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Adelaine no salió de su cuarto durante todo el día siguiente al penoso evento que había protagonizado

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Adelaine no salió de su cuarto durante todo el día siguiente al penoso evento que había protagonizado. Fue de mucha ayuda que el rey y la reina no se encontrasen en el palacio por ese y los dos días siguientes, por lo que se evitaría tener que responder preguntas que la avergonzaban, como por ejemplo, ¿por qué había dormido hasta bien entrada la tarde? Incluso Lucy se había preocupado y preguntado si estaba enferma como lo había estado su madre.

Ada se sintió peor que antes y se enojó consigo misma mucho más por permitir que la niña la viera en esas condiciones.

Robert le envió un mensaje interesándose por su estado ese día, pero Adelaine estaba demasiado avergonzada como para mantener una conversación él, de modo que solo le dio una corta respuesta diciéndole que estaba bien y apagó el teléfono para no ver lo que le respondía ni sentir la obligación —o el deseo— de seguir contestando.

Charlotte también se pasó más tarde, justo antes de la cena, para ver cómo se encontraba. Al parecer, la princesa no había sufrido ningún efecto como consecuencia de la noche anterior y había cumplido con su larga lista de compromisos de ese día. ¿Cómo lo hacía, era humana siquiera?

Recién un día después consiguió asomarse al exterior de su cuarto. Dado que era domingo pero los reyes no se encontraban en casa, nadie se había molestado en madrugar y sentarse a desayunar todos juntos, por lo que solo se encontró a Callum que estaba a punto de marcharse para comenzar con su guardia en el hospital.

Desayunó sola y se propuso aprovechar el tiempo hasta que sus hermanas se despertaran para estudiar. Luego tenía pensado pasar la tarde con las niñas, especialmente con Lucy que tan preocupada había quedado el día anterior. Tenía que calmar cualquier temor que pudiera surgirle y no permitir que le afectara.


Era cerca de media mañana cuando una de las jóvenes empleadas del palacio golpeó su puerta y le informó que tenía visitas esperándola abajo.

Ada, extrañada, bajó de inmediato en compañía de la joven que la llevó hasta ellos dado que todavía era incapaz de reconocer a las salas, salitas y salones del palacio por los extraños nombres que les colocaban.

Esta vez su destino fue la sala dorada, y la empleada se marchó luego de indicarle las puertas que tenía que atravesar, las cuales ya se encontraban abiertas de par en par. Pero fue solo hasta que ingresó que vio que había dos personas allí.

La primera que identificó fue Lexi, quien se puso de pie de un brinco y se acercó a ella con rapidez.

—¡Oh, Ada! ¿A qué te he sorprendido? —Saludó mientras la abrazaba y enseguida de ello, volvió a hablar pero en voz mucho más baja cerca de su oído—. Me temo que Walden está de viaje por unos días, así que he tenido que empezar por la opción dos.

Cuando se alejó, Adelaine no podía estar más confundida. La miró con el ceño fruncido, pero Alexandra soltó una risita y le dio una mirada pícara.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora