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Adelaine iba leyendo su libro mientras caminaba al banco del jardín del cual se había adueñado para estudiar todas las tardes

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Adelaine iba leyendo su libro mientras caminaba al banco del jardín del cual se había adueñado para estudiar todas las tardes. Cada vez estaba más cerca de comenzar con las clases, parecía increíble, pero ya llevaba un mes viviendo en el palacio y solo quedaban dos para el inicio del semestre.

Estaba ansiosa por comenzar, pero amaba tener tiempo para prepararse sin otra preocupación que sus estudios.

Estaba llegando al banco cuando se percató que este estaba ocupado. Sus piernas dejaron de moverse cuando descubrió quién era el invasor y estuvo a punto de girarse para volver adentro del palacio, pero enseguida recordó que si seguía por ese camino, unos metros más adelante había otro asiento exactamente igual al suyo.

Entonces, decidida, continuó caminando con toda la intención de ignorar al usurpador. Había aprendido su lección y sabía que su vida sería más fácil si solo se limitaba a pretender que no existía y que su presencia no le afectaba en absoluto.

Robert se puso de pie en cuanto la vio y se cruzó en su camino.

Ella soltó un suspiro y alzó la cabeza para enfrentarlo.

—Alteza —farfulló con sequedad.

—Hola, Adelaine —respondió él con las manos en la espalda—. Estoy ocupando tu lugar, creo.

—Puedo ir a otro, no se preocupe, Alteza —dijo dando un paso hacia el costado para esquivarlo, pero Rob también se movió y volvió a interponerse en el medio.

—No, por favor. Siéntate —le pidió y extendió un brazo a modo de invitación.

Ada lo miró a los ojos con una expresión astuta. —Le pido disculpas, Alteza. Pero tengo instinto de supervivencia, así que voy a rechazar su oferta. Si es tan amable de hacerse a un lado, iré al otro banco que hay más adelante.

Él sonrió y ladeó la cabeza. —Lo dices como si sentarte conmigo te llevara a la muerte, ¿tan mala impresión te he dado?

Ada no tenía tiempo para tonterías. —¿Se está burlando de mí?

—No, Adelaine, no me estoy burlando de ti —aclaró él sin pestañear—. ¿Puedes tutearme, por favor?

—¿Puedes dejarme pasar? —Dijo entonces ella.

Rob asintió. —Está bien, lo entiendo. No confías en mí, estás en todo tu derecho. Pero dame un minuto para explicarme, por favor. Estoy aquí para disculparme, te he esperado por la última hora.

—Tienes razón, no confío en ti —musitó Adelaine alzando la barbilla y sosteniendo los libros contra su pecho, pero a pesar de que aparentaba fortaleza e indiferencia, Ada sentía mucha curiosidad y algo de miedo, una mezcla nada sana.

El príncipe no se rindió. —¿Y si digo por favor? Seguro no puedes negarte a alguien cuando te lo pide así. Por favor, Adelaine, dame una oportunidad de pedirte perdón.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora