Robert Van Helmont es uno de los solteros más codiciados de Sourmun, pero el joven príncipe y heredero no muestra señales de interés por ninguna joven en particular. Todos saben por qué, desde que perdió a su novia y mejor amiga, Rob no ha vuelto a...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Ada se deslizó lentamente hasta quedar sentada en el piso y Lexi se agachó con ella para abrazarla mientras buscaba a Robert entre sus contactos para llamarlo.
—Tranquila, Ada. No estás sola, yo estoy aquí —intentó calmarla—. Siento mucho haberte dejado sola. ¿Qué te hizo ese tipo? Ay por Dios, si solo me alejé un par de pasos de la puerta, ¿cómo pudo pasar esto?
Ada no dijo nada, temblaba y tenía el rostro escondido entre las manos.
Lex la abrazó con más fuerza y se colocó el celular cerca del oído cuando empezó a llamar. Su primo respondió en el segundo timbrazo. —¿Alexandra? ¿Dónde están?
—Ay Rob, tienes que venir de inmediato —pidió con la voz temblorosa—. Estamos en el baño VIP, ¿sabes dónde se encuentra? Algo ocurrió...
—¿Ada está contigo?
—Sí, estamos aquí las dos, pero...
Él no la dejó continuar. —Iré de inmediato, no se muevan de allí.
El príncipe no pudo tardar más de un minuto en llegar hasta donde se encontraban y por detrás de él también se acercaron John y Max. Robert se tiró de rodillas al piso al ver a Adelaine en ese estado.
—¿Ada? ¿Qué ocurre? ¿Qué pasó? —Inquirió tomándola entre sus brazos para acercarla a su cuerpo—. ¿Estás lastimada?
—La dejé que entrara sola al baño por un momento —empezó a parlotear Lex, muy nerviosa—. Darius me llamó y salí unos minutos al pasillo. Estaba a menos de dos metros de la puerta, Robert, te lo juro. Cuando volví a entrar estaba así... Y había un hombre... Ay Dios, ¿cómo pude ser tan estúpida? Las mujeres no tenemos que ir nunca solas al baño, ni siquiera cuando es un reservado.
Él se tensó y abrió los ojos como plato sintiendo que el corazón se le aceleraba. Una onda de furia lo recorrió de pies a cabeza. Tomó a Ada de los brazos para obligarla a mirarlo a la cara. —Cariño, mírame. Dime que te ha pasado. ¿Ese... hombre, te ha hecho daño?
—Ven conmigo, Alexandra —intervino John—. Descríbemelo cómo lo recuerdes, lo buscaremos si todavía está aquí. No hay demasiada gente, lo encontraremos si aún no se ha marchado.
—Podría reconocerlo, ayudaré a buscarlo —contestó sin titubear—. Le voy a dar una patada en su zona favorita cuando lo encuentre. Y luego le arrancaré los ojos con una cuchara.
Cuando se marcharon, Max se quedó con ellos pero mantuvo cierta distancia para darles privacidad.
Adelaine seguía sin contestar, lo miraba, pero no parecía que realmente lo estuviese viendo. Rob empezó a sentir pánico.
—Ada, ¿qué te hizo? —Insistió con voz suave—. Dímelo, por favor.
La rubia se cubrió la boca con una mano y se soltó de él para ponerse de pie. —Necesito ir al baño —susurró e intentó caminar sola, pero las piernas le fallaron y Rob alcanzó a sostenerla antes que cayera al piso.