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Adelaine la miró sin poder creer lo que le había hecho

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Adelaine la miró sin poder creer lo que le había hecho. Ni siquiera registró sus palabras, todo lo que salía de la boca de la condesa era puro veneno y ella ya no quería oírlo.

Pero le había arruinado el vestido delante de otras personas, ¿cómo podía tenerse ese tipo de maldad? No sabía por qué le había inspirado a Daphne tanto odio o cómo estaba había sacado la conclusión de que estaba interesada en Robert, pero estaba segura de que nada justificada algo así.

—¿Qué diablos has hecho? —Dijo alguien más como si de su ángel salvador se tratase.

Ada respiró aliviada al ver a Charlotte a menos de un metro de distancia. Si lo que la condesa chinche necesitaba era alguien superior a ella en la escala social para ponerla en su lugar, allí la tenía.

A la pelirroja le sorprendió la repentina aparición de la princesa y tardó un segundo en reaccionar para contestarle.

—Oh, Charlotte. Hola —compuso con un rotundo cambio de expresión—. Hemos tenido un pequeño accidente.

La castaña avanzó hacia ellos y recién entonces Ada pudo notar que no estaba sola, Walden la acompañaba.

—Sí, claro. Un accidente —comentó fulminándola con la mirada—. ¿Sabes? Siempre fui de la idea de que los accidentes solo le ocurren a gente estúpida porque, ¿cómo sino, podrías derramar todo el contenido de tu copa de la forma en la que lo hiciste? ¿Te tembló la mano?

Daphne abrió la boca para contestar, aunque no había mucho que pudiera decir sin quedar aún peor de como Char la había descripto. Al final tampoco no pudo decir nada porque la princesa dejó de mirarla a ella y se concentró en Ada.

—Vamos, tienes que cambiarte, no voy a dejar que uses esto de excusa para escaparte —le dijo riéndose y la tomó de un brazo para llevarla consigo. No llegaron a alejarse demasiado cuando Charlie, pareciendo recordar algo, se detuvo y volvió a girarse hacia la condesa—. Sabes Daphne, deberías tener cuidado. Cualquier otro idiota podría tener un accidente cerca de ti en algún momento.

Adelaine ahogó una risa y ni siquiera se atrevió a mirar a la otra mujer, pero Walden no fue tan disimulado y luego de su primera expresión de asombro, soltó una carcajada.

—Sabía que había una razón por la que éramos amigos —compuso mientras salían por una de las puertas del salón, que afortunadamente se encontraba muy cerca. Las mesas de aperitivos habían sido dispuestas delante de cada puerta para que quienes se ocupaban de abastecerla no tuvieran que moverse entre los invitados.

—Es una bruja envidiosa. ¿Qué fue lo que te dijo? —Le preguntó Charlotte sin aminorar su paso aun cuando ya estaban en el pasillo.

—Nada que importe, puras tonterías. Está bien Charlotte, te agradezco por rescatarme, pero puedo ir a cambiarme sola. Ve a la fiesta, has trabajado tanto que no deberías perderte ni un segundo de ella.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora