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La mañana siguiente a la fiesta, Adelaine se despertó siendo sacudida por Lucy que gritaba su nombre y lloraba desconsolada

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La mañana siguiente a la fiesta, Adelaine se despertó siendo sacudida por Lucy que gritaba su nombre y lloraba desconsolada. Entre confundida y preocupada, Ada hizo lo que pudo por terminar de despertarse y sentarse en la cama.

—Lucy, ¿qué sucede? Cariño, cálmate un momento —pidió tomándola por los brazos. Pocas veces antes la había visto así de alterada y nunca desde que habían llegado al palacio donde la niña no era otra cosa menos que feliz.

—¡Pero, Ada! Papá y Bri se van. Se van y nos dejan, no quiero que nos dejen, no quiero que se vayan y nos dejen solas.

La joven arrugó la frente y tomó a su hermana para sentarla en su regazo. —Nadie nos va a dejar solas, Lucy. Bri y Alioth se van en un viaje por trabajo. Volverán en un par de días —le explicó.

Ella estaba al tanto del viaje desde hacía unos días. Tendría que habérselo contado a Lucy antes, pero con su terrible estado de ánimo, con las clases y los preparativos para la boda se le había pasado por completo.

—Pero la princesa también se va con su novio a vivir a otra casa y vi que estaban entrando maletas a la habitación del príncipe. Todos se van, Ada. ¿Ya no nos quieren?

Adelaine abrazó a su hermana con más fuerza y la besó en la mejilla. —¿Cómo puedes pensar que no te quieren, Lucy? Te adoran. Pero tienen que trabajar, Bri y Alioth son personas muy importantes que a veces viajan para hacer su trabajo. Y Charlie se ha casado por lo que ahora vivirá en otra casa con Max, pero podrás visitarlos cuando quieras y ellos vendrán aquí.

Todavía hipeando, la niña se abrazó a ella. —No me gusta que se vayan ni por trabajo ni por nada. Tú nunca vas a dejarme, ¿verdad? Eres mi hermana favorita y la de Mina también.

—Claro que nunca voy a dejarte —respondió sonriendo—. Tú y Mina son lo más importante en mi vida. Eso nunca va a cambiar.

—¿Y el príncipe por qué tiene maletas? ¿También se va? Ayer dijo que regresaría.

Ada sintió un nudo en el pecho al pensar en él. No tenía ni la más mínima idea de que se marcharía, ¿pero para qué otra cosa querría valijas?

—Tal vez están trayendo cosas a su habitación. Quizás no se va, sino que está regresando —musitó dubitativa.

Lucy movió la cabeza a ambos lados con mucho ímpetu. —No, Ada. Estaban vacías, seguro las van a llenar de cosas para que el príncipe se vaya de nuevo. ¿Por qué no le pides que se quede? ¿No es más tu novio? ¿Por qué ya nunca está con nosotras?

—Es complicado, cielo —suspiró—. Pero tú no tienes que preocuparte por eso.

—Eso quiere decir que ya no es tu novio y que no vas a pedirle que se quede —espetó Lucy, molesta—. ¿Por qué se pelearon? ¿Entonces es cierto que te golpeó?

Los ojos de la rubia se abrieron de par en par. —¡Claro que no! Robert no me golpeó, ¿de dónde has sacado esa idea?

La más pequeña, luciendo triste y decepcionada, se encogió de hombros. —Escuché a Nol decir que Robert te hizo daño y por eso él lo había golpeado. Ya no quiero al príncipe Ada, no me gusta que te haga daño.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora