Robert Van Helmont es uno de los solteros más codiciados de Sourmun, pero el joven príncipe y heredero no muestra señales de interés por ninguna joven en particular. Todos saben por qué, desde que perdió a su novia y mejor amiga, Rob no ha vuelto a...
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Adelaine prácticamente no durmió esa noche, tenía tantas cosas en las que pensar que le resultó imposible conciliar el sueño hasta que empezó a salir el sol. Luego de eso debió de haberlo hecho por unos instantes porque lo siguiente que recordaba era tener a Alioth y Brianna llamándola para despedirse.
—No queríamos marcharnos sin saber cómo estabas —había dicho la reina.
—Estoy bien —mintió ella con una media sonrisa. Probablemente todos estaban al tanto de que había cenado con Robert, si él no se los había contado antes, Lucy los habría puesto al tanto la noche anterior—. O lo estaré...
—Por supuesto que lo estarás, cielo —murmuró el rey besándola en el cabello—. Todos van a estar bien, a veces lleva más tiempo del que nos gustaría, pero al final todo se resuelve.
—De una forma o de otra, ¿no? —Suspiró Ada y la reina le dio un abrazo.
—En este caso, todos tenemos la ilusión y la fe de que será para bien —compuso Brianna.
Esa mañana le tocó ir a clases sintiéndose pésimo, y como si esto fuera poco, los paparazzi eligieron ese día para volver al ataque. Adelaine se preguntó si no tenían suficiente material con las fotos de la boda para entretenerse por uno o dos años, pero al parecer, nada les era suficiente.
Por fortuna su equipo de seguridad actuó rápido y los mantuvo a todos a una distancia prudencial. Además, Ada ya estaba más preparada para enfrentarlos e incluso con lo mal que se sentía, logró formar una sonrisa en su rostro y saludarlos con amabilidad.
La clase de anatomía, para variar, no le brindó alivio alguno. Sus ayudantes se mostraron implacables y sus compañeros nada amistosos. En las clases en las que no tenía a Beth haciéndole compañía, extrañaba a Fox. Si bien había sido un traidor y un farsante, la había apoyado y animado cuando lo necesitaba.
Ahora nadie quería acercarse a ella a excepción de Beth y Alison quienes la conocían desde antes. Nadie tenía reparos en observarla con descaro, hablar a su espalda o incluso sacarle fotos y filmarla sin disimulo, pero ninguno de ellos intentaba entablar una conversación normal ni integrarla a su grupo de estudios, ni siquiera sus compañeros de mesa en anatomía que la veían como si fuera un bicho raro.
Con el pasar de las semanas en la universidad, lejos de ir acostumbrándose como había oído que ocurría, Ada se sentía cada vez más fuera de lugar. Se preguntaba cuánto tiempo podría resistir con algunos de los profesores y sus propios compañeros en contra. Estudiar no le costaba demasiado, pero sí requería un enorme esfuerzo mantenerse firme y fingir que estaba cómoda en ese ambiente donde todos la despreciaban.
¿Quién había dicho que ser parte de la familia Real era fácil? Cada día que pasaba se daba cuenta del enorme error en el que había estado al pensar que algunas de sus decisiones eran absurdas. La seguridad, por ejemplo. Ahora sabía que no era posible moverse en la calle sin ellos y hasta le daba terror perderlos de vista.