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—¿Te ha dicho algo ofensivo? —Preguntó Charlotte mientras Ada contemplaba a la pareja alejarse

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—¿Te ha dicho algo ofensivo? —Preguntó Charlotte mientras Ada contemplaba a la pareja alejarse.

—¿Robert? —Respondió—. Nada que no esperara, me habían advertido lo suficiente sobre él como para sorprenderme.

—Lo siento, le advertí que no te molestara, pero...

Ada puso una mano en el brazo de la princesa. —Está bien, la verdad es que prefiero saber lo que piensa sobre mí. Aunque me asustó un poco como reaccionó cuando le conteste. Parecía que quería matarme.

Char alzó las cejas. —¿Qué le has dicho?

Adelaine vaciló en responder porque la intimidó la expresión de Charlotte y la hizo dudar acerca de si lo que había hecho estaba mal. Después de todo, Robert era el Príncipe heredero y le debía cierto respeto. Char era su hermana y podía decirle lo que quisiera, pero ella...

—Le dije algo así como que no importaba lo que hubiera sufrido, no le daba derecho a ser grosero. Fui muy respetuosa con él, te lo juro. Pero no me gusta que me pisoteen, ¿sabes? He tenido que enfrentarme a muchas personas como él antes en mis trabajos y bueno... en la vida en general. Si les demuestras miedo solo lo empeoras.

Char alzó las manos en el aire y negó con la cabeza. —No tienes que justificarte, Adelaine. Lo que hiciste estuvo muy bien, me alegra que pienses así y sepas defenderte. Y tienes que ser dura con Rob, te ganarás su respeto, ya verás —le sonrió y posó sus ojos en la bebé que se encontraba en el cochecito como si recién se diera cuenta de su presencia.

—Oh, no la conocías ¿cierto? Esta es Mina.

La princesa movió una mano para tocarla, pero se detuvo unos centímetros antes. —Es tan pequeñita.

Ada sonrió. —Lo es, los primeros dos días tenía mucho miedo a cambiarla, parecía tan frágil. ¿Quieres sostenerla?

La expresión de la princesa cambió a una de sorpresa y dio un paso hacia atrás. —¿Yo? No podría, nunca he sujetado un bebé en mi vida.

—Siempre hay una primera vez para todo —compuso Ada sonriendo—. Además, es muy fácil.

—Tal vez en otra ocasión... cuando sea un poquito más grande y gordita ¡Mira sus manitos, son diminutas! —Exclamó negando con la cabeza—. Ahora acompáñame, mamá y papá te están esperando. Quieren hablar contigo. Había salido a buscarte antes de encontrarme con la condesa chinche.

Empezaron a caminar, Ada empujando el carrito y Char a su lado. —¿La condesa chinche?

—Daphne, esa amable y linda mujer que se acaba de ir con mi hermano —comentó la joven mirando hacia el frente.

—Eso lo supuse, ¿pero por qué le dices así?

—Porque es condesa. No por matrimonio, sino por derecho. Por algún decreto que hizo uno de mis antepasados las mujeres de su familia son quienes llevan el título y no los hombres, lo que me parecería perfecto, si las mujeres de su familia fueran otra clase de persona. Son horribles, todas y cada una de ellas.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora