Robert Van Helmont es uno de los solteros más codiciados de Sourmun, pero el joven príncipe y heredero no muestra señales de interés por ninguna joven en particular. Todos saben por qué, desde que perdió a su novia y mejor amiga, Rob no ha vuelto a...
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Adelaine no sabía en qué momento levantarse de la mesa. Todos terminaron marchándose y al final solo quedaron ellas dos con el rey y la reina. Ninguno había pedido permiso para levantarse, pero todos allí eran de la familia. La joven no tenía ni la menor idea de cómo funcionaban las cosas en un palacio.
—Bueno, ha salido bastante bien —comentó Brianna y le sonrió a su esposo antes de mirarla a ella—. Nuestros hijos son algo particulares, pero te acostumbrarás. Estoy segura de que les tomarás cariño y ellos a ti.
—¿Por qué iban a tomarme cariño, Majestad?
Brianna no le contestó de inmediato. Miró a Lucy, que había terminado de desayunar y los contemplaba con atención. —Cariño, ¿te gustaría conocer el jardín? Hay un sector de juegos que creo que te encantará.
Los ojos de la pequeña se iluminaron y asintió varias veces. —Oh, sí. ¿Podemos ir ahora, Ada?
La reina habló antes de que ella tuviera tiempo a pensar una respuesta. —Clarisa te llevará mientras nosotros hablamos con Ada, ¿de acuerdo? —Comentó girando la cabeza para apuntar hacia una joven muy bien vestida que había aparecido en el comedor como por arte de magia.
—Hola, Lucy. Soy Clarisa, te acompañaré al jardín para que no te pierdas. —La niña la miró con desconfianza, pero todo cambió cuando la que debía ser una empleada, se ofreció a empujarla en el columpio.
Así, rápidamente solo quedaron ellos tres en la enorme habitación.
—Clarisa cuidará muy bien de ella —dijo Alioth al ver que Ada no podía dejar de mirar hacia la puerta por la que la niña había desaparecido. Pero la principal razón por la cual ella estaba tan nerviosa, era porque no sabía cómo actuar ni qué decir delante de ellos.
Podrían ser muy amables, podrían haberla invitado a desayunar con sus hijos, pero no dejaban de intimidarla. Todo sobre ellos, sobre esa sala, esa mesa e incluso los cubiertos que utilizaban eran extraños e imponentes para ella, era un mundo totalmente ajeno al que conocía.
—Gracias, Majestad.
—Alioth —la corrigió con una sonrisa.
—Alioth —asintió Ada.
—Mi esposo y yo estuvimos pensando mucho en ustedes anoche, Adelaine —comenzó a decir la pelirroja—. Sentimos mucho todo lo que les ha ocurrido, es muy injusto y desearía poder hacer algo para arreglarlo. Aunque arreglar no es la palabra más adecuada, ¿verdad? No puedo traerte a tu madre de vuelta.
—Ni usted ni nadie, Majestad —susurró.
—Ah, llámame Brianna, por favor. No puedo mejorar el pasado, pero sí puedo intentarlo con el presente, y especialmente, el futuro. Tu futuro, Adelaine. Y el de tus hermanas, por supuesto.
La rubia bajó la cabeza, apenada. —Por mis hermanas, Brianna, le agradecería cualquier ayuda que pudiera darnos. Le pagaría, por supuesto, solo necesito un poco de tiempo.