33- No es una despedida, pero se le parece tanto...

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Un mes después.

El fin del verano asomaba sus orejas de lobo hasta entonces ignoradas. Natalia y Alba no se habían separado más que lo imprescindible en sus vacaciones, y tácitamente evitaban pensar en aquella separación inevitable que se avecinaba. Ambas luchaban porque los lazos de su relación cada vez fueran más firmes y resistieran aquel acuerdo de estar unidas pese a la distancia, a pesar de que en la oscuridad de sus soledades, los demonios y las dudas seguían atemorizándolas.

- ¿Cómo llevas el tema del equipaje? –le preguntó Natalia mientras comían en su apartamento-.

- Ufff... es de locos. Mi madre se cree que me voy al tercer mundo o algo así, y no hace más que comprar cosas... voy a necesitar cien mil maletas –le contestó Alba y volvió a agachar la mirada hacia el plato-.

La morena la observó. No era la primera vez que notaba a Alba abatida, a medida que se acercaba la fecha de partida era más frecuente ver en ella la ilusión y la desolación en pocos segundos de diferencia, luego conseguían cambiar de tema y volvía a tratar de mostrarse tan llena de vida como siempre. Le preocupaba.

Dejó el cubierto sobre la mesa y se levantó de la silla, Alba alzó la cabeza y la vio andar hasta ella.

- Hazme sitio –le pidió-.

- ¿Qué? –Alba se sorprendió, pero se retiró un poco de la mesa cuando vio que Natalia pensaba sentarse en su regazo-...jajaja... ¡Estás loca! –le dijo, normalmente era ella la que se sentaba en sus rodillas, y el cambio la hizo reír, era muy agradable tenerla entre sus brazos, aunque francamente, al ser más alta pesaba más que ella-. ¿A qué viene este arrebato?

La morena se acurrucó sobre ella y hundió la cara en su cuello.

- Quiero ver si aún puedes conmigo, porque no creo que esta vez pueda yo sola –le susurró ,y Alba cerró los ojos entendiendo lo que le decía. Ambas iban a tener que ser fuertes-.

- Te quiero –le dijo Alba al cabo de unos segundos mientras la besaba en el hombro-.

- Y yo a ti... -le respondió mirándola ya a la cara. Las dos se besaron en los labios-... Esto no va a ser ninguna despedida, lo sabes ¿no?

- Sí –respondió la rubia, pero entonces ¿por qué se le partía el alma en dos sólo de pensar en estar lejos de ella?... le entraron ganas de llorar, pero recordó lo que acababa de pedirle Nat sutilmente, tenía que ser más fuerte por ella, por las dos. Recurrió a lo único que podía evitar que se hundiera más, su humor-.¿Tendremos cibersexo?

- Jajajajaja...¿qué? –Natalia se rió ante aquel cambio de atmósfera radical-.

Alba sonrió, escuchar su risa franca y escandalosa era lo mejor del mundo.

- Ya sabes, skype, tú y yo... –Alba alzó una ceja divertida y luego añadió arrugando la nariz mientras hacia una mueca pícara y lasciva-... ¡hagamos guarrerías!

- Jajajajaja... con que guarrerías ¿eh? –Nat reía, su espontaneidad y sus locuras eran un bálsamo para sus oscuridades-.

- Ohhhh siii....Tengo la mente llena de ellas ahora mismito –le verificó Alba insinuándose a ella-.

- ¿ah si? - entró en el juego de su mutuo coqueteo. Era increíble como la sangre se le encendía solo ante aquella mirada despierta y hambrienta que Alba siempre lucía cuando empezaba a desearla-. Pues eso, tengo que verlo...

Y el susurro de sus últimas palabras hizo que ambas cayeran en la trampa de aquel beso profundo que fue preludio de un desenfrenado sexo en plena mesa de la cocina.

That was then... // AlbaliaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora