Capítulo 37, pt 1.

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Una semana.

Faltaba una semana para el juicio donde Kisa aún no le revelaba la verdad a Henry, pero hoy sentía determinación y miedo; todo al mismo tiempo. Sentada en su sofá tecleando en su computadora, las observaciones del caso de la hija de Henry. Solo deseaba volver cuatro meses atrás y aclararle desde el primer día que lo conoció que era ella la abogada que defendía al presunto asesino de su hija.

Confiaba en su cliente y todas las pruebas lo corroboraban, pero su obstáculo más grande era un padre dolido que le arrebataron a su hija en un trágico accidente dejándolo destrozado de por vida.

Henry quería concentrarse en las pruebas y evidencias del caso, por lo que decidió no ir a dormir a su casa aunque le dejó muy en claro que la iba extrañar como nunca. Desde que se conocieron habían pasado todo el tiempo juntos e hicieron dependerse uno y del otro. Kisa estuvo tentada en llamarlo y aclararle de una buena vez toda la verdad, pero sentía un dolor en el pecho que no la dejaba expresarse.

Esa madrugada iba a llegar su padre, por lo que se enfocaba en analizar, copiar y cambiar algunas cosas del caso. No pensaba irse a dormir porque era estar en su cama y extrañar más a su hombre; aún no se explicaba cómo había pasado tan rápido ese mes donde se suponía que le iba a confesar todo. Pero era una cobarde.

Dirigió su vista nuevamente a su celular que estaba encima de la mesa con los papeles esparcidos del caso. Laika estaba dormida encima de sus pantuflas para que cuando se levantara, ella también lo haría; le encantaba ese gesto de su mascota ya estaba grande, Erick le comentó que iba a seguir creciendo y ella estaba feliz por verla crecer mucho más.

Tomó su celular dispuesta a marcarle a Henry, decirle toda la verdad y deshacerse de ese peso en los hombros con el que cargaba desde que descubrió la verdad, pero sobretodo lo necesitaba y lo extrañaba, quería sentirse en sus brazos que le hiciera el amor y decirle una y otra vez que todo iba a estar bien y que juntos lo iban a resolver. Estaba a punto de marcarle cuando su mirada viajó a la manija de la puerta que giraba lentamente.

Su corazón pálpito apresuradamente, Henry apareció en el umbral de su puerta. Como si de una visión se tratara, no podía creer que estaba ahí cuando ella estaba a punto de llamarlo. Tiró el celular al sofá junto con la computadora olvidándose de todo.

En pie saliendo a su encuentro, con impulsó saltó aferrándose con las piernas a su cintura perfilada. Henry la agarró por sus nalgas y la empezó a besar, devorándola completamente al ver cómo le correspondía, siguiéndole el ritmo.

─ ¡No sabes cuánto te extrañe! ─exclamó jadeando en los labios de la mujer de su vida.

─No más que yo... ─susurró aferrándose a los cabellos de su nuca ─Estaba por llamarte, cuando apareciste ─anunció perdiéndose en la mirada azul penetrante que la cautivaba y hacia que perdiera la razón.

─Eso es algo bueno ─confesó Henry que pensaba en hacer lo mismo, pero tomó la decisión de ir hasta su casa directamente.

En brazos de su hombre volvieron a besarse hasta llegar a la habitación, sintió la suavidad del colchón y sin perder el tiempo se despojaron de todas sus prendas. Henry besaba cada parte de su cuerpo, arrancándole suspiros de relajación.

─ ¡Me vuelves loco, Kisa! ─Susurraba en cada parte que besaba ─Ya no puedo estar ni un minuto sin ti ─confesó con verdad y voz necesitada.

─Ni yo, mi vida ─concedió estando de acuerdo.

─Te amo ─declaró Henry recibiendo gustoso los besos de Kisa – Estaba en la casa queriéndome concentrar en el caso y lo único en que pensaba era tenerte a mi lado ─explicó chupándole ambos labios al mismo tiempo, devorándoselos con las ganas que le tenía.

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