Capítulo 33, pt 1.

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Junto a Ellis Island el barrio de Lower East Side era la mayor inspiración que se podía tener para recordar los orígenes de la Nueva York multicultural. El barrio de Lower East Side se extendía desde Chinatown y Little Italy hasta el río East.

Aunque en sus inicios Lower East Side fue un barrio pujante, con la llegada de la inmigración en el siglo XIX, se convirtió en un lugar de pisos compartidos y casas para pobres. Entre los barrios más importantes de Lower East Side estaban El Bowery Street y Orchard Street. En el número 97 de Orchard Street se encontraba el Museo Lower East Side Tenement Museum, un edificio de 6 plantas en el que se podían apreciar las condiciones de vida de los primeros inmigrantes. Kisa tomó la calle que la llevaría a Bowery Street que fue donde ocurrió el accidente de la hija de Henry.

Investigando y repasando, necesitaba más pruebas de las que tenía en su poder porque sinceramente no le iban a servir de nada en la corte en comparación con lo poco que logró ver en las carpetas que le mostró amablemente y sin tener la menor idea el amor de su vida.

Cuando le solicitó ayuda para analizar el caso, casi le da un colapso al ver el nivel de confianza que le brindaba Henry. Su corazón se paralizó por un breve instante y eso fue el detonante para decirle la verdad, pero nuevamente su cobardía le ganó y justificó que no era conveniente compartir esa información con ella.

Salió de su auto caminando por los andenes de la calle con cuidado al divisar hombres drogándose e incluso con actitud sospechosa. La ciudad de Nueva York también tenía su lado feo y corrupto. Frunciendo el ceño se preguntó ¿Qué demonios vino hacer la hija de Henry en este lugar tan peligroso? No tenía lógica, ni sentido, ni mucho menos el hecho de que su cliente coincidiera en el mismo lugar que ella.

Iba pasando al lado de una tienda de antigüedades que se leía en un cartel fluorescente la palabra cerrado, pero su audición perceptiva escuchó un leve sonido entre gemido y algo que se quebraba del impacto. Su preocupación aumentó, pero no podía arriesgarse de esa manera. No tenía muchas opciones; si llamaba a la policía posiblemente tardarían al darles la dirección.

Decidió acercarse más al escuchar mucho más claro otro gemido débil apenas audible. Respiró profundo observando a su alrededor y vio que nadie le prestaba atención. No podía lograr ver adentro de la tienda porque los grandes carteles viejos y descoloridos acaparaban la única ventana que contaba el local.

Escuchó otro sonido lastimero y todas sus preocupaciones se elevaron al punto de temblar por completo. Con impotencia y arriesgándose a que le pasara algo malo giró la manija de la puerta y esta accedió con un chirrido que al parecer alertó a los que se encontraban adentro. Escuchó pasos apresurados antes de abrir por completo la puerta, temiendo si se encontraba con alguien esperándola con un arma o algo para lastimarla.

Infundiéndose valor pensó que era el momento de poner en práctica las clases de defensa personal que tomó hace varios años, por obligación y manipulación de su amiga Asia. Sin más abrió la puerta de par en par al tiempo que su mirada captaba a un señor mayor de edad en el suelo, acostado en posición fetal y llenó de sangre.

─ ¡Oh por Dios! ─Jadeó de la impresión y susto acercándose rápidamente al pobre señor que gemía de dolor ─ ¡Ay Dios! ─emitió con terror al verlo amoratado y sumamente golpeado ─No se preocupe ─manifestó con voz temblorosa ─Llamare a alguien...

─Señorita... ─habló en voz débil escapándose la sangre de su boca ─Corra... Pueden hacer... Hacerle daño...

─No se preocupe, llamare a alguien que venga a atenderlo.

A Kisa se le encogió el corazón al escucharlo preocupado por su seguridad. Arriesgándose a que el ladrón estuviera escondido por alguna parte, pero tenía que asegurarse que no siguieran corriendo peligro; se puso en pie y marcó el número de emergencias.

Lentamente se acercó a la puerta detrás de un mostrador con diferentes objetos antiguos, atravesándola se encontró con una especie de estudio con varios objetos electrónicos desmantelados en una mesa.

A lo largo vio otra puerta medio abierta, con cuidado y temor se aproximó lo más silencioso que pudo abriéndola por completo se encontró en un pasillo al aire libre con contenedores de basura, girándose se dio cuenta que era una puerta que daba acceso a la calle y que lo más probable es que el ladrón se escapó.

Volviendo de nuevo con el señor que se encontraba inquieto y ansioso le aseguró que el ladrón se había ido y que solo les tocaba esperar por una ambulancia. Mentalmente rezó para que se apresuraran porque no tenía muy buen semblante. Olvidó por completo lo que verdaderamente llegó hacer a ese lugar y se encargó personalmente de acompañar al señor Anderson que es lo único que le lograron sacar antes de que quedara totalmente inconsciente.

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─Señor Anderson yo le aseguró que me encargare personalmente de protegerlo y le prometo que no volverá a pasar por todo lo que pasó ─decretó Kisa con seguridad tres días después de que el Señor recuperara la conciencia.

No le comentó nada a Henry por temor a que sospechara de ella, después de llegar a altas horas de la noche a su apartamento, logró con suerte esquivar las preguntas que le hizo este sobre de donde se había metido en todo ese día; haciéndole una mamada en su oficina para después dejarse follar encima del escritorio hasta no sentir las piernas y el clítoris, por la extenuante estimulación.

No obstante su miedo intensificó cuando al día siguiente salía de trabajar y aparcaba en el edificio de Henry. Observó en ese momento a su mejor amigo, Chris entrando al lugar con una botella de vino en sus manos, al tiempo que recibía una llamada. Sus sospechas se confirmaron cuando su hombre le preguntaba dónde estaba, anunciándole que su mejor amigo llegaba a su casa a cenar para conocerse.

Rápidamente se inventó una excusa de no poder llegar. Casi choca contra un auto cuando llena de nerviosismo mientras desaparecía lejos del edificio. Luego no paraba de pedirle disculpas a Henry; sintiéndose una mierda al escucharlo decir que no se preocupara ya tendrían otro encuentro y con más tiempo. Cosa, que ella no tenía.

─Señorita, Kisa yo... ─tosió gravemente el señor Anderson a través de la máscara de oxígeno que le ayudaba a respirar, sacándola de sus desesperadas cavilaciones al instante ─ Temó por usted... Yo no tengo nada, ni a nadie, pero usted...

─Ya le dije que a mí no me va a pasar nada ─interrumpió con ternura al ver que con dificultad sentía temor más por ella que por él ─Estoy y usted también estamos fuera de cualquier peligro ─aseguró con convicción ─Cuando le den el alta usted se vendrá conmigo a un lugar seguro y cuando este más dispuesto y con mayor movilidad iremos a la policía a interponer la denuncia.

─Pero mi tienda es lo único que me queda... ─indicó pesaroso porque era su único medio de sobrevivencia.

─Su tienda está intacta y podrá volver si es lo que más quiere ─anunció Kisa rezando para que no tomara esa decisión. Ese lugar era muy peligroso y para un señor de 72 años era una muerte segura aún estaba asombrada que pudo sobrevivir toda su vida entera ─No se llevaron nada sorprendentemente, pero me imagino que se llevaron su dinero ─susurró confundida al recibir el informe de la policía que se encargó de revisar el lugar.

─Gracias señorita, Kisa ─agradeció con ternura y dicha al ver a la joven tan guapa que salvo su vida ─Es usted mi salvadora, una buena persona que merece el cielo, yo no sé cómo pagarle...

─No fue nada Señor Anderson ─respondió Kisa de inmediato restándole importancia ─Me lo va a pagar haciéndome caso en irse conmigo a un lugar seguro y encargarse de recuperarse al cien por ciento ─articuló tomándole la mano envejecida y temblorosa en un gesto cariñoso ─Ese será mi mayor pago.

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