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A Adelaine le alegró que Arlet y Jaques no tardasen en unirse a ellos para emprender su viaje

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A Adelaine le alegró que Arlet y Jaques no tardasen en unirse a ellos para emprender su viaje. Se subieron en un coche que nunca había visto antes, especialmente diseñado para ocasiones como esa. Tenía dos butacas anchas enfrentadas en la parte trasera, lo que les permitía viajar a los cuatro de manera cómoda, y además, las ventanillas eran mucho más grandes que las normales y no estaban polarizadas, cumpliendo el propósito de dejarlos a la vista de todos.

Apenas salieron del palacio, los asaltaron los flashes de un montón de cámaras. Los periodistas estaban contenidos detrás de una valla, pero no por eso eran menos avasalladores que lo usual. Parecían desesperados por retratar a quienes estaban dentro del vehículo, pero este no se detuvo en ningún momento y siguió avanzando escoltado por varias motos con personal de seguridad por delante y por detrás del mismo.

Más adelante, Ada pudo ver con asombro la enorme cantidad de personas reunidas en las orillas saludándolos con emoción y gritando cuando reconocían a quienes iban dentro.

Miró a sus acompañantes y vio que solo Robert levantaba la mano de vez en cuando para devolverles el saludo. Arlet y Jaques tenían una sonrisa tranquila pintada de sus rostros, mientras el duque posaba una mano sobre la de Arlet en un gesto tan natural como romántico.

—Puedes saludarlos —susurró Robert en su oído y le provocó un escalofrío al sentir su aliento sobre la piel—. No tengas miedo, solo sé tú misma.

Rob se inclinó sobre ella, pasando un brazo alrededor de sus hombros, y miró por su ventanilla sonriendo y saludando a sus espectadores.

Ada se tensó ante el familiar estremecimiento de placer que le causaba su roce, su calidez. Una reacción que le resultaba imposible de controlar y que estaba empezando a detestar. Con él tan cerca era imposible pensar con claridad en cualquier otra cosa.

—Sonríe —le dijo con los labios pegados a su oreja y pasando una mano por sus brazos que estaban casi desnudos con esa fina tela que los cubría—. Muéstrales esa sonrisa que hace que mi corazón lata más fuerte.

La rubia se giró hacia Robert y sus rostros quedaron a menos de un centímetro de distancia. Haciendo acopio de toda su fuerza, Ada logró no vacilar. —Vuelve a tu lugar, por favor. Me estás incomodando.

Robert la miró a los ojos y curvó los labios en una sonrisa triste. —Claro, disculpa.

Adelaine atisbó hacia la reina que estaba contemplándolos con diversión y le guiñó un ojo cuando sus miradas se encontraron, eso la animó y se atrevió a alzar una mano para saludar a los demás.

Les tomó un largo rato llegar a la catedral y cuando empezaron a verla de lejos, Ada se sintió más nerviosa aún.

El coche se detuvo, Adelaine fue incapaz de mirar hacia afuera mientras Jaques y Arlet se bajaban del coche. Estaba temblando y temía no poder mantenerse en pie cuando fuera su turno de salir.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora