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En su tercer día en el palacio, Caroline invitó a Ada a ir de compras tal y como había hecho con Lucy el día anterior

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En su tercer día en el palacio, Caroline invitó a Ada a ir de compras tal y como había hecho con Lucy el día anterior. Brianna no podría unírseles esta vez, porque tenía trabajo del que ocuparse, pero antes de marcharse la instó a que comprara todo lo que les hiciera falta, a ella y a las niñas.

Ada pensó primero en Mina, que ya tenía todas sus necesidades cubiertas, incluso una niñera mucho más experimentada y capaz que ella, pero sabía que en los primeros meses crecería muy rápido y no dejaría de necesitar ropa nueva y cada vez más grande.

Además, no tenía ni idea de qué necesitaba para sí misma. Charlotte la había llenado de ropa nueva, más de la que podría usar durante el invierno que había llegado. Y esa misma mañana el rey había enviado a su cuarto varias cajas con el contenido de su pequeño apartamento.

Al parecer, había enviado a alguien que se ocupara de saldar sus deudas con el casero y recoger todas sus cosas. No habían llevado el viejo y gastado sillón, ni la mesa o las sillas, pero sí el resto de sus pertenencias, algunas de ellas con gran valor sentimental, ninguna con valor monetario sustancial. Pero detalles como ese por parte de Alioth le hablaban de la clase de persona que era y de lo acertada que había estado al decidir quedarse allí.

Con dos guardaespaldas a unos metros de distancia, entraron a una tienda enorme que dejó a Ada con la boca abierta.

—De verdad que no sé que podría comprarme, Carol —le dijo por enésima vez—. Charlotte me ha dado tanto que ni siquiera sé si voy a terminar de estrenarla a toda.

La rubia puso los ojos en blanco. —Lo sé, pero Charlotte te ha dado ropa que fue elegida para que usara ella. Y aunque es muy bonita —comentó señalando lo que tenía puesto ese día—, no es nada práctica, ni cómoda, ni te serviría para ir a la universidad cuando comiencen las clases a menos que quieras resaltar como un cartel de neón en la oscuridad. Y seguro que tú no quieres eso, ¿verdad?

Adelaine arrugó la frente. —Bueno... no... —balbuceó—. Pero fue muy clara cuando dijo que mi ropa de siempre era una abominación para la vista.

Caroline soltó una carcajada. —¿De verdad te dijo eso? ¡Qué bruja! —Se secó las lágrimas que se le habían caído e hizo su mayor esfuerzo por ponerse sería—. Mira, Ada, lo cierto es que todas las mujeres de la familia de una forma u otra somos víctimas de la moda. Nos encanta vestirnos bonito, resaltar, marcar y crear tendencias. Pero tú no tienes porqué ser igual a nosotras, quieres estudiar medicina, algo que yo jamás me podría haber planteado. Solo con mirar a mi hermano estudiar tanto me da escalofríos.

Adelaine se rió ante la expresión de Carol al decir lo último. —¿Entonces, puedo usar jeans y zapatillas?

—Claro que puedes —asintió—. Los jeans son cómodos y prácticos para todos los días de la vida de una estudiante, supongo. Yo fui a una escuela de diseño, así que no sabría decirte. Las chicas allí se vestían como si todos los días fueran a una gala en el palacio.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora