Robert Van Helmont es uno de los solteros más codiciados de Sourmun, pero el joven príncipe y heredero no muestra señales de interés por ninguna joven en particular. Todos saben por qué, desde que perdió a su novia y mejor amiga, Rob no ha vuelto a...
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Dejó de besarla y se alejó muy despacio. Si Ada había logrado olvidarse frente a quienes estaban por una milésima de segundo, en cuando sus labios se despegaron, volvió a recordarlo y se sintió más avergonzada de lo que había estado antes.
Sus mejillas se tiñeron de rojo en un instante, y sus pies estuvieron a punto de impulsarla para salir corriendo en busca de un lugar en el que esconderse por el resto de sus días.
Rob, más valiente y sorprendentemente alegre, miró a su familia sin ninguna muestra de vergüenza. —Eso es todo, ahora nos retiramos. Creo que he dejado muy claro lo que quería mostrar.
La tomó de la mano y la instó a caminar junto a él para marcharse, pero no llegaron a dar un solo paso antes de que la voz de Brianna los obligara a detenerse.
—¡Un momento, niños! Ninguno de los dos va a ninguna parte, llevo esperando esto por semanas. Si se vuelven a escapar voy a sentirme muy ofendida.
Robert volvió a girarse y miró a su madre arrugando la frente. —¿Qué quieres decir con eso?
—Sí —repitió Charlie—. ¿Qué quieres decir con eso?
Bri se acomodó cómodamente en su silla y los miró a los dos con una sonrisa victoriosa. —Quiero decir que una madre sabe todo lo que hacen sus hijos por más que estos quieran ocultarlo.
Alioth miró a Ada. —¿Lo ves, querida? Ella es la de los espías, no yo. Y por cierto, si lo sabías, Bri, podrías haberlo compartido conmigo para no quedar como un tonto diciéndole a Ada que Robert se preocupaba por ella como un hermano.
La reina entrecerró los ojos hacia su esposo. —No necesito espías para saber que mi hijo está enamorado, Alioth. Es el instinto de una madre. Y Arlet también lo sabía, ¿verdad? —Le preguntó a su suegra como si quisiera demostrar su punto.
La aludida asintió despacio. —Por supuesto. Pero últimamente era tan obvio que había que estar medio ciego como para no notarlo.
Ada arrugó la frente. Ella creía que había hecho un gran trabajo en ocultarlo y no tenía problemas en declarar culpable a Robert de todos los cargos.
—Supongo que tendré que hacerle una visita al oftalmólogo —comentó Alioth con fingida resignación pero nadie lo tuvo en cuenta.
—¿Podemos volver a lo que es importante, por favor? —Inquirió Charlotte alzando la voz y se dirigió específicamente a su hermano y a Ada—. ¿Desde cuándo tienen... esto? ¿Y qué significa, si son tan amables de explicarnos?
Rob alzó la barbilla. Charlotte tenía esa magnífica capacidad de sacarlo de sus casillas incluso cuando estaba rebosante de felicidad.
¡Cielo santo! La adoraba, pero era tan insoportable y demandante que no podía controlarse cuando empezaba a picarlo.
—Esto, como tú lo llamas con tanta delicadeza, quiere decir que Adelaine y yo estamos juntos.