Robert Van Helmont es uno de los solteros más codiciados de Sourmun, pero el joven príncipe y heredero no muestra señales de interés por ninguna joven en particular. Todos saben por qué, desde que perdió a su novia y mejor amiga, Rob no ha vuelto a...
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Adelaine estaba sentada en un cómodo sofá de la biblioteca muy concentrada en su libro, mientras en el piso, Lucy pintaba en un enorme cuaderno para colorear que había encontrado en las estanterías. Al parecer, había pertenecido a algún príncipe o princesa en el pasado, pero Nolan no tenía idea quien podría haber sido su dueño.
El pelirrojo también se encontraba allí haciéndoles compañía. Se había sentado junto a Lucy en la alfombra y jugaba un extraño juego en el celular. Había intentado explicarle a la más pequeña cómo jugar, pero Luce había perdido interés enseguida. La niña, al no haberse criado con nadie en la casa que tuviera un aparato de esos, ni siquiera los encontraba atractivos, algo que al parecer, al príncipe le costaba entender.
Llevaban así largo rato cuando Charlotte entró a la biblioteca con una gran sonrisa dibujada en su rostro.
Nolan fue el primero en alzar la vista y sonreírle de igual forma. —Ah, hermanita, ¿a qué se debe esa carita de enamorada? Déjame de adivinar, Max acaba de mandarte un mensaje diciéndote lo mucho que te extraña y que te ama y que te adora.
La princesa puso los ojos en blanco y se sentó junto a Adelaine. —No seas tonto, Nolan —replicó, pero enseguida su expresión volvió a iluminarse—. Mi tía acaba de llamarme para decirme que mi vestido está listo para la última prueba.
La nariz de Nol se arrugó. —¿Otra? ¿No te has hecho ya como unas cien pruebas?
—No seas tonto —le dijo y se giró hacia Ada—. Yo sé que estás muy ocupada estudiando, pero necesito que me acompañes después del almuerzo a la empresa de mi tía.
Ada asintió, feliz por la invitación. —Me encantaría.
—Muy bien, y prepárate para tomarte la tarde libre de estudios porque pienso retenerte un par de horas conmigo —le apuntó.
Nolan dio un respingo. —Yo iré con ustedes, seguro que todas en la empresa se ponen feliz de verme. Hace mucho que no me paso por allí.
Charlie lo miró con escepticismo. —¿De verdad crees que alguien ha pensado en cuanto tiempo hace que no pasas por allí? No seas tan petulante, Nolan.
—Y tú no seas bruja.
Ella le sonrió con dulzura. —¿Lucy, cariño? —Llamó a la niña que no les estaba prestando nada de atención. Cuando esta alzó la cabeza, Char esbozó otra sonrisa que a Ada le generó escalofríos—. Esta tarde me voy a llevar a Adelaine conmigo unas horas, pero el príncipe Nolan se quedará contigo para que no te aburras. ¿Te parece bien?
La niña, por supuesto, estuvo de acuerdo. —Claro, podemos pintar, tengo tantos dibujos aquí que me llevará años terminarlo. Nolan puede ayudarme.
—Por supuesto que puede, no querrás que la pobre niña se canse mucho la mano, ¿verdad, hermanito? —El príncipe estrechó los ojos hacia ella y no hizo ningún comentario, pero Char no se detuvo allí y continuó—. ¿Y sabes, Lucy? A Nolan le encanta empujar los columpios y jugar a las escondidas en el jardín, pero ya estamos todos muy grandes como para acompañarlo, ¿crees que te molestaría mucho jugar un ratito con él hoy para que no se sienta triste?