la chica sufría. Todo vuelve a alcanzarnos en esta vida, no importa lo mucho que se corra o lo lejos que se huya. Hundió sus dedos en la nuca desnuda de la rubia, y aprisionó aquella boca necesitada contra su seno mientras depositaba un beso en su cabeza, esperando, esperándola. Las respiraciones se aceleraron, y las exigencias crecieron en Alba como las de una fiera que no encuentra salida. Laura agarró sus manos impidiéndole las necesidades que sentía, hasta que casi la escuchó rugir por no poder desabrochar sus pantalones. Luego la atrapó entre sus brazos conteniéndola.
- Ya hemos pasado por esto –le susurró apaciguadora-.
- No, Lau... ¡No! –Alba no quería escucharla, no quería, y se revolvió entre sus brazos con una fuerza que a ella, pese a ser más alta, le costó controlar-.
- Shhh... -trató de serenarla sin soltarla-.
- ¡Mierda, Laura! ¡No soy una niña! ¡HE DICHO QUE NO! –gritó forzando su liberación, y en menos de un segundo atrapó bruscamente la boca de la mujer, que del impulso se vio acorralada contra la nevera de acero inoxidable-.
Por un momento, Laura se vio arrollada por el torbellino en que Alba se había convertido con el paso de los años. Sus labios, su lengua, sus manos... sus manos.Ella había luchado mucho por aquellas manos, única vía de salida con la que expresaba realmente quién era, lo que sentía. Recordó a aquella estudiante de ojos alegres, vivos e inocentes, que cruzó su despacho en primero de carrera. A simple vista tan serenos, tan tranquilos, y sin embargo, detectó al segundo que eran tan profundos como lo que guardaban latentes.
La mano de Alba se coló en sus bragas haciéndoles gemir a ambas. "Dios, siempre olvido lo rápida que eres", pensó tras su ausencia, y reaccionando al fin, cogió la cara de la chica entre sus manos, la besó con la misma intensidad que ella buscaba, y cambió los roles del juego, levantando a aquella mocosa, que de mocosa ya no tenía nada, en brazos, para empotrarla contra los azulejos de la cocina junto a sus exigencias. Alba jadeó, rodeando la cintura de la mujer fuertemente con sus piernas.
- ¿De verdad, es esto lo que quieres? –la voz ya ronca, pero segura de Laura, hizo que ella temblara-.
- Sí –dijo Alba, aunque sólo había hecho falta escuchar la voz sin reproches de la otra para hacer tambalear su conciencia-.
Laura bajó la presión del momento, y besó esta vez a la chica con extrema dulzura y profundidad en la boca. Acariciando su rostro y su cuello suavemente.
- Sabes que te quiero, y mi concepto de la moralidad desde luego no me impide darte hoy lo que me pides, pero... te lo vuelvo a preguntar... ¿Es esto lo que quieres? ¿lo que necesitas de mí?
Los ojos de Alba por fin la buscaron, la miraron, y unas lágrimas silenciosas rodaron por sus mejillas.
- ¡Laura! –musitó pidiendo auxilio-.
- ¡Todo va a ir bien! –la tranquilizó, y acariciándole la espalda, la condujo subida en brazos como la tenía hasta el dormitorio, mientras Alba mojaba con lágrimas su camisa, con la cara enterrada en su cuello-.
- La ha encontrado... van a casarse –sollozó mientras ella le quitaba los zapatos, y ambas se metían en la cama aún vestidas-.
- ¡Ven aquí! –le dijo acurrucándola entre sus brazos, y durante varios minutos la dejó llorar sin añadir nada. Abrir una herida así después de diez años, había dejado a Alba desbordada-.
El llanto poco a poco fue cediendo, liberando los nervios, la tensión, el alcohol y las emociones que el día había traído consigo. La razón asomó tímidamente en los labios de la rubia.
- No pensé que bastara sólo con verla para que volviera a poner mi mundo patas arriba –confesó-. En serio que llegué a creer que la había soltado.
- Lo sé, pero la razón no puede mandar sobre los sentimientos. Igual que por mucho que lo desees, no puedes retener a los que quieres –le dijo Laura-.
- Perdona lo de antes... sabes que yo, no... -se irguió un momento para mirarla a los ojos-.
La mano de Laura sobre su cara, hizo que cerrara los ojos de nuevo. Las dos se besaron en silencio, hasta que sus corazones se templaron.
- Te quiero –le aseguró Alba-.
- Lo sé, yo también a ti –le contestó ella y luego la volvió a atraer hacia su pecho para que se acurrucara-.
- ¿Por qué no funcionó entre nosotras? ¿Por qué simplemente no podemos estar juntas? –las eternas preguntas que con los años habían surgido, volvían a hacer acto de presencia-.
- ¡Estamos juntas! –contestó-.
- Ya sabes a lo que me refiero –le dijo Alba entrelazando sus dedos a los de ella-.
Laura sonrió por el gesto, claro que sabía a lo que se refería. Le apartó el flequillo de la frente y la besó.
- Nuestra concepción del amor es muy diferente. Tú internamente siempre buscarás ese amor que te pilla por sorpresa, sin esperarlo, hasta dejarte sin aliento. Es brutal, profundo y desgarrado, como lo es tu pasión por la vida, y por la cual al mismo tiempo te castigas cuando se desborda sin control ni voluntades. Mi amor no conoce posesiones, es tranquilo, porque está en paz consigo mismo, y porque entiendo la vida de otro modo. Por mucho que quisiera, no podría ser ese tipo de amor para ti –le contestó-.
- Quisiera sentir el amor como lo haces tú, tranquilo... incondicional, sin esta montaña rusa –dijo Alba-.
Ella se echó a reír.
- No, no lo quieres, y está bien así. No hay un tipo de amor "mejor" que otro, es lo que trato de decirte. Tu forma de amar es maravillosa y es la correcta para ti, sólo tienes que dejar de luchar y castigarte por ella, para abrirte a la persona adecuada, y que juntas encontréis el equilibrio. ¡Nada más!
- Ohh... ¿nada más, eh? ¡Así de fácil! –Alba no pudo evitar bromear, aunque se había quedado con cada una de sus palabras-.
Las dos empezaron a reírse, y se dispararon mutuamente unos cuantos dardos bromeando. Luego volvieron a sonreír y serenarse, una en brazos de la otra.
- Me ha dolido muchísimo recordar y comprobar que perdí por completo a Natalia –soltó de pronto. Laura la apretó con fuerza en señal de apoyo-. Reconozco que saber que Bea y ella se conocieron cuando aún estábamos juntas, aunque lo suyo surgiera más tarde, ha despertado unos celos en mí que hacía mucho no sentía. Ella siempre tuvo la capacidad de desquiciarme. Como si habitara en mis entrañas.
La rubia guardó unos segundos de silencio. Luego continuó hablando.
- ¿Sabes? A veces maldigo el día en que me asomé por esa ventana y vi a Natali, porque como una espora penetró por mis pupilas y fue creciendo dentro de mí hasta llenarlo todo. Nunca había sentido algo así. Estaba tan muerta de miedo por la intensidad de lo que sentía cuando estaba con ella, que acabé detonándonos de la peor forma posible.
- Debes dejar de pelearte con tus sentimientos hacia ella, sino nunca la dejarás marchar –musitó la mujer besándole la cabeza-
- Lo sé, pero no es fácil. Hoy me ha bastado con tenerla sólo delante para volver a sentir esa angustiosa necesidad de que sea mía, es como si fuera parte de mi cuerpo, y quiero retenerla, pegarla a mí... como un amputado añora su "miembro fantasma". ¡Es de locos! –se daba cuenta de lo irracional y devastador que eran sus pensamientos, sus deseos-.
- Jajajaja... bueno, el amor desde luego no es para cuerdos –intentó bromear Laura, y consiguió que se relajara con su risa-.
- ¿Crees que dejaré de quererla algún día? –preguntó-.
- No, no lo creo. Es de esas personas que llevarás siempre dentro –fue sincera Laura-.
- Yo tampoco lo creo. Siento que ella constituye una parte de lo que soy, como mamá, como tú – se abrazó como una niña pequeña sobre el cuerpo de la mujer, y ésta supo que estaba preparada para conciliar el sueño-.
- Así es – la arropó y se amoldó al peso de su cuerpo cálido y pequeño sobre ella-.
- En el fondo me alegro de que al menos una de las dos haya por fin encontrado a "ese alguien" –dijo Alba cayendo en el sopor. Ella sonrió con los ojos cerrados, porque aunque no creía que en el mundo sólo existiera "un alguien" indicado para cada persona, aquellas frases y visión idílica e inocente de la chica, le recordaban a quien fue una vez la niña que robó eternamente una parte de su corazón-. Siempre he deseado que fuera feliz, yo no supe hacerlo, espero que Bea si lo consiga.
- Duérmete. Mañana será otro día –le susurró Laura, y ella hundió la nariz en el hueco de su clavícula-.
Aquella noche, los sueños de Alba volvieron a teñirse de luz, de intensos rojos... de pestañas largas, de tatuajes, y unos ojos color oscuro, profundos e imborrables.
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That was then... // Albalia
FanfictionNuevo Fanfic Albalia, espero que os guste, nos leemos!! Alba quedó inmediatamente hipnotizada por la belleza de la silueta... sus piernas largas y delgadas, descansaban una en semiflexión sobre el taburete y la otra apoyada en vertical en el suelo...
