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Robert estaba sentado en la barra del bar favorito de Nolan, el cual habían elegido para festejar esa noche

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Robert estaba sentado en la barra del bar favorito de Nolan, el cual habían elegido para festejar esa noche. No era el lugar en el cual él elegiría pasar su noche, en cualquier otra ocasión se habría marchado luego de unos pocos minutos de hacer acto de presencia en apoyo a su hermano y sus amigos, pero esa vez no había podido hacerlo.

Ya había visto la forma en que Nolan miraba a Adelaine durante la cena y se había preocupado. Luego la había llevado allí con ellos y después de dos horas, Rob podía asegurar que su hermanito no había dejado su lugar junto a la muchacha ni por un segundo.

Estaban sentados en un sofá y él solo tenía ojos para la rubia. No era normal en Nolan dedicarle toda su atención a una sola mujer, en especial en ese tipo de salidas. Acababa de llegar a casa después de dos meses de ausencia, seguramente tenía un millón de historias para contar, historias que no comentaría delante de su madre y sus tías, pero sí las expondría frente a todos ellos y se jactaría de sus hazañas y conquistas.

Pero nada de eso había ocurrido. Los había ignorado por completo y Rob no podía evitar preocuparse. Era su trabajo de hermano mayor estar atento a las conductas erróneas de Nolan y tratar de corregirlo, o por lo menos, advertirlo.

—¿Por qué no te has ido aún? —Preguntó Bradley sentándose en un taburete junto al de él con una copa en la mano.

Rob giró la cabeza para mirarlo y alzó una ceja. —¿Me estás echando?

—Solo creo que es extraño verte aquí por tanto tiempo, más aún por lo aburrido que se ha puesto esto. Esperaba oír alguna historia de las de tu hermano que me divirtiera un rato —comentó mirando hacia el mismo lugar en el que Robert había tenido sus ojos durante toda la noche—. Nos ha abandonado por completo, creo que me marcharé antes que tú.

—Lo has notado entonces. ¿Has visto como la miró durante toda la cena? Y ahora no se ha despegado de ella. No han dejado de reír desde que llegaron, parece que a ella le hace gracia todo lo que Nolan dice.

Brad arrugó la frente. —Bueno, puede que todavía sea un niñito para nosotros, pero Nolan sabe cómo hacer reír a una chica. Trepadora o no, Robert, hay que darle al chico su mérito.

—Nolan puede ser todo lo seductor que quiera, pero sigue siendo tan ingenuo como nosotros a su edad. Observa cómo la mira, si ella tiene planes, ya sabe en quien clavar sus uñas.

Bradley bebió un gran trago de su vaso antes de suspirar cuando este quedó vacío. —Está bien vigilarla y dejarle claro que no jugará con nosotros, Robbie. Pero no es necesario ponerse paranoico.

El príncipe lo fulminó con la mirada. —No estoy paranoico —replicó de mal humor.

—Los has mirado casi sin parpadear por dos horas, Robert. Pareces un acosador, hasta yo me siento hostigado. Tienes que relajarte un poco, primo, o vas a volverte loco con todo esto.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora