Robert Van Helmont es uno de los solteros más codiciados de Sourmun, pero el joven príncipe y heredero no muestra señales de interés por ninguna joven en particular. Todos saben por qué, desde que perdió a su novia y mejor amiga, Rob no ha vuelto a...
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Luego de un rato, Nolan se percató de que Robert parecía tener más penas que ahogar que él mismo, lo que le pareció muy interesante y decidió dejar de beber para mantenerse lúcido y averiguar de qué iba su problema.
Sabía que estaba mal, que lo correcto sería instarlo a dejar de tomar y volver al palacio, pero su curiosidad era más fuerte y no le veía el daño en dejar que Rob se soltara y relajara por una vez en su vida.
Pero luego de dos horas, comenzó a pensar que no estaba obteniendo resultados. Robert estaba cada vez más callado y tenía la mirada perdida y llena de melancolía. El alcohol no estaba funcionando en su hermano de la misma manera que lo hacía en él.
—Bueno, es tiempo de volver a casa —anunció poniéndose de pie. Rob no pareció oírlo, así que se acercó a él y le dio una palmada en la espalda—. Nos marchamos.
—Ve tú, yo me quedaré un rato más —musitó el mayor con un movimiento con la mano.
Nolan se plantó, negándose en rotundo a dejarlo allí solo. —Ni hablar, nos vamos ahora. Ya has bebido bastante.
Le hizo una seña a sus guardaespaldas, que se encontraban en una mesa cercana, y estos entendieron de inmediato lo que tenían que hacer. Ni siquiera preguntaron, tomaron a Robert por los brazos y lo ayudaron a ponerse de pie.
—Vamos, Alteza. Lo llevaremos al coche.
Ante ellos, Robert no se negó y se dejó conducir con calma y resignación. Nolan antes de marcharse pagó la cuenta y le dejó la propina prometida al joven que había cumplido al pie de la letra con el pedido de su hermano.
Cuando llegó al auto, creyó que quizás Rob se encontraría durmiendo, pero no fue así. Tenía los ojos cerrados y la cabeza descansando contra el respaldar del asiento, pero en cuanto se sentó a su lado y lo llamó, este abrió los ojos y lo miró.
—¿Te sientes mal, descompuesto o algo? —Preguntó preocupado.
—Ahora no —respondió Robert—. Seguro que mañana lo estaré, será un día horrible, ya lo sé. Pero no será peor que ayer ni que hoy.
El pelirrojo arrugó la frente y buscó en su mente algún significado para las palabras de su hermano. No era el aniversario de la muerte de Nina ni tampoco la fecha de su cumpleaños por lo que se quedó en blanco.
—¿Y que tuvieron de malo ayer y hoy?
—Fueron horribles —balbuceó Robert sin dar más detalles.
Nol se inclinó hacia él. —Sí, ya lo dijiste. Pero ¿por qué? ¿Qué te ocurrió? —Insistió.
El príncipe se quedó en silencio por un instante, y como si hubiese tenido un momento de lucidez, suspiró y dijo: —Las mujeres son un dolor de cabeza.
Alzando las cejas a causa de la sorpresa, pero molesto porque incluso bajo los efectos de litros de alcohol en su organismo su hermano no fuese capaz de sincerarse con él, Nolan continuó con su interrogatorio.