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Rob iba de camino al primer piso en busca de Ada, cuando una voz familiar lo hizo detenerse

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Rob iba de camino al primer piso en busca de Ada, cuando una voz familiar lo hizo detenerse. Su dueña no estaba a la vista, pero él la reconoció de inmediato y no pudo ignorarla. Si lo hacía, tendría a uno de los empleados buscándolo por todo el palacio y a ella incordiando al primer miembro de su familia con el que se encontrara.

Soltó un suspiro y siguió el sonido de la voz para llegar hasta donde se encontraba.

Daphne estaba discutiendo con el ayudante de mayordomo, quien más que nada, la contemplaba con aburrimiento esperando que terminara con sus demandas.

—Daph —la interrumpió alzando la voz para hacerse oír por sobre ella—. Está bien, Mike. Yo me encargo.

El hombre asintió y no perdió tiempo en marcharse. Nadie soportaba a Daphne, ni siquiera la servidumbre, algo que en el pasado siempre lo había molestado, pero ahora que tenía la dulzura y el apoyo incondicional de Ada, que lo daba todo sin pedir nada a cambio, comprendía porqué les resultaba a todos tan repelente la personalidad de Daphne.

Y es que él, a pesar de aceptar que a veces ella podía ser manipuladora, algo cruel y snob, seguía con la firme idea de que Daph no tenía malas intenciones. ¿Acaso Charlotte no podía describirse de la misma forma? La única gran diferencia era que Daphne estaba inestable mentalmente debido al gran dolor con el que cargaba, pero no una mala persona.

—Ay Robert, al fin. Ese... hombre, insistía en que no estabas y quería hacer que me fuera. Le pedí ver a tu madre que seguro se alegraría de tener compañía un rato pero...

Él la interrumpió. —Acabo de llegar y mi madre está tomando una siesta —dijo con una pequeña sonrisa y se acercó a ella.

La pelirroja suspiró y colocó una mano en su hombro antes de besarlo en la mejilla. —Podría haberme dicho eso y no habría insistido. Me dijo que la reina no recibía visitas... ¡Visitas! Como si yo fuera una extraña... Hace años que somos amigos, soy casi parte de la familia.

—Por supuesto que lo eres, pero mi madre está de un humor especial estos días. El reposo no es lo suyo —musitó en tono de disculpa, y aunque eso era cierto, Brianna no tenía ningún tipo de problema en recibir a nadie. Pero como Daphne nunca le había agradado, lo mejor era utilizar esa excusa—. ¿Venías a buscarme a mí?

Ella le dedicó una sonrisa amplia. —Sí, vine para llevarte conmigo a tomar el té a ese nuevo local francés que abrió en el centro. ¿Has oído sobre él? Megan fue hace un par de días y dice que es divino. Sirven los mejores croissants de la tierra, sé cuánto te gustan así que decidí que no podía ir con otra persona que no fueras tú.

Ante el obvio atisbo de duda por parte de Rob, la condesa le dedicó una mirada dura.

—No quieres venir conmigo, ¿verdad? Te juro que he comprendido por completo que ahora estás saliendo con esa... niña, Robert. Pero solíamos ser amigos, hacer cosas juntos... Creí que esta amistad era tan importante para ti como lo es para mí —espetó y Robert vio que a pesar de la rigidez de su postura, de que intentaba disimularlo, estaba herida.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora