Kisa iba caminando distraída en dirección al restaurante que Henry le había mandado por mensaje. Decidió irse caminando porque del edificio de la firma de Leman al restaurante le quedaba relativamente cerca y por supuesto estaba el hecho de que se sentía curiosa por descubrir cuál era la sorpresa que Henry le tenía preparada.
Pensándolo bien, decidió por alejar su curiosidad. Con el abogado pasó lo mismo y sinceramente se sentía mal por él. Mejor dejo de maquinar tanto y se concentró en llegar al lugar. Dio gracias al cielo que su amor no decidiera un restaurante lujoso porque no estaba vestida para la ocasión. En retrospectiva desde hace dos días no vestía nada ostentoso, ni elegante.
Su atuendo de los últimos días consistía en vaqueros, camisas holgadas, bailarinas y una cola de cabello en su melena, con cero maquillajes en su rostro. La verdad los últimos días se sentía tan cansada que su reserva de energía se encontraba totalmente agotada. Saludando al maître le dictó su nombre y él muy amable la guió a su mesa.
Su cuerpo de inmediato sin verlo, ni divisarlo lo sintió. Todas sus terminaciones se activaron al predecir que el dueño de sus pensamientos se encontraba en el mismo lugar. Ese fuerte magnetismo que los atraía sin importar quien se interponía en su camino producía en su ser calma y regocijo. Tranquilidad, al estar en el lugar donde pertenecía.
Sin darse cuenta cuando el maître se detuvo en una mesa alejada de las demás. No puso demasiada atención a la inclinación del hombre. Los dos días que pasaron sin ver al amor de su vida se esfumaron al verlo de espalda; esa fuerte y musculosa espalda.
Sonriendo como una tonta se acercó lentamente cambiando de expresión de inmediato al divisar que una mujer se encontraba de frente a ella, manteniendo una acalorada discusión con Henry, notando en ese preciso momento como él se encontraba tenso en el lugar.
Al parecer escuchar a escondidas se estaba volviendo costumbre, porque como si de una fuerza sobrenatural se tratara, quedo estática sin moverse ni un solo centímetro escuchando lo que salía de la boca de la mujer misteriosa.
Una mujer sumamente guapa, de tez pálida, pero que de alguna manera realzaba su belleza. Su cabello lacio negro y brillante, mejor que su simple cabello en una patética cola de caballo. Su mente traicionera decidió hacerle una mala jugada al recordar la conversación que Henry sostuvo con sus padres y sus propias maquinaciones.
"Mama sabes que ella está ahí y hasta que no se lo explique no la puedo llevar a conocer el lugar donde vivo"
"Si, es mío, su dueña no está. Me lo dejó a cargo"
¿Y si la sospechosa "ELLA" era esa despampanante mujer que se encontraba de frente con el amor de su vida? ¿Y si "ELLA" era la dueña del dulce y amoroso Max?
Jamás en su vida se sintió tan poca cosa como en ese momento. No iba a soportar ningún segundo más estando ahí, por lo que iba dando la vuelta, pero algo que dijo "Ella" le llamó la atención.
─Tienes que decírselo, Henry ¡Maldita sea! ─Exclamó señalándolo con el dedo ─Si tú no se lo dices, se lo digo yo ─amenazó aumentando el volumen en su voz ─Estoy harta de tu patética excusa de eso "De no estoy listo todavía"
─Puedes hacer el favor de bajar la voz ─contestó Henry perdiendo los nervios ─Kisa está a punto de llegar y puede...
─Escuchar ─alegó Kisa con voz sorprendentemente tranquila.
Henry abrió los ojos como platos al escuchar a su mujer con voz amenazante y aguda. Nervioso porque pasó lo que más temía y estaba evitando. Así no se tenían que dar las cosas. ¡Dios! Su situación cada vez empeoraba. Giró la mirada y se encontró con una Kisa que delataba enojo e ira contenida en todo su rostro.
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Adicta a Ti
RomantikKisa Volkova es una mujer que no le falta absolutamente nada. Poseedora de una deslumbrante e inigualable belleza; admirada por muchas, odiada por otras. Privilegiada al nacer en una familia de muy buena posición económica y ni se diga en el ámbito...
