Robert Van Helmont es uno de los solteros más codiciados de Sourmun, pero el joven príncipe y heredero no muestra señales de interés por ninguna joven en particular. Todos saben por qué, desde que perdió a su novia y mejor amiga, Rob no ha vuelto a...
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Geraldine entró al despacho de su hermano sin llamar a la puerta, y se paró frente a su escritorio con los brazos en jarra esperando obtener la atención de Rob.
Este habló sin siquiera alzar la cabeza. —No estoy de humor, Geraldine.
Dina soltó una risa seca y burlona. —¿Y cuándo lo estás? —Espetó y apoyó las manos en la superficie del escritorio haciendo a un lado una pila de carpetas, sabiendo que si se metía con su trabajo, lograría que la mirara.
—¿Qué quieres? —Inquirió exasperado—. Tengo mucho trabajo atrasado y quiero terminarlo antes de tener que prepararme para ir a la cena.
—¿Y por qué te has atrasado en el trabajo? Eso no es propio de ti —se mofó ella.
El príncipe no respondió. —¿Qué quieres, Geraldine?
—He regresado de trabajar con Carol y ella no ha dejado de hablar sobre ti y nuestra queridísima invitada indeseada. Aparentemente ahora son amigos y van juntos de compras.
Rob siguió contemplándola sin inmutarse, como si lo que Dina estaba diciendo no le interesara en lo más mínimo ni le resultara tan extraño como a ella. —Sigues sin decirme lo que viniste a buscar, Geraldine. De verdad estoy muy ocupado.
—Quiero que me des una explicación, Robert. Eso no es lo que habíamos acordado.
Rob alzó ambas cejas y dejó de fingir desconocimiento. —¿Disculpa? ¿Habíamos acordado algo? Como yo lo recuerdo, tú y Bradley idearon todo un plan de niños con el que nunca dije que estaba de acuerdo —replicó apretando los labios.
—Pero lo estabas siguiendo de todos modos. Estabas siendo el villano —insistió Dina sin dar el brazo a torcer.
Rob se rió. —Estaba siendo yo mismo, sin mentiras. Si eso me convierte en el villano de tu cuento, no es mi problema.
La rubia soltó un bufido y negó con la cabeza. —Como sea. ¿Qué estás haciendo ahora, entonces? ¿También estás siendo tú mismo, has cambiado de opinión? Creí que estábamos juntos en esto.
Robert suspiró y con el movimiento de una mano le pidió que se sentara. —Parece que Nolan le contó a mamá que estaba siendo desagradable con su invitada —compuso con una mueca—. Y mamá habló conmigo.
—Oh —articuló Dina y toda su expresión cambió. Si había alguien que comprendiera lo que él sentía sin que diera más explicaciones, esa era ella. Ver decepción o tristeza en la cara de su madre era algo inaceptable para cualquiera de los dos, mucho más si sabían que ellos mismos lo habían provocado.
—Tuve que prometerle que arreglaría las cosas con ella y actuar en consecuencia.
—¿Y eso que quiere decir? —Preguntó Dina arrugando la frente.
—Que tengo un plan. Me percaté de que es más fácil vigilar de cerca que de lejos. Si Adelaine cree que somos amigos, que confío en ella, quizás saque sus garras un poco antes. Con suerte intente clavármelas a mí y no a Nolan, que es lo que queremos evitar, ¿verdad?