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Ada se sintió temblar antes de subirse al avión que la llevaría a Londres, fue incapaz de relajarse en lo que duró el vuelo y sintió que las piernas podían fallarle en cualquier momento cuando tocó tierra en el aeropuerto privado en el que aterriz...

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Ada se sintió temblar antes de subirse al avión que la llevaría a Londres, fue incapaz de relajarse en lo que duró el vuelo y sintió que las piernas podían fallarle en cualquier momento cuando tocó tierra en el aeropuerto privado en el que aterrizaron a un par de kilómetros del centro de la ciudad.

Ahora, que ya había sobrevivido a su primer vuelo y a la primera vez en su vida que ponía un pie fuera de Sourmun, estaba nerviosa por la no tan simple razón que vería a Robert después de tantas semanas sin ni siquiera hablarse.

¿Se podía estar feliz y aterrada al mismo tiempo? Ella se sentía exactamente de esa forma, y nada, ni siquiera Nolan con su optimismo y su buen humor de siempre lograba animarla.

Dejó sus pertenencias en la habitación del hotel que habían reservado para ella y enseguida estuvo lista para ir en busca de Robert.

Creyó que Nolan la acompañaría pero cuando entró a su habitación, que se encontraba junto a la de ella, este la contempló con una sonrisa desde el centro de la cama y las manos detrás de la cabeza.

—Me sentiría un poco incómodo, la verdad —comentó el pelirrojo—. Pero te he hecho un favor y acabo de hablar con él para averiguar si está en su departamento. Si no mintió, lo encontrarás allí cuando llegues.

La rubia asintió lentamente y suspiró. —Oh, bueno... Está bien.

—Los de seguridad te acompañarán a tu coche, el chofer está esperando abajo. Aunque si prefieres caminar, el departamento está a unas cinco cuadras —agregó Nol.

—Vaya que lo tienes todo organizado —murmuró Ada y el más joven le dedicó una sonrisa amplia.

—Bueno, es mi función aquí hoy, ¿no? Evitar que te acobardes —dijo mientras se levantaba de la cama y caminaba hasta ella—. ¿A qué le temes, Ada? Todo estará bien.

La tomó por los hombros e hizo que se girara hacia la puerta.

—No sé si tengo miedo, pero estoy muy nerviosa. ¿No puedes venir conmigo aunque solo sea hasta la puerta del edificio?

—No —sentenció Nolan divertido—.Vete. Ahora.

Abrió la puerta para ella y la miró una última vez cuando Ada puso un pie fuera de la habitación.

—Supongo... que te veré en un par de horas —murmuró la joven, insegura.

Él alzó las cejas. —Ciertamente espero que no nos veamos hasta mañana... por lo menos. Ve tranquila, todo estará bien —repitió y Ada terminó por asentir.


Salió del hotel y miró el coche que la esperaba con un chofer al que nunca había visto antes. No recordaba la última vez que había caminado por la calle sintiéndose segura de que nadie la reconocería ni mucho menos la atacaría, por lo que decidió que prefería transitar a pie esas cinco cuadras que Nolan le había señalado.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora