Capítulo 3, pt 1.

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Nueva York era una de las ciudades favoritas para clientes que buscaban excelencia. El motivo, es que en ella se podía disfrutar prácticamente de todo y una de las cosas más importante para este tipo de clientes era sin duda la gastronomía. La ciudad les daba la oportunidad de degustar los mejores productos en un ambiente agradable, lleno de lujo (algunos llegando a lo sofisticado), comodidad y sobre todo espíritu de servicio.

Por ello, Kisa disfrutaba de la variedad y la gran cantidad de restaurante de mucha elegancia, que ofrecían increíbles menús con sabores realmente casi orgásmicos. El Eleven Madison Park se ubicaba muy cerca del famoso parque neoyorquino. Ofrecía un menú con platos exclusivos elaborados con productos muy frescos y de temporada, por lo que era uno de los favoritos de sus amigas.

Conocía bien a las chicas y siempre llegaban tarde, por lo que pensó que no tuvieron que esperarla por mucho tiempo. Dio su nombre al anfitrión y el muy amable la guió a la mesa que tenían reservada.

Rápidamente su vista captó una abundante melena roja, de su amiga Asia. Sonrió al momento que esta levantaba los brazos, señalando donde estaban. Negó con la cabeza por lo que era algo imposible no verlas, al lado de ella estaba Alana, riendo de la efusiva energía de su amiga. Ella era totalmente rubia natural y más recatada que Asia.

Jamás imagino que esa amistad fuera tan verdadera, sincera y sobretodo incondicional. Las tres se habían conocido en la universidad, pero se dedicaban a cosas diferentes. Asia era Juez, una de la mejores del estado y cuando le dieron en sus manos el caso que a ella le tocaba defender, instantáneamente le solicitó, al punto de exigirle que no lo aceptara. No quería que le restaran credibilidad al ver la conexión. Su amiga al saber lo importante que era para ella, sin dudarlo no lo aceptó.

En cambio Alana era una arquitecta renombrada y su compañía era una de la más reconocida, algo tenía que ver que fuera hija de uno de los ingenieros civiles más importante del país. Este era el encargado de dirigir y planear la construcción de los mejores edificios del estado, incluyendo en el que ella vivía.

Se saludaron con un gran y fuerte abrazo. Tenía un año de no verlas y sonrieron al ver que coincidieron en llevar casi el mismo atuendo.

-No saben cuánto las extrañe – exclamó Kisa muy feliz de verlas.

-Nosotras igual –contestó Asia por las dos.

Tomaron asiento cuando llegaba el mesero y pidieron una botella de vino Inglenook Cabernet Suavignon, Napa Valley 1941 entera.

-¿Qué fue lo que te hizo llegar tarde, señorita puntualidad? – interrogó Alana, sorprendida porque a la hora que ellas llegaron, no estaba esperándolas como siempre pasaba.

-Sí, ¿Qué sucedió? – curioseó Asia.

-Venia puntual, lo juro – aseguró Kisa – Lo que pasa, es que, como que me encontré a un cachorro pidiendo mi ayuda – expuso un tanto culpable por hacerlas esperar.

-¡Dios santo! – exclamaron las dos al mismo tiempo.

-Oye pero tú ¿Qué tienes con las mascotas sin hogar? Es como que si te siguieran porque saben que no los vas a despreciar – ironizó Alana.

-No lo sé, debe ser algo especial. Y saben que lo hago con todo gusto.

-Bien lo sabemos. Pero dime que tal fue la reunión de hoy, ¿Cómo te trato el egocéntrico de Leman? – bufó Asia con verdadero desprecio. Refiriéndose con ofensa al abogado que ya lo había visto varias veces con ínsulas de creerse Dios.

-Ashhh a ese ni me lo recuerdes – respondió sumamente molesta al recordar que ni tan siquiera estaba en el lugar – Él muy arrogante ni me recibió – explicó con desdén – Me recibió su "mano derecha" – manifestó haciendo las comillas con los dedos de las manos – Fue realmente irrespetuoso.

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