Bastaron segundos para que Henry la tomara entre sus brazos y recorrer rápidamente toda la sala hasta llegar a la habitación, donde no perdieron el tiempo en despojarse de sus prendas.
─ ¿Qué me estás haciendo, Kisa? ─Preguntaba Henry dejando un reguero de besos en cualquier parte de su cuerpo ─ ¿Qué haces para que te desee de esta manera tan irrefrenable? ─Suspiraba inhalando el olor embriagador de su sexo ─En cuanto te vi, solo supe que estar a tu lado era lo correcto ─agregó al tiempo que sin despegar su mirada de sus ojos excitados, trazaba con su lengua un camino lento y húmedo en toda la hendidura de su sexo, deleitado por sus gemidos.
─Henry... ─jadeó agitando las caderas, al tiempo que un escalofrió se apoderaba de toda su columna vertebral ─Yo... pienso lo mismo de ti... ─confesó con dificultad, sintiendo la experta lengua, suave y aterciopelada rodeándole el clítoris en círculos deliciosos ─No sé qué estás haciendo conmigo para que te piense y anhele cada segundo ─reveló rápidamente para dejar escapar otro gemido lamentoso al sentir como aumentaba la velocidad de su intrusión.
Mordisqueándose los labios para no dejar escapar cualquier otra palabra sentimental, la realidad es que Henry aún no le había dicho ninguna. Agradeció enormemente la distracción porque estuvo a punto de confesarle que lo quería. A pesar de estar en una relación exclusiva no habían salido a la luz por parte de ninguno esas palabras. Solo se confesaban lo mucho que se deseaban. Pero deseo no era lo mismo que amor.
Colocando las manos en su cabeza, lo acercó más a su sexo para llegar a su clímax. Henry era perfecto en todos los sentidos, pero hablando en términos sexuales; hacia el mejor sexo oral del mundo, follaba jodidamente delicioso y concedía orgasmos de muerte. Gritando de placer, pidiendo mucho más; su deseo se incrementó al momento que penetraba su lengua en su coño y simulaba estarla follando con deliciosas penetraciones.
─Córrete para mí, nena ─demandó al momento que introducía dos dedos flexionados, trasladando su lengua a su clítoris nuevamente.
─ ¡Sí! Así... No te detengas cariño ─solicitó elevando las caderas para salir al encuentro de sus dedos y su boca ─ ¡Dios! Henry... Sigue así ─gemía jadeante ante tanto goce, sintiendo los espasmos de su orgasmo ─ ¡Ay Dios! Ahí viene ─sacudió la cabeza con fuerza de un lado a otro, sintiendo las lamidas deliciosas en su clítoris mientras llegaba a su punto más alto temblando completamente.
─Tienes solo un respiro para recuperarte ─advirtió Henry separándose de su sexo.
Observándola con ojos hambrientos. Entrelazando sus dedos por encima de su cabeza, se colocó encima de ella, encarcelándola con su cuerpo ─Se acabó el tiempo ─anunció con su respiración errática, presionando su ancha y aterciopelada cabeza de su miembro rozando el hinchado clítoris de su mujer, tentándola hasta hacerle perder la cabeza.
Mientras restregaba su húmeda punta por los resbaladizos pliegues vaginales, introduciéndose poco a poco dentro de su lugar favorito, con calma sin despegar su mirada solo adentrándose un par de centímetros. Sintió como el sexo de su mujer lo succionaba para querer apresarlo a la suavidad de su interior, pero para frustrarla la sacaba nuevamente dejándola llena de necesidad.
─Bebe... No me hagas esto ─imploraba perdida en un mar de sensaciones, queriéndolo retener de cualquier modo ─Por favor... Solo hazlo ─pidió al sentir como la penetraba lentamente por completo, adueñándose de sus labios en un beso arrebatador para luego retirarse nuevamente. Después en otra feroz y fuerte embestida se adentraba completamente arremetiendo con brutalidad varias veces; enterándole las uñas en sus manos por la inminente acción.
Henry comenzó a deslizarse por su cuerpo con ímpetu, besándola como se le daba la gana con chupones y lamidas necesitadas, comiéndosela por entero. Soltó sus manos para encontrar más impulso con ayuda de sus codos, al tiempo que ella colocaba las suyas en toda su espalda arañándola con sus uñas, luego su cabello y los jalaba con voracidad. Mientras él seguía besándola, sin darle descanso a respirar.
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Adicta a Ti
RomansaKisa Volkova es una mujer que no le falta absolutamente nada. Poseedora de una deslumbrante e inigualable belleza; admirada por muchas, odiada por otras. Privilegiada al nacer en una familia de muy buena posición económica y ni se diga en el ámbito...
